El adolescente sobrevive

El poeta y ensayista Armando González Torres se pregunta sobre Octavio Paz: "¿Cómo logró este artista cachorro conservar la motivación y ambi­ción intelectual a lo largo de toda su vida?".
Alí Chumacero, Alfonso Reyes, Juan Soriano, Octavio Paz y José Alvarado. 1955
Alí Chumacero, Alfonso Reyes, Juan Soriano, Octavio Paz y José Alvarado. 1955 (Tomada del libro: ‘Escritores en la Diplomacia mexicana’, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1998.)

México

El adolescente Octavio Paz deseaba comerse el mundo, su curiosidad desbordante y su temperamento im­petuoso lo impulsaban a enterarse y a intervenir en todo. Era poeta, lector voraz, filósofo de barandal, disidente de tiempo completo, enamorado ingobernable. Pese a la aparente dispersión de sus intereses, disponía de un gran poder de síntesis y aspiraba a conectar saberes y conciliar contrarios. ¿Cómo logró este artista cachorro conservar la motivación y ambi­ción intelectual a lo largo de toda su vida? ¿Cómo consiguió eludir a los enemigos de la promesa en un tiempo propicio a las claudicaciones? Cierto, muchos jóvenes de genio se despeñan, los talentos más brillantes se burocratizan, a los ideales les crece panza y encanecen prematuramente. La supervivencia del adolescente Octavio Paz es un prodigio intelectual que merece celebrarse y debe tanto a la voluntad del propio Paz, como a esos factores azarosos que fungen como aliados o enemigos de la promesa. Así, Paz evade varias acechanzas de la conformidad ideológica, la fama o el dinero. Muchas circunstancias que parecieran desventajosas se vuelven ventajas: la hostilidad afina el instinto crítico y polémico, los años de ostracismo permiten desarrollar los libros, la lejanía permite observar y apreciar a México con un mejor enfoque. Por ejemplo, en 1937 su viaje a España es un episodio climático en su militancia, pero también es un momento de azoro y decepción ante la intolerancia ideológica, que lo vacuna contra la ortodoxia estalinista que tantos estragos intelectuales causó entre sus contemporáneos. Otro ejemplo, en 1943, su salida de México al largo destierro, aun en condiciones precarias de brasero intelectual, lo salva del periodismo o de la burocracia local y le brinda nuevos horizontes y formas de respiración. Luego, su labor de muchos años como diplomático de bajo rango, atado a una oficina y un horario a ratos extenuante le otorga, sin embargo, disciplina y sentido de realidad. Sus asignaciones a destinos que en ese tiempo se consideran poco favorecidos (Japón, la India) alimentan su natural cosmopolitismo y apertura. Inclusive, el tardío reconocimiento (los primeros premios significativos vienen cuando él rebasa los cincuenta años y ya ha trazado las líneas generales de su edificio intelectual) le permite la madura­ción cabal de una obra que, evidentemente, no responde a incentivos de ocasión.

Tras el 68, siguen las decisiones y circunstan­cias que preservan al escritor: el hecho de que, tras su sonora renuncia al gobierno, Paz haya declinado participar en un partido político o que no le hayan ofrecido una cátedra univer­sitaria lo salva de introducirse en un ambiente tóxico y de enfrentar conflictos de interés entre su temperamento crítico y su adscripción pro­fesional. El golpe a Excélsior en 1976 apresura y hace imperativo el ideal de la independencia editorial que Paz abrigaba desde joven. En fin, las elecciones personales y las circunstancias se compaginan y Paz, contra todos los obstáculos, despliega su temprana vocación intelectual: su poesía recorre todos los abanicos formales y te­máticos; su pensamiento, basado en intuiciones audaces y profundas, abre brecha en distintas disciplinas; su presencia polémica se extiende en México y el mundo. Paz, el consagrado, pre­serva al joven, a sus más de ochenta años sigue inmerso en la controversia, publica un libro sobre erotismo y su escritura combina novedad y tradición, aventura y orden, experimento y confidencia, sabiduría y ardor.

*Armando González Torres (Ciudad de México, 1964), poeta y ensayista. Su antología Las ideas políticas de Octavio Paz fue publicada por el Senado de la República y Conaculta.