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Miércoles , 20.06.2018 / 08:19 Hoy

Noche profunda: el riesgo de salir de la zona de confort

Ayer en el Foro FIL, nueve cantantes, acompañados por la misma banda de músicos, ofrecieron una velada en la que interpretaron temas con arreglos de bolero rock.

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Gabriela Muñoz

Noche profunda: bolero rock fue el espectáculo que se llevó a cabo en el Foro FIL, la participación específicamente preparada por México para esta edición 30 de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, cuyo invitado es América Latina, y una de las estelares. Su estelaridad se comprobó por el hecho que desde poco después de las seis ya se veía una fila para acceder al recinto, ávidas personas por conseguir los mejores lugares, justo frente al escenario.

La mecánica era sencilla: nueve cantantes acompañados por la misma banda de músicos interpretaría dos canciones cada uno, una canción de su propia autoría con arreglos de bolero y un bolero con arreglos de rock. Justo a las 21:00 horas, la banda, liderada por José Manuel Aguilera, quien también fungió como curador del espectáculo, salió al escenario para presentar una introducción instrumental de “Bésame mucho”. El foro estaba casi a su capacidad, pero aun así el sonido rebotaba mucho en las primeras intervenciones. La privilegiada voz de Valentina González –quien fue la primera en salir–, por ejemplo, no se podía distinguir; en cambio, se podía escuchar la conversación de una pareja a tres metros de ti. Aquí hay que hacer una nota: ya está comprobado que al mexicano le gusta el concierto karaoke, poder gritar las canciones que sabe. En el caso de este concierto, hubo tanto secretismo sobre qué canciones se interpretarían que la gente acabó por no poder aprendérselas de antemano y se limitó, en varias de las participaciones, a hablar entre ellos.

La salida de Luis Humberto Navejas, líder de la banda Enjambre, provocó muchos aplausos y elevaciones de celular. “Último tema”, adaptada al bolero, tuvo muy buena recepción, aunque “Flores negras” fue un poco menos exitosa, casi como si Navejas se sintiera en otra piel al cantar letras que no son de su autoría, aunque el cantante se haya referido a ella como “linda, pero oscura y real, como las cosas de mi vida”. Juan Cirerol fue incómodo de ver, y demostró que su desafinada voz puede ser muy exitosa en sus canciones chuscas, pero fuera de ese contexto, el público no está feliz. Tal fue lo desafortunado de su presentación, que los asistentes comenzaron a chiflar durante la segunda canción y José Manuel, que había permanecido prudente junto con los demás músicos, dio pasos hacia el frente del escenario para realizar su solo de guitarra, el cual consiguió la mayoría de los aplausos de esta intervención y acalló los chiflidos.

Gran contraste el caso de Denise Gutiérrez: “Velo de novia” sonó como si hubiera sido destinada a adaptarse al bolero y demostró un gran rango vocal.

“Vanidad” tal vez no sonó muy rockera, pero estuvo ejecutada a la perfección. Este caso también se vio con Gerardo Enciso, con quien los géneros no parecían muy separados, pero también ésa era una de las intenciones, mostrar las intersecciones en las que conviven el rock y el bolero. Enciso, asimismo, hizo una de las observaciones más pertinentes de la noche: “¡Qué buena banda!”, comentó. Y sí, los músicos encargados de los arreglos tocaron al punto sus versiones muy dinámicas y musicalmente no hubo fallos.

Aguilera fue, sin duda, una de las mejores presentaciones de la noche, se apoderó de “Estrella solitaria” de Agustín Lara al grado de que parecía una genuina canción propia, y “Quémate lento” fue la primera canción que fue coreada por el público, una versión muy bolero, pero con destellos de rock y guitarrazos.

Cecilia Toussaint deleitó a los asistentes con su melodiosa voz y su sostenida nota final se llevó consigo muchos aplausos. Aunque ningún aplauso tan fuerte como el que recibió a Saúl Hernández, a quien todos querían capturar con su cámara. Saúl inició con “Las ratas no tienen alas”, cuya adaptación al bolero también sonó natural, aunque sí pareció haber un poco de decepción por escoger una canción de Jaguares y no Caifanes, como las camisetas de los asistentes o la guitarra con el Sticker de Caifanes que unos fans elevaron al aire sugirieron. Aun así, Saúl pudo delegar parte del coro al público para así poder generar ese concierto karaoke que todos disfrutan, y su bolero tuvo un toque hasta macabro, aunque vocalmente no pareció ser la ideal para el cantante. Después de esta intervención, muchos asistentes comenzaron a irse, lo cual fue una lástima, ya que la participación de Jaime López estuvo llena de teatralidad y originalidad.

Sin olvidar el último número, después de los gritos de “¡otra, otra!”, en el que todos los cantantes se unieron para “Una copa más”, la cual funcionó porque cada uno cantó un par de líneas, pero generó también uno de los momentos inolvidables de la noche: cuando José Manuel y Saúl cantaron juntos una parte del coro ante la total aceptación de su público, un par de segundos compartidos entre esos gigantes que hizo que valieran la pena los altibajos del concierto. Pero después de todo, salir de la zona de confort conlleva sus riesgos y, como el mismo José Manuel apuntó, vinieron a Guadalajara a hacer cosas diferentes.

GPE

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