Nikolaus Harnoncourt: El suave poder de la música

El deceso del maestro y director deja un hueco en la cultura musical austriaca y universal; su rescate de obras antiguas, sus innovaciones y la creación de festivales son algunos de sus aportes
Nikolaus Harnoncourt
Nikolaus Harnoncourt (Musacchio y Flavio Ianniello/AFP)

El sábado 5 de marzo falleció Johann Nikolaus, Conde de la Fontaine y de Harnoncourt-Unverzagt, conocido por todos los melómanos del mundo desde hace más de 60 años bajo el nombre de Nikolaus Harnoncourt. Aunque de cierta forma previsible ―nació 1929 y se retiró en diciembre pasado, anunciando con ello la inminencia del fin―, su desaparición física es, no obstante, una noticia catastrófica. A través de las innumerables acciones desplegadas en sus múltiples facetas, ocupaba un lugar muy privilegiado en la escena musical internacional desde mediados del siglo pasado; guardando todas las distancias, había llegado, acaso, al sitio antes reservado a Herbert von Karajan.

Nacido en Berlín, Harnoncourt creció en Graz, capital de Estiria y la segunda ciudad en importancia cultural de la República Federal de Austria. Tuvo una formación musical vienesa; vale decir, de muy alto nivel de exigencia, sofisticación y solidez. Ya para 1952 formaba parte de la Orquesta Sinfónica de Viena, donde ocupó el puesto de chelista y un año después fundó el ensamble con el cual a partir de 1957 desplegó una actividad incesante durante al menos cinco decenios, el Concentus Musicus de Viena, músicos con quienes produjo una buena parte de los más de 200 discos de vinilo y compactos de su catálogo de grabaciones y con quienes viajó por todo el mundo. Al frente de Concentus Musicus, Harnoncourt ―quien tocaba asimismo la viola da gamba, el chelo barroco, el basse de viole y otros instrumentos de arco― se impuso la tarea de interpretar un amplio rango de repertorio de música antigua.

La especificidad de la apuesta de Harnoncourt fue, en primer término, orientarse a la ejecución de instrumentos históricos de época, réplicas antiguas o réplicas modernas de un altísimo grado de similitud al original; en segundo plano, estudiar e interpretar las obras vocales o con elementos vocales protagónicos con el mismo criterio: es decir, considerando a la voz como un instrumento que también debía ser hecho sonar dándole profundidad histórica; finalmente, y en esto su arrojo y su inigualable capacidad de trabajo fueron decisivos, Harnoncourt pasó de emprender proyectos acotados a la música de cámara y a la música para conjuntos de mediana dimensión a la producción de fastuosas óperas barrocas, majestuosos ciclos de composiciones vocales y, de manera paulatina, al repertorio clásico, moderno y contemporáneo.

Harnoncourt se vio beneficiado por tener como compañeros de ruta a virtuosos fuera de serie como el clavecinista y organista holandés Gustav Leonhardt, con quien llevó a cabo infinidad de proyectos, entre ellos la grabación integral de las Cantatas Sacras de Johann Sebastian Bach, un set de ¡60! discos compactos. Pero incluso con grandes estrellas de la música antigua de mayor edad, como el contratenor Alfred Deller, Harnoncourt y el Consentus Musicus llegaron a coincidir en el rescate de músicas escasamente ejecutadas y, sobre todo, nunca ejecutadas con el criterio historicista defendido e impuesto por Harnoncourt. Es el caso de un disco de música sacra y secular de la Francia medieval grabado con el Deller Consort y Concentus Musicus, con piezas anónimas y composiciones de Matheus de Perusio, Guillaume de Machaut y Jehan Vaillant, entre otros.

El gran salto de Harnoncourt se dio en dos planos: como director musical de grandes montajes operísticos y como teórico musical. Respecto a lo primero, al dirigir el célebre ciclo de óperas de Monteverdi para la Ópera de Zúrich en 1970 marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea de las interpretaciones de las obras operísticas del Barroco.

