37 MNT

Con obras probadas incluso en escenarios internacionales, la MNT de 2016, trae al público potosino y al gremio teatral nacional Lo que queda de nosotros de Sara Pinet y Alejandro Ricaño, Una luna ...
El Divino Narciso, de Sor Juana Inés de la Cruz, a manos de Raquel Araujo Madera.
El Divino Narciso, de Sor Juana Inés de la Cruz, a manos de Raquel Araujo Madera. (Especial)

México

Este cronista ha llegado tarde a la 37 Muestra Nacional de Teatro (MNT) que se desarrolla este año en San Luis Potosí, la fiesta más importante en la materia en nuestro país. Cita anual para el encuentro y desencuentro de la gente que profesa sobre la escena. Sitio de intercambio de fluidos con alto contenido celular y donde se le toma el pulso a la República teatral. Desde hace algunos años, a iniciativa de Juan Meliá, Coordinador Nacional de Teatro, se han girado invitaciones (a manera de becas) a jóvenes creadores de los estados para que asistan como observadores y aprovechen talleres, seminarios y conferencias, por un lado; y por otro lado, a programadores de festivales internacionales. La primera medida ha generado un espléndido sentido de comunidad entre las regiones del país. La segunda ha redundado en visibilizar nuestro quehacer en escenarios de Reino Unido, España, Colombia, Argentina, Chile, Cuba, Perú, Uruguay y algunos más.

Con obras probadas incluso en escenarios internacionales, la MNT de 2016, trae al público potosino y al gremio teatral nacional Lo que queda de nosotros de Sara Pinet y Alejandro Ricaño, Una luna para los malnacidos de O´Neill bajo dirección de Mario Espinosa, La belleza de David Olguín, Cachorro de León de la mismísima Conchi León o, entre otras, Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido de Damián Cervantes, que han recorrido la legua probando su eficacia. Otros trabajos con mayores o menores alcances vienen a esta fiesta a medirse con el gremio feroz y con el público real. De lo escasamente visto desde mi tardía llegada, El Divino Narciso de Sor Juana Inés de la Cruz a manos de la poeta de la escena Raquel Araujo Madera, arranca de mí todas las ovaciones.

La osadía de Raquel de emprenderla con Sor Juana es una de las más suicidas que he visto en el teatro en muchos años. Conquistar y domar el verso de la dramaturga y que nos comamos dos horas de barroco sin anestesia, saliendo seducidos y reconciliados con una tradición es fazaña y portento. No contenta la poeta de la escena con presentar el Auto de la dramaturga-poeta, nos incluye también la Loa, en malabares amorosos entrelazados con lengua maya pues en el mayab hunde sus raíces este montaje. Comprendida está la Sor Juana que burlaba inquisidores para que el sincretismo racial y religioso fuese armónico y sin violencia. Nunca mejor aprehendido y encarnado este El Divino Narciso que en la cultura maya que, en alguna medida, aún hoy se rehúsa en ser avasallada. Texto barroco en un barroco escénico contemporáneo. ¡Fazaña de fazañas!