REPORTAJE | POR JULIO I. GODÍNEZ HERNÁNDEZ/ MILENIO DOMINICAL

Los cazadores de “arte degenerado”

Obras saqueadas por los nazis

Tras el hallazgo en 2012 en Múnich de cerca de mil 500 piezas de arte decomisadas por los nacionalsocialistas durante la guerra, por consideradas “indignas”, apenas se han devuelto 139 a sus dueños originales; las restantes están en internet para ser reclamadas.

Ámsterdam

El tiempo es el peor enemigo de Helen Schretlen. Cada año que pasa, esta historiadora holandesa de arte se enfrenta a la posibilidad de no descifrar la procedencia de algunas de las muchas obras que fueron consideradas por los nazis como "arte degenerado".

Esta mujer de figura espigada y pelo cano forma parte de un singular grupo de investigadores europeos, quienes durante años se han dedicado con discreción a rastrear piezas de arte que la Alemania nazi arrebató a sus dueños originales entre 1933 y 1945, periodo en el cual el totalitarismo extendió su brazo predador por gran parte de Europa.

Según cuenta desde su oficina ubicada en la ciudad de Ámsterdam, luego de trabajar por mucho tiempo como asistente litográfica en el Rijksmuseum —el famoso recinto que contiene las joyas del arte de los Países Bajos— la vida de Schretlen cambió radicalmente en 1998.

Ese año, la historiadora fue invitada a participar junto a su colega Eelke Muller en una investigación que requeriría la paciencia de un cazador experimentado y la suerte del mejor apostador. Ambas deberían descifrar el destino de un buen número de piezas de arte saqueadas por los alemanes en Holanda y consideradas perdidas, las cuales fueron enlistadas en la posguerra, entre 1945 y 1952, por la Fundación Neerlandesa de la Propiedad de Arte (SNK, por sus siglas en holandés)

El resultado de aquella detallada búsqueda fue publicada en 2002 en un libro titulado Betwist Bezit (Propiedad controvertida), el cual ilustra el difícil proceso de restitución de una obra a sus dueños originales —en su mayoría judíos o sus herederos— y cómo algunas de esas piezas fueron desaparecidas por los mismos investigadores del SNK para colocarlas en el mercado internacional de arte de manera irregular.

Luego de años de gestionar una plataforma para devolver los objetos desaparecidos en tiempos del nazismo a sus dueños originales, el 1 de febrero de 2009 Schretlen fue nombrada jefa de investigación del proyecto "Adquisiciones Museográficas de 1940 a 1948", el cual pertenece a la Asociación de Museos de Holanda. Ahí arrancó una intensa búsqueda de cuatro años para dar con los dueños del arte saqueado por los alemanes, el cual fue considerado producto de judíos y bolcheviques, y que permanecía en territorio holandés.

A finales de octubre pasado, los especialistas anunciaron con bombo y platillo el resultado parcial de sus largas investigaciones, en las que participaron 162 museos holandeses. En conferencia de prensa, Schretlen y su equipo informaron que 139 piezas de arte con "potenciales problemas históricos" y que pudieron haber sido robadas por los nazis habían sido encontradas por historiadores de los museos neerlandeses que participaron en la investigación.

De aquellas piezas, 69 pinturas, dos esculturas, 31 objetos decorativos, 13 objetos rituales judíos y 24 dibujos habían sido retornados ya a sus dueños originales gracias a que se constituyó un Comité de Restituciones para los bienes procedentes de la Segunda Guerra Mundial, el cual está encargado de analizar cada caso para determinar la validez legal de su restitución.

Por su parte, los objetos de los que aún falta descubrir quiénes son sus dueños y dónde se encuentran, fueron colocados en la página de internet musealeverwervingen.nl. "Lo que queremos —me comentó Schretlen— es que la gente nos ayude con información que nos lleve a dar con sus propietarios originales".

Entre las piezas aún no devueltas que pueden ser consultadas en el sitio web se encuentran Cuadro con casas, del pintor ruso Wassily Kandinsky, y Odalisca del francés Henri Matisse. Dos figuras del modernismo que eran viejas conocidas de Helen Schretlen y Eelke Muller, ya que ambos formaban parte de la lista de los "pintores degenerados", un grupo de artistas incluidos en una exposición montada por el régimen nazi para ridiculizarlos.

