El diplomático y el poeta

En su análisis de Levi–Strauss, Octavio Paz afirmaba que la aportación más importante del antropólogo a la mediación intercultural, era que él había invertido la relación entre el hombre y la ...
En Central Park, Nueva York, septiembre de 1945. Fotografía de Lola Álvarez Bravo.
En Central Park, Nueva York, septiembre de 1945. Fotografía de Lola Álvarez Bravo. (Tomada de ‘Octavio Paz, entre la imagen y el nombre’, de Rafael Vargas. (Conaculta, 2010))

Ciudad de México

Se ha comparado a los diplomáticos con lingüistas, poetas, actores y oradores. Aunque los escritos de Paz generaron un debate acrimonioso en India y México, él intentaba ofrecer una crítica que trascendiera la política partidista.

La marginalidad del poeta de los centros del poder le daba una perspectiva más amplia y sus ideas eran espontáneas, distintas a las de los estudios especializados de los científicos sociales y libres de constreñimientos ideológicos. Elabora este pensamiento en El arco y la lira, donde explica la manera en que la poesía recurre al tiempo cíclico, y no ignora a la historia ni a la política pero las trasciende. Escrita dentro del tiempo histórico, trasciende la historia porque se conecta con un tiempo mítico y el poeta descubre las correspondencias y los tiempos irregulares de la historia. La metodología que Paz seguía en Vislumbres de la India tenía sus antecedentes en su introducción a la obra de Levi–Strauss: Claude Levi–Strauss o el nuevo festín de Esopo, publicado durante su estancia en la India en 1967.

En su análisis de Levi–Strauss, Paz afirmaba que la aportación más importante del antropólogo a la mediación intercultural, era que él había invertido la relación entre el hombre y la naturaleza que, desde los tiempos de Descartes, tenía al hombre en el centro. Con este tipo de razonamiento, el progreso material era el único medidor y barómetro, y las sociedades y los individuos que seguían este camino fueron considerados superiores. Levi –Strauss, por otra parte, dijo que la naturaleza sostenía una comunicación consigo misma y que el hombre era solo una ilusión. La figura momentánea de una operación provenía de la naturaleza y regresaba a ella y era irrelevante. Paz concluyó que en la negación del sujeto, Levi–Strauss había llegado a conclusiones idénticas a las que llegó Budha pero por caminos radicalmente distintos: recorriendo toda la filosofía occidental.

Paz acogió plenamente las teorías de Levi–Strauss. Las analogías entre las así llamadas civilizaciones racionalistas y las no occidentales salpican sus obras. Son los lazos secretos, según él, que conectan eventos. Se refieren al tiempo cíclico que se opone al tiempo lineal y la idea de la razón universal.

En la India, Paz explicó que el sistema de castas le parecía como el vientre de la madre que lo protegía a uno de las influencias externas y del cambio.

En el fenómeno de las castas, Paz observaba un reflejo del mito de Edipo en el que se abortaba la necesidad de buscar la diversidad. India controlaba su diversidad mediante un sistema ingenioso que nacía del suelo, un sistema basado en la pureza y las costumbres alimentarias. En Hindi, la palabra “casta” signficaba jati o species, seres originarios del mundo de la naturaleza. En contraste con los Estados Unidos y su melting pot de las razas, en la India existía la integración de cada particularidad en un sistema más amplio aunque una de las consecuencias desafortunadas era la superioridad de uno sobre el otro. Paz reiteraba que en las sociedades occidentales, donde existía la uniformidad, tampoco se había logrado la igualdad. Lejos de ser un defensor de un orden injusto, reiteraba que no se podía condenar un sistema desde un punto de vista hipócrita.

A veces se ha calificado a Paz como un occidental más, entre muchos, que se interesaba en el Oriente pero sus categorías de análisis se distancian, precisamente, de los llamados Orientalistas, el blanco de la crítica de Said. Su interés no es únicamente la India antigua sino la India contemporánea. No veía dicotomías entre el Occidente y el Oriente y tampoco veía al Oriente como algo homogéneo. Su interés por otras culturas asiáticas, como la japonesa, es muy conocido.

Dentro de la India, él subraya las diferencias entre los templos de los hindús, las mezquitas islámicas y los santuarios budistas. Nunca se entrometió en la política de otros. Lo han criticado por sus referencias al nacionalismo hindú pero su análisis se basa en la incompatibilidad del nacionalismo, un fenómeno moderno con el hinduismo que se basa en el sistema de castas y en las jerarquías. La India le atraía porque se dio cuenta, al primer contacto, de su singularidad; por qué se sentía tan extraño y diferente: los mexicanos también se sentían así. El hecho de ser mexicano le ayudó a ver las diferencias indias.


*Minni Sawhney es profesora de Estudios Hispánicos en la Universidad de Delhi.