Natasha Grey: “El trabajo me desahoga y da equilibrio”

Natasha Gray es una mujer y artista de campo. Explorar la naturaleza es una de sus obsesiones, como también lo son la fotografía, el dibujo y la instalación.
Natasha Gray
Natasha Gray

Natasha Gray es una mujer y artista de campo. Explorar la naturaleza es una de sus obsesiones, como también lo son la fotografía, el dibujo y la instalación. Optimista por decisión, aun cuando no es fácil en un país como el nuestro, ha sabido hacer de su trabajo su tabla de salvación. Actualmente expone su colección Vida en la Galería El Rojo de Tacubaya, en la Ciudad de México.

¿De dónde viene su devoción por la naturaleza?

Crecí en la Ciudad de México pero me fui a vivir al desierto de Texas. Durante ocho años había meses en que solo veía a dos o tres personas. Después regresé a la ciudad, pero desde entonces mi refugio es el campo.

¿Es de las que piensan que entre más tratan con humanos más aman a los animales?

No. El humano tiene una importancia, aunque es verdad que reúne lo mejor y lo peor de la naturaleza. Nunca diría que prefiero a mi perro sobre un amigo, aunque es verdad que el contacto entre humanos suele ser conflictivo.

Su obra tiende a lo luminoso por no decir a lo optimista.

Mi hijo dice que soy demasiado optimista y que por eso le doy flojera. No sé, simplemente prefiero ver las cosas buenas. No obstante, estoy consciente de que lo malo abunda.

Cuando quiere encontrar lo bello, ¿dónde lo busca?

Tras una larga enfermedad mi mamá falleció hace tres meses; era mi apoyo más fuerte. Mientras la cuidaba me puse a crear y descubrí que el trabajo me desahoga y da equilibrio.

¿Cómo fluye mejor su proceso creativo, en el caos o en la paz?

Me siento mejor cuando no hay caos, pero no es fácil encontrar tranquilidad; tengo familia, amigos y vivo en un país complicado. En medio del caos, mi taller es mi remanso de paz.

¿Cuántas horas pasa en el taller?

En un día normal entro a las nueve de la mañana y trabajo sin parar hasta las tres y media de la tarde, después llegan mis hijos y paso un tiempo con ellos, más tarde regreso a trabajar de media tarde hasta la noche.

Workaholic pues…

Sí, y además mi obra es muy elaborada, exigen detalles.

¿Cuándo compró obra en un jardín del arte?

Hace mucho que no voy, pero sí he ido. No entiendo los prejuicios hacia esos espacios, hay artistas que pintan muy bien.

¿A quiénes admira?

De mis amigos pintores, José Antonio Farrera es un pintor de verdad, sus cuadros huelen a óleo y se puede ver su bien-hacer, está comprometido realmente con su profesión.

¿Hay buena crítica de arte en México?

Sí. Miriam Moscona escribió una hermosa crítica sobre mi obra. La cuestión en México es que el medio del arte está monopolizado y se concentra en ciertas galerías y artistas esnobs.

Siempre hay una relación amor-odio entre los artistas y las galerías…

Es raro encontrar una galería con la que se puede trabajar de una manera realmente justa. Supongo que de su parte dirán lo mismo o pensarán que es raro trabajar con un artista cumplido o que no haga ventas a sus espaldas.

¿Usted es de las cumplidas o de las incumplidas?

Soy bastante cumplida. Dentro de mi obsesión por la calidad, cuido la puntualidad.

Positiva, puntual… demasiada rectitud, ¿no?

A lo mejor está mal que lo diga, pero trato de ser recta.

Algún talón de Aquiles tendrá.

No sé promoverme bien. Me cuesta mucha trabajo la parte social, las inauguraciones, relacionarme con el mundo. Está mal porque el mundo del arte se mueve a base de relaciones públicas y contactos.

¿Pesa más la relación pública que el talento?

Sí, sin duda.

RECUADRO

Nació en la Ciudad de México en 1969. Realizó estudios en la Academia de San Carlos y en la Escuela de Artes Plásticas de París. En Nueva York, trabajó con el artista español Miguel Ángel Argüello. Ha expuesto de manera individual en el Museo Arte Moderno de Yucatán, en la galería Octavio Paz del Instituto Mexicano de Cultura de Nueva York, en la Fundación Sebastián, en el Centro de las Artes de San Luis Potosí y en el Museo Universitario del Chopo.