Necesitamos un "Chicharito" de la tecnología: Oppenheimer

Durante cinco años el famoso periodista recorrió el mundo para entrevistar a quienes han roto paradigmas exitosamente. 
Las respuestas que obtuvo están en su más reciente libro.
Las respuestas que obtuvo están en su más reciente libro. (Paola García)

México

A raíz de la muerte de Steve Jobs, el periodista Andrés Oppenheimer emprendió una búsqueda que durante cinco años lo llevó a entrevistar personajes tan disímbolos como Richard Branson, el fundador de Virgin; Gastón Acurio, el reconocido chef peruano, lo mismo que al joven mexicano que en tres años logró convertirse en el principal vendedor de drones comerciales en EU. Recorrió desde Silicon Valley, hasta Barcelona, y todo en busca de las claves de la innovación. Las respuestas que obtuvo están en su libro ¡Crear o Morir! (Debate, 2014), que hoy será presentado por el autor y José Narro Robles en el Club de Industriales a las 19:00 horas.

¿Cómo nace este libro?

A partir de una columna, contando por qué en América Latina no surge Steve Jobs, Bill Gates o Mark Zuckerberg. Tenemos gente supertalentosa, pero ¿qué es lo que hace que esta gente surja en California, en Seattle, y no en México? Y entonces empecé a investigar; entrevisté a muchos innovadores exitosos, y después me dije: ‘No me quiero quedar ahí, porque la innovación va mucho más allá de la tecnología’. Y entonces empecé a entrevistar grandes innovadores de todos los campos: Pep Guardiola en el futbol, Gastón Acurio en la gastronomía, y varios innovadores en todos los ámbitos. ¿Por qué? Porque en el mundo actual y en el que se viene lo que va a determinar la prosperidad de los países no son las materias primas: va a ser la innovación, y ya lo estamos viendo. Hablando del fenómeno de Kodak, esta compañía se fue a la quiebra hace dos años, con 140 mil empleados, por no adelantarse; mientras que Instagram, una empresita de tres empleados que sí se metió en la fotografía digital, vendió en ese mismo año mil millones de dólares.

¿La innovación tiene que ver con la edad?

Para nada; por ejemplo, el caso de Gastón Acurio, el chef peruano que convirtió a la cocina peruana en un boom mundial la par de la cocina española, llevó un proceso de 20 años. Él innovó, ya que pasó de la cocina francesa a la peruana, y después hizo cosas interesantísimas: empezó a difundir sus recetas, cuando antes se pensaba que el cocinero se las llevaba a la tumba. Él empezó a compartirlas con otros cocineros peruanos y a trabajar con sus presuntos competidores. Me decía: ‘Nosotros no competimos, compartimos’.

Hoy en día tiene 43 restaurantes en 11 países, y todos ellos facturan más de 100 millones de dólares por año. El secreto en este caso fue no competir, sino compartir.

¿Qué otros personajes incluye?

Hay un capítulo sobre Pep Guardiola en el Barça. Ganaba todos los campeonatos habidos y por haber, entonces me puse a ver qué diablos inventó. Lo que descubrí es que el futbol ofensivo, en el que todos hacen todo, lo habían inventado en los años cincuenta y era llamado “futbol socialista” y después lo perfeccionaron los holandeses. Lo que hizo Guardiola fue que hay que innovar cuando estás ganando, porque todos lo hacemos cuando perdemos.

¿Cuánto tiempo le llevó este libro?

Cinco años. Yo me tomo un buen tiempo, porque todo esto es material nuevo, no un refrito. Entrevisté a grandes innovadores: fui a China, a Europa, a varios países latinoamericanos, a Nueva York.

Fui acumulando estas entrevistas, que van desde Donald Trump —al que pongo como ejemplo de no innovador— hasta Richard Branson, sobre el que tengo todo un capítulo porque ahora está creando vuelos espaciales y es el gran innovador.

¿Qué conclusiones extrae? ¿Cuáles son las claves de la innovación? ¿En América Latina estamos condenados a no innovar?

No, para nada. Cito una clave: la innovación en todos los casos nace en los lugares que veneran a los innovadores; todos estos chavos quieren ser los próximos Mark Zuckerberg o Bill Gates, así como en México todos los chavos quieren ser el próximo Chicharito. Por eso digo que necesitamos crear ídolos  populares entre los innovadores para que tengamos un Chicharito de la tecnología, un Giovani de la ciencia.

¿A quién le corresponde la tarea?

A los medios, a los empresarios. ¿Por qué los empresarios no ponen premios de 50 mil dólares al chavo que gana la Olimpiada de Matemáticas? Porque, como lo digo en el libro, hoy en día las jóvenes en México o Argentina sueñan con salir con un futbolista o un músico de rock, no con un genio de las matemáticas.