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Domingo , 24.06.2018 / 12:01 Hoy

Notas de programa, una forma de escuchar mejor

Para desarrollar el oficio de la divulgación musical es preciso ser melómano de tiempo completo, leer mucho, escribir bien y tener pasión por comunicar.

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Xavier Quirarte

De 1980 a la fecha, Juan Arturo Brennan ha escrito más de 3 mil 500 notas para los programas de mano de orquestas como la Sinfónica Nacional, la Filarmónica de la UNAM, la Filarmónica de la Ciudad de México y la de Minería.

Si algo lo distingue es el rigor con el que realiza su trabajo, el cual muestra, como contraparte —y cuando el caso así lo permite—, un agudo sentido del humor. Resulta reconfortante tomarse unos minutos antes de un concierto para leer lo que escribió: invariablemente nos prepara para escuchar mejor.

Con 35 años en el oficio, Brennan dice en entrevista con MILENIO: “Básicamente mi trabajo es divulgar. Desde siempre traté de escribir notas de programa que no se parecieran a las que había leído en mis primeros años de melómano. Dos personas fueron fundamentales para mí, no como modelos, sino como referencias: José Antonio Alcaraz y Joaquín Gutiérrez Heras”.

De acuerdo con el autor de Cómo acercarse a la música (1988), Gonzalo Gavira, los utensilios del ruido (2002) y Pentagrama de letras (2009), cuatro requisitos son indispensable para realizar esta labor: “1, Ser melómano de tiempo completo; 2, leer mucho sobre música; 3, escribir bien, y 4, tener pasión por comunicar. Yo creo que eso sería una buena receta”.

En tres décadas y media, Brennan ha escrito naturalmente sobre las obras de los autores más conocidos, pero también sobre compositores o piezas que no conocía o que, inclusive, no son de su gusto: “Me ha ocurrido muchas veces, pero no me cuesta trabajo. Como la finalidad es la misma, me da el mismo placer investigar para compositores a los que admiro, aprecio o amo, que a los que no”.

Cualquier investigación es parte de un aprendizaje, agrega: “Eso es quizá lo más importante de este oficio. Mucha gente supone —y así me lo ha dicho— que soy un sabio porque todo lo que aparece en las notas de programa ya me lo sé. Eso no es cierto: por el contrario, cada vez que me pongo a escribir una nota de programa nueva es un nuevo proceso de investigación, de aprendizaje, de recopilación de información que me enriquece. Lo que trato de hacer es compartir eso con mis lectores”.

Hacer esta labor implica contar con una bibliografía amplia y exhaustiva que no está a la vuelta de la esquina. Mientras estamos hablando, advierte Juan Arturo Brennan, “estoy mirando dos paredes de mi estudio tapizadas de libros de consulta. Sí tengo una bibliografía propia bastante amplia y durante todos estos años he sido usuario asiduo de muchas bibliotecas, fundamentalmente de Central en la UNAM y la del Centro Nacional de las Artes. Allí he pasado largas y gozosas horas investigando cosas musicales y extramusicales para mis notas de programa”.

El crítico comenta que ha donado buena parte de sus notas al Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez. Y aunque constituyen una importante fuente documental, no han sido publicadas en libro. Esto implicaría una selección muy rigurosa, porque sería muy difícil publicar todas las que ha escrito.

Como todo humano, Brennan ha errado en algunas de sus notas y así se lo han hecho saber sus lectores. “Ellos me han hecho notar un dato que se me fue, un nombre cambiado, alguna fecha que no coincide o alguna cita no muy clara. Lo que hago inmediatamente es ir a mi archivo para corregir el error. En tantos años y tantas notas se me han deslizado algunos errores, pero procuro revisar muy detalladamente cada nota antes de enviarla”.

En sus visitas a otros países se ha encontrado con que muchas notas de programa son muy solemnes, algo que no comulga con su estilo: “Parte de mi trabajo, de vez en cuando, ha sido quitarle un poco esa aura de solemnidad inalcanzable que suelen tener las notas de programas de otros países y otras latitudes”.

Oficio satisfactorio

Juan Arturo Brennan no duda en calificar la elaboración de notas para programa, actividad de que se inició en el siglo XIX, como “un divertido y muy satisfactorio oficio, pero no un arte”. Y aunque es un oficio altamente especializado, en México no es bien pagado. “Así de fácil”, dice riendo, si bien lo disfruta mucho, pues le permite, semana a semana, involucrarse en la investigación. “En ese proceso lo que más me ha dado satisfacciones a lo largo de los años es descubrir conexiones”.

Explica que cuando hay notas de programa “que tienen una referencia literaria, dramática, histórica o geográfica, invariablemente voy primero a investigar sobre esa referencia. En esa investigación, que no es estrictamente musical, he descubierto cosas fascinantes que tienen que ver, de maneras a veces insólitas, con la música en cuestión. Esa para mí es la parte más satisfactoria del proceso: investigar y encontrar para mis lectores relaciones interesantes y divertidas entre la música y todo lo que la rodea”.

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