Operación Cervantes

A casi cuatro siglos de la muerte del autor de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se despierta en España el interés por identificar y recuperar los restos del escritor.
Cervantes
Cervantes (EFE)

Madrid

Objetivos: encontrar los restos de un varón de 69 años muerto hace casi cuatro siglos, con lesión incapacitante en el brazo izquierdo producida durante la batalla naval de Lepanto, y unas marcas en el pecho como secuela de las heridas producidas por un arma de fuego. Imposible realizar un análisis de ADN porque los hijos de este hombre no dejaron descendencia. Inspeccionar los sepulcros que están bajo la Iglesia de Las Trinitarias Descalzas, en pleno centro de Madrid, sin levantar ni una baldosa, pues se trata de un edificio histórico catalogado como Bien de Interés General. Utilizar potentes antenas para la detección subterránea y termografía infrarroja como únicos recursos durante la exploración.

Cuando la mañana del pasado 28 de abril los integrantes del equipo técnico llegaron a la esquina de las calles Huertas y Lope de Vega, en el madrileño Barrio de Las letras, vieron de arriba a abajo la vetusta fachada del recinto religioso y se dispusieron a comenzar su trabajo con una mezcla de responsabilidad y orgullo en los ojos. Su misión era encontrar los huesos del escritor más importante y famoso que ha dado España. Así que, durante tres días, pasearon con delicadeza su tecnología de georradar a lo largo y ancho de 300 barrocos metros cuadrados, plagados de santos y vírgenes, con el visto bueno de las monjas que la utilizan a diario.

Siempre se ha sabido el paradero de los restos mortuorios del autor de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Él vivía muy cerca de este lugar, se sentía muy vinculado a la orden religiosa trinitaria porque con su ayuda pudo liberarse del cautiverio que sufrió en Argel (previo pago de 500 ducados), y por eso pidió ser enterrado aquí, donde, generación tras generación, las hermanas que viven junto a esta Iglesia incluyen al escritor en sus plegarias. Pero, a diferencia de Inglaterra, donde la tumba de William Shakespeare es todo un destino turístico, España no había mostrado interés oficial por ofrecerle al mundo, con bombo y platillo, el sepulcro de su gran autor. Hasta que alguien se empeñó en ello.

Fernando de Prado es un historiador que, cuando vio en la televisión un reportaje sobre una exploración en Egipto donde se podía ver el subsuelo gracias a un aparato (sin realizar excavaciones), se le ocurrió que algo así podría hacerse en España para localizar los restos de algunos de los célebres personajes de su historia. Se trataba, desde su punto de vista, de algo barato y con altas posibilidades de dar buenos resultados. Recordó entonces que Miguel de Cervantes estaba enterrado junto a otras personas (entre quienes se encuentra su esposa) y no tenía una tumba para él solo que pudiera convertirse en un fuerte atractivo turístico. Armó el proyecto de búsqueda con ayuda del geofísico Luis Avial y del antropólogo forense Francisco Javier Etxeberrría. Después se lo contó a Pedro del Corral, concejal de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid, quien luego de unos meses de pensarlo y consultarlo con sus superiores, aprobó la exploración.

Los documentos del archivo histórico de Las Trinatarias Descalzas indican que, aunque podrían haberse reubicado durante las ampliaciones del convento, los restos de Cervantes no han salido de ahí. En 1870, La Real Academia Española de la Lengua hizo público un informe en donde se especificaba que no era costumbre sacar los restos de los enterramientos. Por eso las expectativas del triunfo expedicionario eran demasiado altas.

Al cabo de tres días de trabajo, el quipo de investigadores se dedicó a analizar y comparar en un laboratorio los datos recogidos hasta convertirlos en una malla tridimensional, una especie de mapa en tercera dimensión que delimitó con claridad el subsuelo y las cuatro zonas donde se supone que existen huesos humanos. El lunes 9 de junio se anunció que la segunda fase de este proyecto consistirá en la extracción de los restos a cargo del forense Francisco Etxeberría. Esa intervención necesitará del permiso tanto de las religiosas que mantienen su clausura en el convento como del Arzobispado y la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, debido a la protección que rodea al inmueble.

Se espera, ahora sí, realizar excavaciones selectivas en aquellos puntos en que el georradar haya localizado huesos. Para la identificación de los célebres restos, las heridas sufridas por el escritor son la clave. La exhaustividad del análisis subterráneo permitirá, además, obtener un aluvión de datos morfológicos, geológicos, arqueológicos y forenses sobre el contorno histórico en el que se desarrolló la muerte y sepultura del novelista. En otoño se darán a conocer las conclusiones de esta fase. Mientras tanto, la Operación Cervantes continúa.