"Mi trabajo tiene una carga intelectual y simbólica muy fuerte": Sandra Pani

Su obra mantiene coherencia y continuidad a lo largo de los años: la lucha de opuestos y el profundizar en el inconsciente para extraer de ahí "belleza" han sido ejes de su proceso creativo.
La obra de esta artista ha mantenido coherencia y continuidad a lo largo de los años.
La obra de esta artista ha mantenido coherencia y continuidad a lo largo de los años. (Juan Carlos Bautista)

Ciudad de México

La obra pictórica de Sandra Pani está cargada de simbolismo. En Dualidad y transformación, exposición ofrecida en el Museo Diego Rivera Anahuacalli en el 2009, así como en Denudatio perfecta, presentada en la Escuela de Medicina de la UNAM (Antiguo Palacio de la Inquisición) este año, se observa esta búsqueda permanente por los caminos de los mitos y los símbolos, la búsqueda de la identidad y la arquetípica lucha de contrarios, además de una relación directa con los espacios donde presenta su obra. En la siguiente conversación, la artista explica con amplitud algunos detalles de su obra.

Tus materiales parecen depender del espacio donde vas a exponer...

Generalmente me gusta trabajar mis proyectos para un espacio. No es que yo haga aislada mi obra en el taller y luego la lleve al espacio de exposición. Sobre todo cuando se dan invitaciones, sí lo considero. Por ejemplo, cuando hice una exposición en el Anahuacalli, que tiene una carga poderosísima, tuve que hacer algo para dialogar con él. Y no pudo haber un espacio más cargado de energía que donde se presentó mi nuevo trabajo pictórico, este Palacio de la Escuela de Medicina hoy, antes Palacio de la Inquisición. Un espacio donde antes se torturaba y hoy se sana. Yo he trabajado mucho con el sufrimiento encarnado y la posibilidad de la transformación, y la invitación del doctor Ignacio Prado, curador del espacio, reverberó con mi proyecto, que transmitió mi experiencia del sufrimiento; esa dualidad está encarnada en este espacio.

El título de la exposición es una constante de tu obra. Podría considerarse que la desnudez es en sí una forma de perfección.

"Años de psicoanálisis junguiano me han abierto todo un mundo alrededor de los símbolos y los mitos"


Hay una cosa muy interesante en esto. Primero encontré un texto de Giorgio Agamben en un libro que se llama Desnudez, donde habla de la desnudez perfecta. Él dice que Dios es el ser perfecto porque no tiene velo, está desnudo. Cuando yo inicié estos velos ya tenía tiempo explorando esta manera de trabajar, como en capas. Porque cuando pinto, pongo una capa, le pongo una veladura, la vuelvo a intervenir y la vuelvo a cubrir. Así, cuando traté de traducirlo al dibujo, se materializaron estas capas. Y al materializarse, estaba tratando de hacer como una metáfora de la persona. Porque creo que estamos hechos de muchas capas; somos muchas cosas simultáneamente. Entonces, cuando me encontré con el texto de Agamben, reverberó inmediatamente en mí la idea del encuentro con uno mismo. Porque mi obra gira en torno a la búsqueda de mi identidad y el irte quitando capas, te convierte cada vez más en quien eres y eso es un sinónimo para mí de fortaleza. Y luego me topé con otra cosa muy interesante: el término "denudatio" es un término fisiológico que se usa para quitar capas, como quitar la erosión. Entonces, es increíble cómo la traducción de "denudatio" implica utilizar la imaginación para quitar todo lo que no sirve y quedarte con la esencia de las cosas, que es exactamente lo que yo he tratado de hacer durante toda una vida. Fue muy poderosa la atracción de la idea de la desnudez perfecta. Y bueno, también fue, como ya te dije, la dualidad tan tremenda que posee este edificio y una exploración de los materiales y del espacio, porque he tenido que hacer obras muy grandes.

Hay muchas cosas que hice por primera vez en esta exposición. Una de ellas fue el uso de cosas que he coleccionado: residuos de la naturaleza, residuos orgánicos. Tengo muchos huesos de animales en mi taller, piedras, ramas... Y esta es la primera vez que específicamente los residuos animales se amalgamaron a la obra. Tenía colgado un pedazo del caparazón de una tortuga, y mientras estaba dibujando me dije "este caparazón es idéntico al tórax que estoy dibujando", y se integró a la obra. Lo mismo sucedió con un nido, que formó parte de la obra tanto a nivel formal, como simbólicamente, porque para mí las cosas vivas estamos hechas de la misma esencia. Y en ese sentido también va la parte musical. A los compositores, que algunos son amigos, les mandé imágenes y reflexiones de lo que trataba de hacer y ellos hicieron una representación sonora. Todos mis intereses aparecen en esta última exposición.

En cuanto a esta relación pintura-música, ¿jugaste con las ideas sinestésicas de la "pintura que te hace oír" y "la música que te hace ver"?

Sí, definitivamente. Yo trabajo con música todo el tiempo y siempre escucho música clásica y religiosa. En mi creación es otra parte importantísima, otra manera de llegar a lo mismo. En mi exposición anterior, ya había trabajado solo con música de Mario Lavista. Para mí la música te induce a un estado de meditación. Cuando entras a una iglesia y escuchas música, te comunica con algo que te rebasa. Entonces, mi idea era crear esta cuestión sonora que te ayudara a acercarte a las imágenes de una manera más profunda. Y creo que funcionó. Entrabas a la exposición y estaba ahí la pista sonora con la música de Mario, discreta, no muy fuerte, pero te hacía callarte y ver de otra manera.

Luego repetí esta experiencia, pero todavía se expandió más porque hubo más media docena de compositores involucrados. Yo sí creo que la música es un canal maravilloso para entrar en contacto con la pintura. Es una cosa muy curiosa, pero en mi exposición anterior era lo que hacía la gente. Es una experiencia mucho más poderosa. Y evidentemente las obras que han hecho los compositores tienen una vida independiente de mi obra y mi obra tiene una vida independiente de la música. No tienen que estar juntas para funcionar, pero es un diálogo muy interesante el que establecen y tiene qué ver con quién soy yo.

En esta época de predominio del arte conceptual, tu trabajo se coloca en el extremo; por un lado, por el tipo de materiales con los trabajas y, por otro, por el fundamento filosófico que lo guía.

Yo creo que mi trabajo tiene una carga intelectual y simbólica muy fuerte. Llevo muchos años en psicoanálisis junguiano, lo cual me ha abierto todo un mundo alrededor de los símbolos y los mitos. Y no es que yo tenga los símbolos y los ilustre, sino que realmente los hago y luego descubro qué son. Luego los analizo y me doy cuenta, maravillada, que miles de las imágenes que me piensan y que yo necesito traer tienen una carga universal tremenda. Tienen que ver con mi propia experiencia, por ejemplo, todo mi abecedario pictórico está en esta exposición: las columnas vertebrales, los árboles, el tórax, las manos... Mis imágenes son más de estómago; yo lo analizo después pero yo estoy totalmente vinculada a la obra misma. Yo hago objetos bellos en una época donde la belleza está minimizada y trato de buscar el equilibrio con los materiales. Sé que tienen una carga inconsciente poderosísima. Hay miles de cosas que yo arranco de lo profundo y no sé por qué las traigo. Pero también escribo textos para tratar de saber qué estoy haciendo conscientemente; hay muchas cosas que me rebasan inconscientemente, pero conscientemente estoy tratando de hacer esto. Pero el foco es la obra. Yo quiero que como espectador te acerques a ella y te diga algo, sin necesidad de leer el texto.