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Miércoles , 15.08.2018 / 07:14 Hoy

Mi objetivo es liberar mentes: Juan Miguel Zunzunegui

El escritor presenta su libro "La tiranía de las ideas", en el que confronta los desarrollos históricos de México y Estados Unidos para combatir mitos.

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Bien dicen que los mexicanos solemos culpar de nuestros males a cualquiera. Nuestra historia como país no está exenta de tal situación, ya que si no fueron los españoles por habernos conquistado hace siglos, entonces son los gringos quienes nos tienen sometidos, o al menos eso nos decimos sin reflexionar que su historia no es tan diferente a la nuestra. En su libro La tiranía de las ideas (Grijalbo, 2014), Juan Miguel Zunzunegui, a través de cuatro paseos históricos que marcan la forma de vivir de México y Estados Unidos, nos muestra que somos muy similares, solo que hemos aprovechado las circunstancias de diferente manera.

La narrativa del texto, además de ser de ágil y divertida, invita al lector a comprender la idiosincrasia del mexicano y del estadunidense. Basado en hechos históricos paralelos y cómo estos fueron asimilados por cada nación, el autor afirma en entrevista con MILENIO: “Nosotros no estamos mejor ni peor que ellos. Nosotros estamos sometidos por ideas, por ideologías, por discursos políticos, por historia y por mitos; ellos también, pero por otro tipo de mitos, de discursos, de ideologías, y también son una sociedad sometida como la nuestra. Justo lo que quiero plantear es desde cuándo se vienen generando nuestras ideas, condicionamientos y patrones, y que nosotros seguimos repitiendo desde hace siglos o milenios. Entonces contar la historia paralela ayuda a entender por qué ellos son como son y nosotros somos como somos”.

Generar individuos

Una de las premisas fundamentales de este libro es enseñar que nacemos con la mente en blanco y absorbemos los paquetes de ideas de cada cultura, ya que la mente va generando patrones de conducta y condicionamientos psicológicos que repetimos de forma inconsciente y por eso seguimos haciendo lo mismo generación tras generación, siglo tras siglo y milenio tras milenio. Así, antes de comenzar cada capítulo, el también doctor en Humanidades por la Universidad Latinoamericana nos lleva, con una analogía que hace con Dios y un par de querubines llamados Juan y John, a comprender cómo los sucesos históricos les han afectado la mente y su forma de ver la realidad, y si estos pueden liberarse de tales ideologías adquiridas conforme a lo aprendido.

Al respecto, Zunzunegui expresa: “El objetivo de este libro no es tanto enseñar historia sino liberar mentes. Se llama La tiranía de las ideas porque estas ideas, que pensamos que somos nosotros, que son nuestra identidad, que es la mexicanidad, que es lo que nos define, las venimos arrastrando desde la Edad Media y no son nuestras. Se han ido generando con el paso del tiempo, con el azar histórico y geográfico, con decisiones de una comunidad humana. Es decirle a la gente: ‘Libérate, mira la matrix, sal de ella. De eso se trata”.

El libro se convierte en una lectura que invita a reflexionar sobre nuestra forma de pensar y de ser como sociedad mexicana, sobre cómo vemos el mundo y la perspectiva que espera el autor que tomemos conforme entendamos la realidad. Añade Zunzunegui: “Es un libro generador de individuos; que todo aquel al que le guste la teoría de que los seres humanos somos individuales, únicos e irrepetibles, lo lea, para que se dé cuenta de que no es ni tan individuo, ni tan único, ni tan irrepetible como pretende, porque creer lo mismo que otros millones de personas es la contradicción más grande. Pero todo aquel que quiera ser libre, individual, único e irrepetible, en La tiranía de las ideas hay un camino, con la historia como pretexto”.


Análisis novedoso

El texto surgió luego de que el autor escribió Los mitos que nos dieron traumas: “Me quedó un tema pendiente ahí, porque en tal libro me concentré en todo el trauma de la Conquista, el complejo de conquistados y un rencor en la discursiva histórica que va contra los españoles. Y solo hasta el final del libro le dediqué un capítulo chiquito a los gringos, porque en realidad todo nuestro complejo de conquistados con España lo volteamos hacia los gringos, que tenemos más cerca. Como nada más le pude dedicar ese capitulito, me quedó ese pendiente y estaba convencido de que era muy importante. Así como hice un libro del mexicano y el español, ahora quise hacer uno del gringo y el mexicano, porque no los comprendemos y no nos comprenden. Ninguno tiene idea de cómo es el otro: a nosotros nos encanta quejarnos del gringo y decir que es un estúpido, ignorante, inculto y que no tiene historia ni cultura, que es un desgraciado y que se la pasa estereotipándonos, aunque nosotros en ese discurso también los estamos estereotipando. Entonces me parece necesario que superemos la etapa en la que nos relacionamos con el estereotipo del otro y empecemos a conocernos porque nos necesitamos el uno al otro: el gringo depende tanto de nosotros como nosotros de él. A ellos les enseñan a discriminarnos, a nosotros nos enseñan a odiarlos, y eso no sirve para nada. De ahí la inquietud de esta entrega”.

Fue entonces que el autor de más de 15 libros se fue a un retiro literario, como él lo llama, a una de las playas mexicanas. Acompañado de una guitarra que tocaba en sus tiempos libres, comenzó a escribir durante tres semanas, dedicándole más de 8 horas al día. Así dio forma a la obra, basado en los capítulos de su tesis doctoral, realizada en Estados Unidos, y en otros artículos publicados sobre la Unión Americana.

Cabe resaltar que para escribir cada libro, el escritor siempre se empapa sobre el tema con un año de antelación, y cuando debe entregar el material es cuando se va a ese retiro.

La tiranía de las ideas es, además, un libro cuya narrativa está pensada para que el texto no sea leído como los libros de historia convencionales y sea entendido por cualquiera, y en el cual propone un estilo único de análisis.

“Sin temor a equivocarme y sin querer parecer arrogante, el análisis que hago es algo que en México no ha hecho ningún historiador. Con esto no quiero decir que sea el correcto, nada más digo que es distinto, muy novedoso, muy práctico y funcional que nos puede ayudar mucho a ver la realidad sin filtros de la mente, como las ideas. Eso es muy importante porque en México a los escritores les encanta quejarse de que el mexicano no lee, pero nunca se preguntan qué porcentaje de culpa tienen ellos de ello. De pronto, y sobre todo en historia, que es de lo que se supone está hecho este libro, en todos los libros más académicos los intelectuales, historiadores, filósofos y literatos tienen la obsesión de ser densos, oscuros y rebuscados en su palacio académico de mármol para que nadie los entienda. Y se quejan de que el mexicano no lee, y asumen que es culpa del mexicano en lugar de decir ‘y la culpa que yo tengo, ¿qué?’. Si el mexicano lee poco, hay que buscarle. Tenemos que ver cómo escribo para que tú quieras leerme. Quiero decir que el fondo no se debe sacrificar, pero la forma es como tú le haces que la gente te lea. En mi caso, escribo algo divertido y al mismo tiempo profundo”, concluye el escritor.

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