Las nuevas tecnologías, reto de los diccionarios

Considerada como la editorial líder en América Latina en la edición de enciclopedias y otros libros de consulta impresos, Larousse domina alrededor de 80 por ciento de las ventas.
“Tenemos 500 mil seguidores en Facebook y 80 mil en Twitter”, dice Tomás García, directivo de Larousse.
“Tenemos 500 mil seguidores en Facebook y 80 mil en Twitter”, dice Tomás García, directivo de Larousse. (Mónica González)

México

Hasta hace 15 años existían personas que, de puerta en puerta, llegaban a ofrecer la venta de enciclopedias a plazos fijos, porque resultaba bastante oneroso intentar adquirir en un solo pago los 10, 15 o 20 volúmenes que integraban alguna colección. Hoy día, eso ya no existe.

“En la actualidad ya no se ve a nadie ni ofreciendo ni comprando enciclopedias de 20 tomos; eso se acabó, porque las ventajas que representa la tecnología son enormes comparadas con el costo y las limitaciones de esos 20 volúmenes, pero conforme eso se reduce y se hace más económico, las ventajas ya no son tantas”, explica Tomás García, director editorial de Larousse.

Considerada como la firma líder en América Latina en la edición de enciclopedias y diccionarios impresos, dominan alrededor de 80 por ciento del mercado, de ahí la necesidad de hacer una conversión hacia otros formatos y otros mercados para mantenerse vivos, “si nos quedamos dormidos y no somos conscientes de que el mundo está cambiando y la tecnología es una realidad, seguramente moriríamos también”.

Si bien Larousse atraviesa una etapa de transición, en la que ha logrado la coexistencia del libro impreso y las nuevas tecnologías, en especial las aplicaciones —que no son necesariamente libros digitales—, los diccionarios impresos tienen una función pedagógica que no debemos perder de vista.

“Aunque haya ventajas indudables en la tecnología, hay una parte que no debemos omitir: cuando fuiste a la escuela aprendiste a sumar, multiplicar y dividir, y luego usaste la calculadora; más o menos lo mismo con los diccionarios, al negarle a los chavos cómo se accede a la información o cómo se busca de una manera tradicional.

“Es decir, que sepan buscar por orden alfabético, interpretar las cornisas, lo que significa una llamada, donde una palabra te remite a otra, y hasta que sepan interpretar todas las abreviaturas que existen en una obra de esas características. Estoy en contra de que se introduzca el diccionario digital a tan tempranas edades, pero son innegables las ventajas que tiene la tecnología.”

La entrada a la tecnología

Dentro de los diccionarios de Larousse, el de referencia aún es la Enciclopedia Ilustrada Larousse, a la que le siguen los diccionarios escolares, cuyas ventas se mantienen, a decir de Tomás García, sin dar cifras exactas de sus ventas, porque son económicos y están en un formato tipo bolsillo, de consulta constante, que van y vienen en la mochila del estudiante.

Hace cinco años, en la editorial comenzaron a desarrollar aplicaciones, conocidas como apps, pero apenas hace dos empezaron entraron al mercado; se trata del diccionario básico, uno de conjugación, de sinónimos y antónimos, uno de biografías y un diccionario visual multilingüe, cuyos resultados han sorprendido hasta a los propios editores, porque en un mundo digital, en el que hay tantas cosas gratuitas, “el que tanta gente esté dispuesta a pagar por el contenido de un diccionario es de llamar la atención”.

El fin de la venta a plazos

Hasta hace una década, cuando las aplicaciones parecían solo un sueño de la ciencia ficción, 70 por ciento de las ventas de Larousse México era por grandes obras, las enciclopedias con múltiples volúmenes, ofrecidas de una manera que denominaba como “la venta a plazos”.

“En tu casa puede ser que ya no encuentres esas grandes obras, pero vas a tener las pequeñas, aunque también con ellas hemos comenzado a hacer transformaciones: somos el número 1, por mucho, en el mercado de diccionarios impresos en Latinoamérica, tendremos 80 por ciento del mercado. Sin embargo, si nos quedamos dormidos y no somos conscientes de que el mundo está cambiando y la tecnología es una realidad, seguramente moriríamos también”, advierte Tomás García.

Redes sociales y conocimiento

Sin embargo, los esfuerzos en Larousse no se han quedado en el desarrollo de las aplicaciones, que van más allá de ser el formato digital de los diccionarios, en busca de aprovechar todo lo que ofrecen las nuevas tecnologías, en especial a través de las redes sociales.

“Tenemos 500 mil seguidores en Facebook y 80 mil en Twitter. No hablamos de futbol ni de farándula, entonces tener 500 mil seguidores en una página que habla de lengua y de cultura me parece sumamente meritorio; en Twitter, por ejemplo, encontramos una manera de dar información e interactuar con nuestros clientes y si tienes una duda, puedes escribirla y preguntar por qué se usa así, y te contestamos. Son posibilidades que en el mundo tradicional no se podía”, enfatiza Tomás García.

Son múltiples las opciones que ofrece Larousse, lo mismo a través de sus populares diccionarios escolares, como en las aplicaciones tecnológicas, para las cuales se estableció un convenio con una empresa rusa que ofrecía las características para lograr que los contenidos se enriquezcan con herramientas multimedia, donde no solo se ofrezcan definiciones, sino otras opciones en un mismo espacio.