CRÓNICA | POR ROBERTO CARSON

Un año de Última, punk rock en manos equivocadas

Invocará a lo mejor de Torreón con Días Difíciles y Mantarrayas

Secuela de un baile que nunca debimos terminar, en dos noches el resumen de años de punk entre amigos.

Noche de punk rock en el Santiguo.
Noche de punk rock en el Santiguo. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila


I

Era una tarde calurosa, más o menos hace un año, era julio del 2016, fue bautizado como Ocean Fest, llegamos desde temprano a Santiguo para colgar adornos y parafernalia marina, yo no hice nada, en cambio tomé algunas fotos.

Costó 40 pesos. Escenario arriba y abajo. Delfines 3D hizo debut y despedida, nunca más los volví a ver. Además, tenía unas cervezas encima.

En retrospectiva, era la sede para los integrantes de una escena punk con trayectoria mayor a diez años, sin fecha de caducidad. Sobrevivientes de un techo que se nos vino encima.

Otras generaciones han abanderado el movimiento, otras lo han acompañado, pero pocas lo han mantenido hasta apropiarlo. Los abandonados adoptan el cambio con tristeza, sin embargo, los sobrevivientes en algún momento arroparon la esperanza, prendieron con fuego la ciudad.

Recuerdo el Torrock, un movimiento predecesor, gritos con energía invocando el mosh pit: saltar arriba, detrás y por un lado de otros, golpes sueltos y patadas, rocanrol. Por años no hubo nada más.

Es 2017, ahora existe un movimiento nacional que lanza a altamar lo mejor de cada ciudad por lo que los demás puertos deben estar listos, preparar el sonido y abarrotar los bares, lo que sea, hay ruido y escena para rato.

II

De vuelta en Santiguo, el Ocean Fest fue la prueba de fuego, el recordatorio de que Última, el colectivo de la vaquita marina, estaría presente por más tiempo, acaparando escenarios locales con propuestas enérgicas, distintas y foráneas.

Meses después, en agosto del 2016 apareció LNG/SHT, comimos quesadillas antes del show, ordenamos espressos y hablamos de cocaína. El artista independiente más adicto al DIY Hazlo Tú Mismo, tuvo una intensa noche lagunera.

De nuevo, Última manejando el barco, el lugar era un restaurante de hamburguesas, también hacía mucho calor. Terminamos compartiendo caguamas en el recinto de cine underground más precioso y por ello, asesinado por una voraz Ley de Alcoholes. John Cassavetes muere en proyección. Cine Santa Rosa RIP.

Ahora es una noche de diciembre, también calurosa, pedí otra cerveza, Última reunió en el bar Perro Negro a Oddy, fue una celebración por la década de su primer disco, brotaron los ajetreos y las altas temperaturas. Aquella vez la energía arreciaba, se inyectaba por los ojos y se desprendía mediante saltos atípicos. El sudor voló como brizna en septiembre.

Otras bandas han llegado gracias a Última y el deseo de un colectivo que no piensa en la nostalgia sino en el interés de afrontar un futuro incierto, alejarse del tiempo cuando el único show sucedía en televisiones de habitaciones insípidas. Volar de nuevo al navegar hacia el recuerdo de toparse con tocadas caseras, semi caseras, en bodegas abandonadas y bares sin fortuna.

Después del headliner el sonido no cesa ni se pierde, se transforma adherido a otros amplificadores, que noches o años después, volverá para resonar eternamente.

La intención es reescribir la historia, mejorar lo antes logrado, colocar al colectivo Última en los vaivenes de las palabras las anécdotas, lo mejor de la noche, el set inolvidable, la banda más agresiva, el vómito como rastro anecdótico en los tenis.

III

Voy más atrás. Era 2011 o 2012, un festival en Monterrey dentro de un bar irlandés, llovió de repente. Esa mañana abrí los ojos con una caguama Miller. La banda Fonte, hecha de pedazos de todos lados del norte, subió al escenario. Yo sólo apilo botellas y Fonte calienta cuerdas antes de entonar lo más emocional, lo que arde cada vez que se conectan, están sobre un escenario a casi dos, varios metros.

Siento los pies brincar antes de tiempo, cierta energía embriagadora en cualquier sentido me hace desquitar la electricidad resultante. En 'Rudo y Cursi' salté del escenario hacia el piso.

Aterricé de cabeza. Ahora le dicen 'stagediving' pero para mí es un acto de amor sin nombre. Escuché gritos y el eventual silencio, tal vez esté muerto, aunque tengo por seguro que viviré por siempre. Fonte arreció y suena y suena en sonido infinito.

Ahora voy hacia el futuro, es el 11 y 12 de agosto 2017, sigue la muerte en Venezuela y la desesperanza acompaña el resto de los días. Sin embargo el Ocean Fest viene de nuevo, secuela de un baile que nunca debimos terminar, en dos noches el resumen de años de punk entre amigos.

El escenario en Perro Negro es mínimo, al ras de los asistentes, como debe ser cuando aún sobran, hay intenciones de vivir.
Para la santa clausura el 11 y 12 de agosto, Última invocará a lo mejor de Torreón con Días Difíciles y Mantarrayas y empareja la marquesina con dos visitantes de Monterrey, Spirit Charge y Fonte. Los aguerridos.

Entonces es momento, deja para después lo que vayas a hacer, dile a tus padres que tal vez no volverás, es tiempo de arrebatar el esplendoroso presente, apreciar el hermoso ruido antes de que una ráfaga mortal nos arrebate la causa. Llega la noche. Última invita.