El poder terapéutico del jazz

David Gutmann, de la Universidad de Washington, lidera un programa que busca mejorar la calidad de vida de niños que padecen neurofibromatosis.

México

Muchas culturas consideran que la música tiene un poder curativo. Para el doctor David Gutmann, “los científicos han descubierto que la música estimula distintas partes del cerebro y ayuda mucho a la gente que tiene problemas de salud como haber sufrido un infarto o un daño cerebral”.

El neurólogo asegura que se ha utilizado para “aliviar dolores después de una cirugía, y reduce el estrés y la ansiedad. Incluso en las unidades neonatales para bebés prematuros la música se ha usado para regular el ritmo cardiaco o respiratorio”.

Director del Centro de Neurofibromatosis de la Universidad Washington en San Luis, Misuri, Gutmann advierte: “Encontramos una oportunidad para tratar a niños con neurofibromatosis tipo 1 al usar la música, en conjunción con nuestra terapia motriz, para mejorar su situación”.

El centro inició hace tres años el proyecto en colaboración con el Programa de Terapia Musical de la Universidad Maryville y la organización Jazz Saint Louis. Sin embargo, las discusiones comenzaron dos años antes porque, explica, “yo ya tenía la idea de aplicar este tipo de terapia, dado mi amor por la música, particularmente el jazz. Además teníamos la oportunidad de reunir a toda esta gente para empezar a desarrollar una terapia para estos niños que no existe en otros lugares del mundo”.

Según el especialista, la neurofibromatosis 1 afecta a una de cada dos mil 500 personas en el mundo. Los niños desarrollan “una variedad amplia de problemas médicos. Tienen predisposición a adquirir cánceres en la edad adulta, pero de niños tienen retraso en sus habilidades motrices, tienden a la hiperactividad y muestran problemas de aprendizaje. Muchos también tienen problemas de percepción social”.

¿Qué les brinda la música?

Dado que la música posee ritmo, éste les proporciona una estructura en las clases que les impartimos junto con las de terapia motriz. En la terapia motriz normal no hay música, todas las señales son verbales o visuales, las que muchas veces estos niños no entienden bien. La música nos da la oportunidad de darles estas señales.

¿Qué les da el jazz?

Les proporciona el valor de la improvisación, que usamos para enseñarles a hacer cosas de maneras muy diferentes. Me refiero al control motriz, a la habilidad de caminar en línea recta, de levantarse y acostarse, brincar o balancearse en un pie, etcétera. Los niños entienden mejor y se les hace más divertido porque la música les brinda una estructura para ello. Los niños se vuelven más funcionales y hacen nuevas conexiones. Se incrementa su socialización con otros niños y mejoran su capacidad de expresarse.

¿Qué relación hay entre el jazz y la medicina?

Tienen principios comunes. En medicina todos los días debemos trabajar en colaboración con otros especialistas. Esto no es muy diferente en los músicos de jazz, que colaboran para hacer música. La improvisación es un elemento clave, algo de lo que no se habla mucho en las ciencias. Debemos trabajar con los pacientes con lo que tenemos a la mano y tomar decisiones al momento para ver qué dirección vamos a tomar. Y, por las circunstancias, podremos cambiarla. Eso es improvisación, un elemento clave en el jazz.

***

Con música en vivo se trabaja mejor

El neurólogo estadunidense David Gutmann señala a MILENIO que desde el inicio la terapia ha sido aplicada con la música en vivo, proporcionada por los integrantes de la organización Jazz Saint Louis. “Siempre usamos músicos porque es muy importante que los niños observen cómo se hace la música. Siempre hay músicos en la terapia: puede ser un bajista, un pianista, un percusionista, un saxofonista o un trompetista, tocando muy cerca de los niños”.

Hasta el momento en las terapias no se ha recurrido a la intervención de cantantes porque se ha centrado en los instrumentos, según afirma el especialista médico. “Los músicos nos permiten enseñarles diferentes cosas a los niños. Un contrabajista o un percusionista les ayudan, por ejemplo, a establecer un ritmo y, al día siguiente, viene un saxofonista y la sesión tendrá que ver más con la improvisación. Hay diferentes cosas que podemos hacer, según el instrumento. En la última sesión reunimos a todos los músicos para que los niños los vean funcionando como una unidad. En esa sesión también juntamos todo lo que han aprendido”.