Los niños en el centro

Muy pocas universidades del país tienen programación para jóvenes públicos como si no fuesen a ser los universitarios del futuro.
Calidad en creaciones para público joven.
Calidad en creaciones para público joven. (Dánae Kótsiras)

México

En el contexto de la 24 Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación y de la 17 Conferencia Iberoamericana de Cultura, se realizó del 29 de agosto al 7 de septiembre el Festival Iberoamericano de Teatro Infantil y Juvenil en el Centro Cultural del Bosque del INBA. Que la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, de la mano de la SEP, el Conaculta y el INBA decidieran privilegiar las expresiones artísticas dedicadas a los niños y los jóvenes parece, por lo menos, insólito. Y también prometedor si no se queda en la esfera del evento único, de la ocurrencia de momento, del chispazo de inteligencia política. Poner a los niños y al teatro dedicado a ellos en el centro de la discusión y del disfrute es sembrar futuro. Hoy, por ejemplo, muy pocas universidades del país tienen programación para jóvenes públicos como si no fuesen a ser los universitarios del futuro. Hay países con una muy precaria o nula política cultural respecto a estos espectadores. Así, en semejante reunión de Ministros de Educación, poner al teatro para niños en el centro nos llena de cautelosa esperanza.

En distintas ocasiones he escrito en esta columna que si México tiene algo que presumir en términos teatrales es el enorme avance y consistencia de las creaciones para joven público. Dramaturgia, dirección, actuación, escenografía, vestuario, iluminación y producción en general, han elevado su nivel hasta alcanzar una calidad irrefutable en la esfera de lo iberoamericano. Se hace un teatro para joven público excelente, impulsado en buena medida por el INBA, pero sobre todo por el cambio de chip que se dio hace una década, cuando los creadores mexicanos decidieron tomarse muy en serio el tema.

El Programa de Teatro Escolar ha cumplido en México 70 años. Sin embargo, hoy no podemos decir que goce de cabal salud. Después de un apoyo contundente en los años noventa del siglo pasado, en la última década se ha ido reduciendo de manera más que significativa. ¿No sería coherente pensar en un aumento contundente de los presupuestos que lo contemplan? Hace un par de años escuchábamos testimonios de cómo las funciones de Teatro Escolar se suspendían con cierta frecuencia por los enfrentamientos de bandas criminales y ejército en ciudades de Tamaulipas. No obstante, la temporada se llevaba a cabo para esos niños a los que enseñan, además de las materias obvias, a tirarse al piso de los salones en el caso de escuchar una balacera. ¿No sería parte de la estrategia de seguridad nacional meter más dinero a la cultura?