Nuevo mapa urbano: el arte en la megalópolis

De la colonia Roma a la Obrera, del Centro Histórico a Coyoacán, los proyectos artísticos independientes florecen la Ciudad de México

Bien decía Carlos Monsiváis al hablar de la Ciudad de México, sin duda una de las mayores megalópolis del mundo: “Público es lo que abunda, y en la capital, a falta de cielos límpidos, se tienen, y a raudales, habitantes, espectadores, automovilistas, peatones…”.

La ciudad es el cruce del México de distintos tiempos, donde se mezcla la modernidad con los rituales prehispánicos, las tradiciones místicas y una iconografía poblada por arquetipos mayas con el muralismo del siglo XX. Dicho esto, no es difícil imaginar por qué ésta enorme extensión de tierra volcánica llamada “el monstruo” es considerada como uno de los templos de la vanguardia contemporánea en América Latina.

Un rico sustrato estético fluye principalmente en el centro de la ciudad, donde la historia del país está contada a través de los ojos subversivos de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, en los imponentes edificios de Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes y el Tribunal del Consulado. Hoy en día las paredes de esta antigua parte de la ciudad se han convertido en el escenario de los nuevos nombres del arte urbano en el mundo. Solo basta un paseo para ver a las criaturas primitivas de Sego y Obval, o las coloridas serpientes emplumadas de Curiot. Sin embargo, no solo los artistas callejeros chilangos dejan huella en las paredes, también pueden hallarse murales de autores internacionales como los italianos Blu y Ericaeilcane, entre otros que han coloreado las fachadas históricas.

El arte urbano del ex DF no está limitado a los muros del casco viejo ni a las pinturas murales. La vanguardia urbana mezcla hoy el conocimiento académico, las prácticas artísticas y la participación ciudadana, resultado de los cambios sociales y políticos. La urbe es la gran protagonista. Este es el momento de la nueva Constitución de la Ciudad de México y del Global Summit Habitat III de la ONU, en Quito, Ecuador, donde después de 20 años se dan cita agentes internacionales para determinar el rumbo del desarrollo urbano para las próximas dos décadas. En abril, la ONU presentó en Barcelona su nuevo Informe sobre política pública, denunciando el alarmante retroceso que los lugares de aprovechamiento comunitario están sufriendo, sobre todo en Latinoamérica, debido a la urbanización descontrolada y a la salvaje privatización del espacio público. La previsión es catastrófica: en una década los espacios públicos de muchas ciudades desaparecerán, engullidos por la ausencia de normas de protección o por mera desidia colectiva.

Desafiando la lógica deshumanizadora, Mariana David, quien dirigió el Museo Universitario de Ciencia y Arte, Muca Roma, entre 2013 y principios del 2016, lanzó un programa titulado “Derecho a la Ciudad”: un modelo innovador de trabajo artístico-estético. El programa ha estado muy activo en el proceso de aprobación del proyecto del Corredor Chapultepec, a través de propuestas para los vecinos y sosteniendo un diálogo entre artistas, ciudadanos, niños y la comunidad entera. El Muca Roma solía poner a disposición un espacio de intercambio para generar respuestas creativas enfocadas en el tema del derecho a la ciudad, donde no solo los artistas sino también los vecinos de la colonia estaban involucrados en la organización de las actividades. Una filosofía que no se centraba en la autoría o en la mera producción de objetos artísticos, sino en la forma de socializar la creatividad y en la capacidad de responder a los problemas que nos rodean, en busca de nuevas soluciones a los obstáculos en nuestra vida diaria.

En marzo de este año, la Dirección General de Artes Visuales, instancia de la que depende el Muca Roma, decidió cerrar el programa “Derecho a la ciudad” y retomar su línea original de sala de exhibiciones. El programa en el Muca Roma fue uno de los experimentos que calibraban el peso de lo simbólico en la Ciudad de México, y Mariana David sigue con la intención de mantener viva la red de personas y artistas que se activó con un proyecto virtual glocale, que une exigencias de vecinos con artistas visuales y periodistas internacionales. Sin tener más su sede física en aquel lindo pancoupé en el corazón de la histriónica colonia Roma, el plan artístico sigue vivo.

En esta colonia de la capital se encuentran muchas facetas del México que produce cultura. Un barrio que durante años fue el santuario de aristocráticos europeos que construyeron suntuosos edificios en honor a los grandes monumentos del viejo continente, como la Sagrada Familia, o inspirados en el art déco francés. Pero pocos saben que los cimientos de la Roma se edificaron sobre el sueño del circo: hasta en los nombres de las calles resuenan los aplausos que recibían los espectáculos del circo teatro Orrin en su tournée por el país. La familia inglesa Orrin, una institución de la diversión callejera, estaba compuesta por artistas circenses que llegaron a México al final del siglo XIX, con sus funámbulos, animales salvajes y personajes absurdos. Tras enriquecerse gracias a sus giras por la República, en conjunto con los hermanos Lamm (un arquitecto y un ingeniero) diseñaron la colonia Roma, bautizada en honor al padre de todos los circos: el romano. Quizás es por esto que la bizarra armonía de la colonia sigue fascinando a los artistas que encuentran en ella un nido donde cultivar su excentricidad. Uno de estos sitios es la galería Lulu, ubicado en Bajío 231, la casa de Martin Soto Climent, artista mexicano que ha expuesto su trabajo en galerías internacionales, quien la quiso transformar en un espacio de arte independiente junto con Chris Sharp, curador originario de San Francisco. “El lugar es muy pequeño y obliga a buscar la precisión —comenta Sharp—, a veces en una exposición hay solo una obra, una película o una escultura”. Lulu hospeda artistas poco conocidos en México “y, hasta ahora, hemos tenido más artistas mujeres que hombres”, subraya el curador. En la Roma, un poco más al norte del barrio, se ubica otro espacio interesante, que se autodefine como una “orgía de diseños”, el Espacio Fidencia, donde artesanías, dibujos y proyectos gráficos se encarnan en creaciones y talleres.

