Un nuevo gángster

Hombre de celuloide
Winona Ryder Ray Liotta Chris Evans Michael Shannon And Ariel Vromen At Event Of The Iceman picture
Winona Ryder Ray Liotta Chris Evans Michael Shannon And Ariel Vromen At Event Of The Iceman picture (movpins )

México

Pareciera suficiente para garantizar una película: Wynona Ryder y Ray Liotta en mano a mano actoral. The Iceman tiene además a un director (prácticamente desconocido) que no posee la pretensión de saltar a la fama de un solo golpe.

Tampoco parece querer competir con obras del tamaño del Scarface de Brian de Palma. Su historia, una adaptación, se concentra en un polaco contratado por Liotta como asesino a sueldo. El matón hace su trabajo. Y lo hace bien. No permite que interfiera con sus amores familiares.

Un sistema de ideas que no puede explicarse es una estupidez. Para explicar las ideologías tenemos las metáforas y The Iceman es una metáfora. No es casual que la película se una (con temática, actores y diseño de producción) a una larga tradición de filmes estadunidenses cuyo héroe es mafioso. El mafioso es para el cine de Hollywood lo que la prostituta para el cine mexicano o la adúltera para el cine francés.

El Iceman de Vromen está relacionado tanto con el Little Caesar de LeRoy como con la serie Breaking Bad de Vince Gilligan. El mafioso es espejo en el que se miran, deformes o sublimadas, las ideologías de esa sociedad: el mentado American Dream, la competencia feroz por un triunfo que es sobre todo económico y, claro, la noción de que el fin justifica los medios.

The Iceman es un padre de familia y asesino a sueldo cuyas actividades ilegales desconocen su mujer y sus hijas.

No pestañea cuando alguien lo amenaza a gritos con una pistola. Con hombres así, siempre puede uno hacerse la ilusión de que estamos ante un personaje, si no intachable, al menos valiente o de buen corazón. Nos identificamos con él. Y aunque es cierto que The Iceman poco avanza en la tradición del cine de gángsters, tiene el encanto de no ser pretenciosa.

Ariel Vromen tiene, pues, el crédito de haberse atrevido a filmar una película que evidentemente iba a ser comparada con el gran cine de su país. Hay que decir, claro, que si la ponemos junto a The Goodfellas de Scorsese o The Bad Lieutenant, de Ferrara, The Iceman no parece tener mucho que ofrecer. Creo, sin embargo, que aunque la comparación le vendría mal, The Iceman es, ante todo, un estudio (casi un experimento) que puede redundar en obras más acabadas en el futuro.

El filme ha tenido una recepción fría en su país (tanta, que en México la estrenan junto con toda la basura que en un año no logró trascender en Estados Unidos; nuestra cartelera sigue siendo un recalentado gringo), pero más allá de políticas y prejuicios podríamos estar viendo la primera película de un futuro gran director.

Las actuaciones son contenidas, el drama no cae ni en el melodrama ni en la comedia y, sobre todo, lo dicho: Ariel Vromen se atreve a ir por lo grande en el cine de su país: ¡los mafiosos! Ya lo dijo Goeritz, el arquitecto, si quieres algo grandioso, tienes que hacerlo grandote. The Iceman está lejos de ser un filme grandioso, pero se alimenta de una tradición muy grandota.