SALA DE LA LOCURA

En julio de 1937, en el cenit de la Alemania nazi, Robert Medley, entonces un joven pintor británico de 32 años, entró a una singular exposición titulada Entartete Kunst (Arte degenerado), la cual se encontraba montada en un edificio de la calle Prinzregentenstrasse del centro de Múnich.

Adentro, se encontró con piezas modernistas, abstractas, no figurativas de 112 artistas de la época como Marc Chagall, Paul Klee, Wassily Kandinsky y Oskar Kokoschka que deliberadamente habían sido colocadas para ponerlos en ridículo ante otra exhibición que se encontraba montada a unos metros en la Haus der Kunst (Casa del arte) y que mostraba obras con paisajes, soldados y rubias esculturales que contaban con la aprobación del régimen.

Durante su visita, Medley miró sorprendido los cuadros mal colgados que se hacinaban unos junto a otros sobre paredes con grafitis y las esculturas mal acomodadas en salas que los curadores clasificaron como "arte blasfemo", "arte que ofendía el honor de las alemanas", "obras de artistas judíos o comunistas" o "la sala de la locura".

Todos los trabajos estaban acompañados de sus respectivas fichas informativas que se burlaban de la técnica y los precios desorbitados que las autoridades alemanas habían pagado por ellos antes de 1933. En el catálogo de la exposición, el artista británico fallecido en 1994 leyó que la intención de la exposición era "revelar la idea y las intenciones filosóficas, políticas, raciales y morales detrás de ese movimiento artístico y las fuerzas motrices de corrupción que los motivaban".

Esa exposición, que después recorrería muchas otras ciudades alemanas y austriacas, sirvió como catálogo de los artistas y las expresiones que el propio Adolfo Hitler había calificado en su autobiografía como "el arte proveniente de mentes degeneradas".

Unos meses antes de la apertura de la exhibición, el Führer aseguró que esas "obras de arte no pueden ser entendidas por sí solas, sino que necesitaban de un libro con instrucciones pretenciosas para justificar su existencia". Y sentenció que las piezas "nunca más le llegarán al pueblo alemán".

En total, aquella exposición recibió un millón de espectadores, muchos más de los que recibió la que había recibido la venia de los nazis. Tal como Robert Medley, muchos de los visitantes acudieron creyendo que se trataba de su última oportunidad de ver este tipo de arte en Alemania, y no se equivocaban.

EL TESORO DE MÚNICH

Tras el anuncio del hallazgo de los dueños originales de arte decomisado por los alemanes por parte equipo de la investigadora Helen Schretlen en octubre pasado, dos preguntas quedaron en el aire: ¿Por qué habían tardado los museos holandeses casi 70 años en examinar sus colecciones en busca de arte saqueado por los nazis? y ¿cuánto material más podría aparecer en otros países? Esta última pregunta tardaría prácticamente solo unos días en responderse.

El 4 de noviembre el semanario alemán Focus llevó a su portada un foto arte en el que aparecía una imagen de Adolfo Hitler frente a unos cuadros con el escandaloso encabezado: "El tesoro nazi". De acuerdo con la publicación, mil 500 piezas de arte de diferentes artistas, entre ellos Picasso, Matisse, Chagall, Marc y Durero habían sido hallados en un departamento de Múnich desde febrero de 2012 sin que las autoridades germanas dieran cuenta de ello ni siquiera a las asociaciones de supervivientes del Holocausto ni a las organizaciones que representan a las víctimas de los nazis para, dijeron, "no entorpecer las investigaciones", lo que desató una ola de críticas.

Según el semanario, los objetos, que fueron valuados por expertos independientes en más de mil millones de euros, habían sido preservados por décadas en ese departamento del barrio de Schwabing por un octogenario llamado Cornelius Gurlitt, hijo de un comerciante y coleccionista de arte de nombre Hildebrand. Más tarde se sabría que este hombre estaba a cargo de liquidar las miles de obras de arte moderno que Hitler ordenó retirar de los museos alemanes a través de una Comisión para la Disposición del Arte Degenerado. No obstante, eventualmente, Hildebrand se habría quedado con cientos de piezas.

