“En ópera el reto es hacer vivir el idioma”, dice Ibarra

El español es una lengua que pocas veces se ha usado en este género, dice el compositor, que presentará ‘El pequeño príncipe’ y ‘Antonieta’.
Nuestra lengua tiene muchos acentos, dice.
Nuestra lengua tiene muchos acentos, dice. (Octavio Hoyos)

México

El 14 de febrero el compositor Federico Ibarra celebrará, adelantado, su 70 aniversario. Lo hará con el reestreno, en el Palacio de Bellas Artes, de dos de sus óperas: El pequeño príncipe y Antonieta, la primera basada en El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, y la segunda en la vida de Antonieta Rivas Mercado.

Ibarra, satisfecho por este reconocimiento, dice entre risas: “Hace mucho que Bellas Artes no me abría la puerta, desde 2001, cuando se presentó Alicia. Me da gusto, por un lado, porque la me vuelven a abrir y, por el otro, porque me da la oportunidad de presentar dos óperas que no tienen nada que ver una con la otra, salvo que fueron compuestas por la misma persona”.

El pequeño príncipe fue un encargo de la Universidad de California en Los Ángeles como parte de un homenaje a Saint-Exupéry. Antonieta fue comisionada como parte del programa de conmemoración del Bicentenario y el Centenario de la Independencia y la Revolución en 2010.

¿Elegir la ópera como materia de composición tiene que ver con su pasión por la literatura?

Sí; si no me hiciera falta el texto no haría óperas. El texto me parece muy importante no nada más como vehículo para transmitir ideas sino como un reto para ver cómo se entiende cuando se escucha. El español es una lengua pocas veces utilizada en ópera. ¿Cómo se tiene que trasladar el español para que se entienda? Tenemos la zarzuela, pero con toda su connotación popular empieza a ser mucho más sencillo poder captar el español. Y, aunque estén escritas en español, yo no les entiendo a muchas zarzuelas.

¿Cuál es el reto?

En la ópera el reto es hacer vivir el idioma. El español es una lengua que tiene muchos acentos; lenguas como el italiano no los tienen, o lo tienen más suave, o el francés, cuyo acento se va difuminando. Como el español es muy acentuado obliga a imaginar la música de otra manera.

¿La ópera mexicana contemporánea se encuentra marginada?

Sí. Esto es curioso: el hablar de la ópera en el sentido de popularidad. Creo que las obras italianas del siglo XIX son las que se siguen representando y se seguirá haciendo. ¿Por qué el público prefiere escuchar siempre las mismas obras? Tal vez por sus cualidades, la inventiva en sus temas y que la gente puede recordarlos inmediatamente, pero al fin y al cabo en su momento fueron obras que correspondían a una realidad, pero no a la de ahora. Por qué la gente se ha apartado de ese conocimiento de la realidad, cuando en literatura no está uno leyendo el mismo libro todo el tiempo ni viendo la misma película una y otra vez. Hay que nutrirse de cosas que suceden en este momento, pero eso no sucede en la ópera.

¿Por qué existe esa reticencia a lo contemporáneo?

Quizá porque en esta época resulta muy caro hacer ópera, pues intervienen demasiadas gentes y a los empresarios modernos no les interesa escarbar para ver qué van a estrenar. Para tener ganancias, cuando menos unas pocas, hay que hacer lo que a la gente le gusta.

¿Qué le diría a un joven compositor de ópera para alentarlo?

 Ah, para alentarlo —dice entre carcajadas—; eso es muy complicado. Bueno… que si ve que esa es su manera de expresarse, que la haga. Aparte de estas dos óperas que fueron hechas por encargo, todas las demás no han sido así sino porque yo he querido hacerlas y quería mostrar mi visión de lo que yo creo que debe ser una ópera.


El pequeño príncipe y Antonieta se presentarán en el Palacio de Bellas Artes los días 14, 18 y 21 de febrero, a las 17:00, 20:00 y 17:00, respectivamente.