Las nuevas realidades urbana, que han ido renovando los modelos tradicionales de consumir arte, tratan de dar un salto para cambiar de paradigmas en las sharing cities, aunque éstas no son una realidad exclusiva de la Roma. Esta ola de resiliencia urbana no tiene confines en el mapa y busca su estrategia de sobrevivencia en la recuperación de antiguos oficios creativos, reencarnándolos en nuevos pensamientos. El circo es uno de éstos: arte nómada y popular por excelencia, construye un lugar liminal que separa el mundo racional con el de lo imposible, donde las reglas no valen y sus habitantes ocupan sus vidas en desafiarlas y subvertirlas con magias.

Del otro lado del umbral, en Cracovia 32, se escuchan risas. Es una casa llena de juguetes, cuadros e instrumentos musicales colgados a la pared, un bazar en continuo movimiento. La sensación no es la de entrar bajo el tendón de un monumento al absurdo, ni de prepararse para ser un mero espectador de clowns, malabaristas y acróbatas, sino de ser parte de un momento de encuentro extraordinario, donde los cuerpos y las artes se funden.

Después de una clase grupal de conciencia corporal con Alicia, quien hace acrobacia en tela, y de una meditación acompañada por un dueto de citara y piano, comemos todos juntos una rica sopa thai preparada por un sociólogo esloveno apasionado por los fenómenos migratorios y la cocina étnica. Tras ello converso un rato con Ruchi, la dueña de este atípico hogar, quien señala: “Cracovia 32 nace en esta casa, mía y de mi hermana, pero se abrió a varios mundos gracias a Tim, y a los demás que pasaron por acá”. Con una carrera en arquitectura en el cajón, ahora Ruchi se dedica de tiempo completo a su gran pasión: el baile. El miércoles es un rendez vous obligatorio para los aficionados del swing, donde se escucha música en vivo y se ven peinados como Elvis y Rita Hayworth.

La agenda cultural de la ciudad se transforma a un ritmo sincopado, y esta bailarina de swing mexicana es una de sus mayores promotoras. La iniciativa de El pasaporte cultural sale de Cracovia 32, cuando Ruchi y su banda empezaron a armar el proyecto cultural y espontáneamente encontraron a otros análogos, se conocen y se reconocen. Dicho y hecho: se formó la red. Fotografía, artes plásticas, teatro, música, y diseño se reúnen: “Este año hemos decidido parar el ingreso a nuevas bandas: ¡somos demasiados!”, confiesa.

Entre los varios espacios, destacan el Foro Hilvana, convertido ya en lugar de culto para la producción artística y cultural que quiere quedarse afuera de los circuitos mainstream, y el Santuario del teatro el Centro cultural Carretera 45, que trabaja con una lógica que rescata la tradición popular del cabaret de la colonia donde surge, la Obrera, zona quizá más conocida hoy por sus talleres mecánicos que por su pasada tradición escénica. Una función en cada temporada es gratis para los vecinos, quienes en cualquier otra función pagan solo 50 pesos.

Por otra parte, el Tintero de los Ironistas se impone al ruido de los cláxones y motores de la Cuauhtémoc y ofrece un encuentro con creadores contemporáneos, mexicanos e internacionales, comprometidos con el quehacer social, no únicamente con el drama. Continuando con nuestro mapeo, más al sur están Francisco Sosa 289 y la asociación Tauro Flamenco, que abren sus puertas a los bailarines y a quien quiera aprender danza. En Coyoacán se ubica Casa Galería, espacio creado por un grupo de artistas de manera independiente con el objetivo de proporcionar una alternativa a los circuitos establecidos del arte en el sur de la ciudad, dirigido hacia manifestaciones artísticas generadas como respuesta a los problemas concretos actuales. Otra casa, esta vez en el centro, en Bucareli 69, dedica todas sus energías a la música. Terminamos la lista con lugares enfocados a la pedagogía artística. Por una parte, el Taller Huachinango, que genera comunidad trabajando con tres estrategias: arte urbano —tiene un espacio para los murales—; docencia, con cursos para principiantes y especialistas, y talleres equipados para el desarrollo de obra personal y colectiva. Por otra parte, en La trampa es posible tomar talleres de gráfica.

También la célebre galería de Gabriel Orozco, Kurimanzutto, tiene exhibiciones fuera de su cubo blanco con el fin de promover nuevos diálogos culturales dentro de un contexto internacional. El proyecto Sonora 128 se enfoca en un grupo de artistas interdisciplinarios invitados a presentar sus trabajos in situ en un anuncio espectacular normalmente reservado para usos publicitarios. Una exhibición abierta las 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año, en la esquina de las avenidas Nuevo León y Sonora.

Al cartografiar el arte contemporáneo en la Ciudad de México, aparece un circuito tan entusiasta como complejo. Esta megalópolis es una monumental ave fénix que sigue reinventándose con la mirada en el futuro. Una capital potenciada por sus ciudadanos, por los que la visitan y la atraviesan, los que en ella se refugian y los que la eligen como su nuevo hogar. Como todos los espacios resilientes, éstos tienen habitantes apasionados que celebran sus calles generando continuamente diversas centralidades, construyendo una ciudad que mantiene el intento de vivir, no solo de sobrevivir.