El último Rembrandt, en la National Gallery de Londres

La obra tardía del artista holandés se expondrá desde mañana y hasta el 18 de enero en ese recinto antes de viajar al Rijksmuseum de Ámsterdam.
Un visitante observa la obra "Portrait of a Man With Arms Akimbo" de Rembrandt, en el Frieze Masters, en Londres.
Un visitante observa la obra "Portrait of a Man With Arms Akimbo" de Rembrandt, en el Frieze Masters, en Londres. (Reuters)

Londres

La obra tardía del maestro holandés Rembrandt será la protagonista de una nueva exposición que mañana abre sus puertas en la National Gallery de Londres hasta el próximo 18 de enero.

Compuesta por unos 40 lienzos, 20 dibujos y 30 grabados, "Rembrandt: The Late Works" (Rembrandt: Últimas obras) pone de manifiesto que el pintor barroco (1606-1669) de ningún modo perdió facultades en su última fase creativa, sino más bien lo contrario: su creatividad aumentó.

Tres siglos y medio después de su muerte, Rembrandt sigue fascinando, señaló Betsy Wieseman, comisaria de la muestra que posteriormente viajará al Rijksmuseum de Ámsterdam. Sus innovaciones técnicas y su profundo conocimiento de los sentimientos humanos siguen siendo hoy tan revelantes y vigentes como en el siglo XVII.

"Queremos trasladar al observador al universo de Rembrandt", dijo Wieseman. "Así, el visitante podrá reflexionar sobre el arte tal y como Rembrandt lo creó".

Según la National Gallery, desde la década de 1650 hasta su muerte Rembrandt estuvo buscando decididamente un nuevo estilo que dotara a sus obras de más expresividad y profundidad.

La observación de sí mismo, la manipulación de la luz y la intimidad, la contemplación, el conflicto o la reconciliación son claramente reconocibles. La inclusión de varios autorretratos, con la marcada huella de la edad, pretende demostrar que el propio Rembrandt era "extraordinariamente sincero".

Gracias a importantes préstamos, entre otros el lienzo "Novia judía" procedente del Rijksmuseum, la muestra ilustra la emotividad y la innovación en la obra de Rembrandt.

Cuando Vincent van Gogh vio el cuadro por primera vez, en 1885, le dijo a un amigo que sacrificaría con gusto diez años de su vida si pudiera pasar dos semanas contemplando el cuadro con un trozo de pan seco que comer.