Niños "trans", situación “más natural de lo que parece”

El doctor David Barrios, especialista en el tema, señala que un buen acompañamiento profesional puede evitar las afectaciones psicológicas.
Mediante un buen acompañamiento profesional se pueden evitar las afectaciones psicológicas.
Mediante un buen acompañamiento profesional puede evitar las afectaciones psicológicas. (Eduardo Salgado)

México

En México no hay un registro oficial de los casos de niños transgénero; sin embargo, esa situación “es más natural de lo que parece”, afirmó en entrevista para MILENIO el doctor David Barrios, médico especialista en reasignación de sexo.

Mediante un buen acompañamiento profesional, señaló, se puede evitar afectaciones psicológicas en los menores cuya identidad de género no corresponde al sexo con el que nacieron.

“Cuando nos aproximamos ya a la pubertad biológica hay que decidir profesionalmente si conviene inhibir esa etapa hormonal para crear una distinta al sexo o género que la persona tiene”, detalló el experto.

Otra opción es “esperar a que suceda la pubertad e intervenir con hormonación —ya sea para feminizar o masculinizar—, de tal manera que el impacto de tener un cuerpo que no le corresponde a un niño o niña no sea tan fuerte y así pueda revertir los cambios lo mas oportunamente posible”, abundó Barrios.  

Tanto el transgénero como el transexual tienen un conflicto entre el sexo biológico y el psicológico, la diferencia es que el segundo busca la manera de cambiar hormonal, genital y socialmente el género con el que se siente identificado a través de procesos estéticos y quirúrgicos, así como de procedimientos legales. En ambos casos se les llama trans.

Según la Asociación Mundial para la Salud Transgénero, en el mundo hay una trans femenina por cada 11 mil 900 varones biológicos y un masculino por cada 30 mil 400 mujeres, además de que esta situación no necesariamente está ligada a la preferencia sexual.

En México no existen datos oficiales ni para adultos o niños en esta situación, pero eso no los hace invisibles.

“Linda” e “Isaac”

Linda es una pequeña risueña de 12 años que concluyó la primaria con 9.6 de promedio. Le gustan los ponys y peluches, así como bailar y ver televisión. Tiene muchas amigas y en el recreo se juntaba con un niño que siempre la aceptó tal y como es.

Ya está acostumbrada al rechazo y dice que no le hace mal. Pero las cosas están por cambiar: pronto entrará a una secundaria, en la que solo el director sabrá que biológicamente nació niño.

“En tercero todavía me vestía como niño para ir a la escuela, aunque en mi casa ya tenía ropa de niña; llegaba y me cambiaba, pero desde que entré a cuarto me visto las 24 horas como mujer”, dijo la menor en entrevista con MILENIO.

Para Linda ser una niña y no un niño es prioridad. Cada domingo su papá viene a visitarla y poco a poco ha empezado a aceptar que ahora tiene una hija.

“Feliz, me siento feliz porque tengo una vida bonita, mi mamá me acepta, mi papá también y vivo como me gusta”, dijo Linda con una gran sonrisa en la cara.

Otro caso es el de un joven transexual llamado Isaac, quien siempre rechazó los juguetes para niñas. Mónica, su mamá, descubrió lo que pasaba cuando su hijo tenía 7 años, pero no le dijo nada y esperó a que él tomara la iniciativa de aceptar su identidad.

Mónica le regaló unos patines para niña y cuando Isaac los vio no los quiso usar jamás. A partir de ahí las señales fueron más evidentes: quería tener el pelo corto y ponerse pantalones y playeras de niño hasta para ir a la escuela.

Isaac contó con el apoyo de sus padres, quienes al principio pensaron que al crecer se identificaría como lesbiana, pero al paso de los años se dieron cuenta que la situación se trataba más que de una preferencia sexual, era una cuestión de identidad.

“Si regresara en el tiempo no hubiera esperado, hubiera buscado la ayuda en ese momento y evitado que él entrara en una pubertad femenina... Desearía que Isaac tuviera el privilegio de tener un hijo como lo tengo yo, es algo que va a ser mucho más difícil para él de lo que fue para mí”, señaló Mónica sin poder evitar el llanto.

En la adolescencia Isaac entró en una depresión que puso en alerta a sus padres. Hoy los dos son activistas que luchan por la unión de las familias con personas trans y la diversidad sexual.

Proceso complejo

Legalmente, un menor de edad puede solicitar, tal como un adulto, una reasignación del acta de nacimiento y obtener una nueva identidad legal.

El artículo 498 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal contempla varios requisitos para lograrlo, entre los que se encuentra “ser mayor de edad o actuar a través de quien ejerza sobre la persona la patria potestad o tutela”.

Esa acotación da la pauta para lograr que un menor lleve a cabo este procedimiento ante un juez de lo familiar, si cuenta con el consentimiento de los padres.

Médicamente, para buscar la congruencia entre el sexo y la identidad de género, existen alternativas como el suministro de hormonas y la cirugía, pero en el caso de los menores de edad se procede solo a un bloqueo de la hormona de nacimiento, ya sea masculina o femenina, para que no se manifiesten físicamente los cambios propios de la pubertad.

Hasta que la persona llegue a la adultez podrá decidir si quiere hormonas del sexo contrario para, por ejemplo, inducir el crecimiento de mamas.

Además, el seguimiento psicológico de un especialista es elemental, ya que según la investigación estadunidense Family Acceptance Project, publicada en 2009, este tipo de jóvenes sufre un alto rechazo de parte de sus familias durante la adolescencia y tienen ocho veces más probabilidad de suicidarse y casi seis veces mayor riesgo de padecer depresión crónica.

Claves

Secuelas del rechazo

- Según la iniciativa Family Acceptance Project de Estados Unidos, el rechazo que padecen los trans hace que sean tres veces más propensos a consumir drogas.

- En 1990 la Organización Mundial de la Salud quitó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

- No obstante, en algunos manuales de diagnóstico de la OMS y de la Organización Americana de Psiquiatría aún se clasifica la transexualidad como un trastorno de identidad.