Un nuevo rostro de Juan Vicente Melo

Mientras que en todas las demás líneas de investigación teníamos que habérnoslas con fantasmas y polvo, meros ecos de ecos, nunca hubiéramos prestado atención a la única fuente viva de información ...

Ciudad de México

¿Persiste en los ensayos literarios de Juan Vicente Melo la “prosa musical” propia de su narrativa, según la crítica especializada? La breve antología La vida verdadera(Instituto Literario de Veracruz, 2013,) explora la idea y concluye: esa prosa es exclusiva de sus cuentos y novelas y “se ha convertido ya en un lugar común que me fastidia”, dirá Melo casi al final de su vida.

Melo es identificado como el creador de la crítica musical en México, pero esto le limita e impide nombrarle de forma distinta, incluirlo dentro de la nómina de ensayistas de su generación, junto con García Ponce, Elizondo, De la Colina, Arredondo…. Melo persigue otra serie de intenciones: faro y guía en él fueron Octavio Paz y Tomás Segovia: “en un mundo regido por cadáveres, tanto Octavio Paz como Tomás Segovia nos obligan a sentir confianza en nosotros mismos, confianza en el arte […]. En la poesía, en el ensayo, en su investigación creadora, han señalado nuevos caminos, han puesto en vigencia mitos enterrados, han hecho brillar soles extinguidos, han examinado al hombre y su lenguaje como objetos mágicos y como estructuras”, escribió en 1967. De Segovia adquiere la disciplina y el acercamiento a la filosofía; de Paz, las ideas e interpretaciones acerca del significado de la escritura y la literatura como búsqueda ulterior.

En el ensayo literario Melo aspira con rigor, orden, disciplina y análisis críticos a desentrañar la búsqueda y transformación del otro, el encuentro con Dios, la soledad como forma de subsistencia y de defensa ante el dolor ocasionado por el amor, la imaginación y el deseo como opciones para vencer a la muerte, el descubrimiento de la noche (nuestra parte nocturna, diría Paz) como elemento esencial e inherente del hombre, los vínculos entre el amor profano y el amor divino (según Segovia), el hallazgo de nuevos autores. Podemos reconocer en sus notas un espejo en el cual se proyecta la obra de los autores que le obsesionan, gracias a sus confesiones en la Autobiografía (1966) —Georges Bernanos, Emily Brönte, Julien Green— o su crítica sobre las novedades deslumbrantes (Farabeuf, Violeta–Perú, De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios). En su nota de 1960 en la Revista Mexicana de Literatura para saludar a Dormir en tierra de José Revueltas, examina los colores, los personajes y el ritmo de la prosa y el lenguaje de sus ocho narraciones, advirtiéndolos como exploración de la esencia del ser humano, pleno de soledad e incapaz de comunicación hasta su muerte. Escrito desde la pasión, Revueltas busca ahí el silencio y el derrumbe, “lento y total”, símbolo de la plena “esperanza de vida verdadera”, sostiene Melo entonces y en este nuevo libro, inédito como conjunto hasta hoy.