Respecto a lo segundo, Harnoncourt deja al menos dos muy estimables libros de ensayos: Musik als Klangrede. Wege zu einem neuen Musikverständnis, de 1982 (Música como discurso sonoro. Hacia una nueva comprensión de la música, Acantilado, 2007) y Der musikalische Dialog. Gedanken zu Monteverdi, Bach undMozart, de 1984 (El diálogo musical. Reflexiones sobre Monteverdi, Bach y Mozart, Paidós Música, 2003). Sus dos principales obras escritas fueron traducidas a nuestra lengua muy tardíamente, es vergonzoso reconocerlo; pero, por otra parte, quizá sea ahora el momento de incursionar en ellas con la certeza plena de estarse adentrando en el pensamiento de una de las mentes musicales más lúcidas del siglo XX. Los escritos de Harnoncourt son cruciales y deben formar parte de la biblioteca básica de todos los músicos y todos los melómanos.

Como escribí en una crónica de 1998 (“Breviarios de Graz”), recogida en mi libro El asesino de la palabra vacía (2008), por aquellas fechas tuve la enorme fortuna de asistir a una acción de beneficencia ofrecida en su residencia por Ladislaja Maria Huberta Walpurga Fidelis, mejor conocida como Laja von Meran von Brandhofen, la madre de Nikolaus Harnoncourt. Los Harnoncourt, como un buen número de miembros de la alta aristocracia ilustrada austriaca, tenían, además de un trato exquisito, una visión social de la cultura extraordinariamente empática con el ideario socialdemócrata de su país. De tal modo, sus acciones de mecenazgo y patrocinio tenían un impacto sólido y perdurable en la sociedad de Graz, de Estiria y de Austria toda. El director de orquesta y gestor cultural sabía de la importancia del “poder suave” de la música, la cultura y las artes para generar plausibilidad política y social y ganarle prestigio a su país.

En este sentido es importante valuar y evaluar un aspecto de las aportaciones encomiables de Nikolaus Harnoncourt: su impulso a festivales artísticos multidisciplinarios y temáticos como el Steirischer Herbst (el otoño de Estiria) y Styriarte, llevados a cabo anualmente con sede en Graz y en su entorno. Tengo la convicción de estar ya en condiciones de comparar la labor de Harnoncourt con estos festivales a lo hecho, en su momento, por Max Reinhardt, Harry Graf Kessler y Hugo von Hofmannstahl al estimular la creación del Festival de Salzburgo. Aunque el Steirischer Herbst y Styriarte no tengan la celebridad internacional del ciclo de Salzburgo, son festivales muy útiles para darle una proyección artística de primer rango a Graz, pues artistas como Cecilia Bartoli, Jordi Savall, Arvo Pärt y René Clemenčič han sido invitados casi permanentes a esas dos celebraciones anuales de la alta cultura.

La última gran producción con Harnoncourt como director musical que tuve la suerte de ver, fue el montaje ultramoderno de The Rake’s Progress (1951), ópera en tres actos de Igor Stravinski, donde intervinieron Anne Sofie von Otter, Adriana Kučerova, Carole Wilson, Toby Spence y Alistair Miles, entre otros, contando además con la participación de la Sinfónica de Viena y el Coro Arnold Schönberg. Esta muy espectacular coproducción entre el Theater an der Wien y la Opernhaus de Zúrich tuvo una inolvidable peculiaridad: en el segundo acto había un segmento durante el cual los cantantes ―en virtud de la ya mentada flexibilidad creativa de Harnoncourt y sus secuaces― aparecían durante el rodaje de una película porno, algo completamente distante al libreto original del poeta W.H. Auden escrito para la ópera de Stravinski. Los espectadores quedábamos desconcertados, pues lo excitante no era tanto la desnudez de los intérpretes, sino el mero hecho de estar cerca de una escena pornográfica presentada abiertamente en un contexto operístico, algo totalmente inesperado y transgresor. Como haya sido, ninguno de los concurrentes a esa puesta en escena, presentada en noviembre de 2008 en el referido Theater an der Wien, podrá borrar de su memoria la nada breve secuencia en la cual los cantantes aparecían desnudos simulando tener relaciones sexuales en un set de filmación. Ignoro cómo se habrá vinculado Harnoncourt a este extrañísimo proyecto, pero el aliento aventurero de toda su trayectoria corresponde, a carta cabal, a ese momento perturbador y de ruptura.

@HectorOAguilar