El 5 de noviembre, tan solo un día después de que Focus diera a conocer el increíble hallazgo, aparecieron en una conferencia de prensa Reinhard Nemetz, jefe de la policía de Augsburgo, una ciudad ubicada a 80 kilómetros de Múnich cuya fiscalía está a cargo de la investigación; Steffen Seibert, portavoz del gobierno local de la misma ciudad, y Meike Hoffmann, una historiadora de arte que como Helen Schretlen, ahora dedica su tiempo a indagar el pasado del "arte degenerado".

En aquella conferencia, los funcionarios aceptaron que el hallazgo se había llevado a cabo más de año y medio atrás, pero aclararon que se trataba de mil 406 obras. Sin embargo, no quisieron precisar cómo habían dado con el valioso almacén que permaneció oculto en los cuartos de aquella propiedad por más de 50 años sin levantar la más mínima sospecha.

No obstante, algunos detalles de la operación han aparecido en la prensa alemana, entre ellos que en 2010 unos funcionarios aduanales detectaron que Cornelius Gurlitt viajaba de regreso a casa desde Zúrich con nueve mil euros en efectivo. Aparentemente, las autoridades comenzaron a seguirle la pista hasta que dos años más tarde lograron obtener la orden judicial para entrar a su departamento de Múnich donde encontraron las obras, algunas de ellas, aseguraron, completamente desconocidas.

Durante su intervención, la investigadora berlinesa Meike Hoffmann, quien ha respondido las peticiones de entrevista a este reportero con un correo automático de disculpa, aseguró que "estamos hablando de un hallazgo clave. Encontrar algo así supone un sentimiento de felicidad extraordinario".

Ahora se sabe que en 2012 Hoffmann también formaría parte de los cazadores de "arte degenerado". Luego de que le informaran a la canciller Angela Merkel del multimillonario hallazgo, esta berlinesa fue designada como encargada de la investigación del llamado "tesoro de Múnich".

Hasta el momento, gracias a la presión de la opinión pública, Hoffmann y su equipo han publicado la historia de 25 de los más de mil cuadros hallados en el sitio lostart.de. Entre las obras que ahí se encuentran, destaca una de Henri Matisse La dama sentada, un cuadro pintado en 1924 muy similar a Odalisca de 1921, el cual fue hallado por Helen Schretlen y su equipo en Holanda.

PROCESO LARGO

En los últimos años, los dueños originales de "arte degenerado" han sido localizados dentro de Europa, pero también fuera del continente. "Algunos de ellos en Estados Unidos —comenta Schretlen. La mayoría son familias judías que escaparon de Alemania o de Holanda".

No obstante, en este momento los especialistas se enfrentan a varias dificultades al rastrear a sus propietarios. Uno es la falta de cooperación entre los vendedores como las casas de subastas. Durante nuestra conversación, Schretlen afirmó que muchas veces han solicitado datos a casas famosas como Sotheby's, sin embargo muchas veces se las han negado argumentado que si proporcionan información estarían violando la privacidad de sus actuales dueños.

La segunda dificultad es la continua aparición de abogados que se dedican también a rastrear piezas y a descifrar quiénes son sus dueños. "Buscan a los propietarios y les preguntan: '¿Sabía usted que es dueño de un cuadro con tal valor... ?'. Ese es su negocio", afirma la holandesa.

Regularmente, para lograr que las piezas vuelvan a las familias a las que pertenecían antes de 1933, es necesario un proceso largo, que nunca es similar a otro. Sin embargo, según la historiadora, en algunas ocasiones el trabajo es tan fácil como que las personas mismas llamen y prueben con un documento, como una foto o una factura, la propiedad de la pieza.

Pero, en la mayoría de los casos no es tan simple. "La mayoría de las personas que reconocen una pieza es porque convivieron con ella en una casa o en una oficina en algún periodo de su vida —sostiene. No obstante, cada año que pasa es más difícil encontrar a estas personas. Como te decía, el tiempo es nuestro peor enemigo".