“La opinión pública no siempre tiene razón”

Luis de la Barreda Solórzano nació en la Ciudad de México en 1950. Estudió derecho y posteriormente fue fundador y titular de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Actualmente ...
LUIS DE LA BARREDA
LUIS DE LA BARREDA (Rodolfo Angulo)

Ciudad de México

Cuando Luis de la Barreda conoció la historia de Edmundo Dantés descubrió los límites de la injusticia. A partir de entonces despertó una vocación social que lo llevó a ser un activista de los derechos humanos. Su libro más reciente es ¿Culpable? Florence Cassez, el juicio del siglo.

 

¿La vocación por la defensa de los derechos humanos se trae en la sangre?

Como con otras aficiones, el origen es enigmático. En la adolescencia leí El Conde de Montecristo y la prisión de Edmundo Dantés me removió algo muy íntimo. A la hora de elegir carrera estaba entre medicina y derecho; no me quedé con la primera por hipocondríaco y mi temor a la sangre. A partir de la materia penal me enfoqué a los derechos humanos.

 

¿Su hipocondría se mantiene?

No. En 1986 sufrí una crisis diabética que me puso al borde de la muerte. Imagínate llegue a los mil puntos de glucosa. Milagrosamente fui salvado por el doctor Leopoldo Espinoza Zaid. A partir de entonces mi gusto por la vida aumentó, siento que vivo horas extra y me olvidé de la hipocondría.

 

Pero tiene una buena calidad de vida…

Sí, porque me adscribo a un consejo de Fernando Savater: la templanza es la virtud de disfrutar de los placeres con impunidad. Es decir, no me excedo. Lo malo de los placeres es que si te excedes tienes que renunciar a ellos.

 

¿Cuáles son los placeres?

Escuchar música, caminar, leer, tomar vino, una buena charla, entrar al mar, convivir con la gente que quiero. Me fascina el crepúsculo. Soy un hombre que se siente privilegiado de estar vivo.

 

¿Qué le dejó haber sido ombudsman?

Fue la experiencia más fascinante y asombrosa de mi vida. A pesar del escepticismo de muchos conseguimos que nos hicieran caso. El noventa por ciento de nuestras recomendaciones fueron atendidas. Gracias a la comisión se instauró el primer albergue de mujeres maltratadas en el DF.

 

¿Le gusta cómo está la Comisión ahora?

Es difícil hablar porque fui parte de la misma. Luis González Placencia hizo buena labor, la Comisión sigue jugando un papel importante pero debe poner atención en ciertos temas. Si en una manifestación un grupo de vándalos agrede a los policías de pronto parece que le preocupan los derechos de los manifestantes pero no de los oficiales. Se debe proteger por igual a ambas partes.

 

¿Cuál es el saldo del caso de Florence Cassez?

Demostró un sistema de justicia penal deplorable. El Ministerio Público es de una ineficacia lastimosa. Los jueces y magistrados o no revisan bien el expediente o se dejan presionar por funcionarios. Demuestra también que la opinión pública no siempre tiene razón.

 

¿Cuál fue la última vez que le violaron sus derechos humanos?

No hace mucho presenté una denuncia en la Procuraduría por un delito del que fui víctima. Me reconoció la fiscal, fue amable y me invitó un café; pero mi averiguación previa sufrió la misma suerte que la mayoría: no pasó nada.

 

¿Hay vacuna contra el idealismo?

Sí, la claudicación interior. Quien por los frentazos o la falta de firmeza renuncia a los ideales, sufre una de las peores derrotas.

 

Sé que le gusta el futbol, ¿cómo ve a los Pumas?

Han sido víctima de un maleficio. No se puede ser el equipo de la UNAM y perder tanto. No es una cosa de los jugadores y el entrenador. Necesitan ir a Catemaco y buscar al mejor brujo para que les haga una limpia.