Hablar del padre, una reflexión sobre el poder, asegura Renato Cisneros

El autor presenta su novela "La distancia que nos separa", una biografía de ficción,
Devela secretos de su intimidad familiar.
Devela secretos de su intimidad familiar. (Omar Franco)

México

Todo comenzó en una sesión con el psicoanalista, donde se dio cuenta de que no tenía información alguna acerca de un hecho fundacional para sí mismo, como el matrimonio de sus padres, por lo que empezó a preguntarse cuántos episodios de su vida estaban llenos de un significado que desconocía.

Así fue como el peruano Renato Cisneros (1976), hijo del general Luis Federico El Gaucho Cisneros, temido ministro del Interior en Perú durante el régimen de Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) y después ministro de Guerra en el segundo gobierno de Fernando Belaunde Terry, buscó la manera de reconocerse a sí mismo y su relación con una figura a la que apenas conocía, a través de la novela La distancia que nos separa (Seix Barral, 2016).

"Aun cuando la novela tiene una serie de condimentos peruanos, hay secretos de mi intimidad familiar develados, pero el corazón de la novela es otro: la relación del padre con el hijo. Sobre todo en Latinoamérica, las preguntas alrededor del padre son alrededor del poder, la primera figura con la que uno lo siente su ejercicio. Es el poder en todas sus formas: quien norma tu vida, quien impone las reglas".

Es una biografía de ficción, un proyecto literario, explica Cisneros, porque de otra manera hubiese sido una locura emprender "ese acto subversivo de abrir los cajones y los archivos cerrados de la biografía de mi padre.

"Sabía que tenía que escribir esa novela desde que mi padre murió. Lo que pasa es que en ese momento no tenía ni los recursos narrativos ni el convencimiento de que era un escritor y, además, en ese momento tenía tan poca distancia respecto del hecho que tampoco tenía la perspectiva adecuada para poder hablar de él.

"Había cosas que descubría que como hijo me afectaban, pero como escritor me enriquecían. Saber, por ejemplo, que mi padre ocultó en casa a un ex militar argentino que escapaba de la justicia de su país y que finalmente fue sentenciado por criminal. Como hijo me indigna, me parece una decisión amoral, pero como escritor me hizo salivar, me dio la oportunidad de colocarlo en la novela, de darle densidad a un episodio".

"Vencí una barrera de pudor"

Hubo momentos en los que debió parar porque los recuerdos volvían con toda la carga sentimental que habían tenido en su momento, pero al mismo tiempo halló una voz de autor que le permitió salvaguardarse de otras influencias.

"Faulkner dijo que uno debe ser desleal con todos mientras escribe y solo ser leal con uno mismo. Me di cuenta de eso mientras escribía, tenía que apartar todas esas influencias: llegó ese momento en que vencí una barrera de pudor y donde era el escritor el que le exigía a los hallazgos ese material que, probablemente, el hijo hubiese rechazado", dice el autor.

Las barreras que se imponía se superaban al recordar su proyecto, al grado de que las historias que comenzó a descubrir con el paso de la investigación, como familiar le hubiese impedido seguir adelante, "pero como sabía que detrás había una novela que me estaba esperando, continué.

"Y seguí entrevistando a parientes, familiares y amigos suyos, y me metí al cuarto del general para revisar varias veces su legajo profesional. No sé si fui muy consciente de dónde terminaba de sentir el hijo y empezaba a escribir el escritor", asegura Cisneros.