130 años de Diego Rivera: realizaciones y pendientes

Falta aún el catálogo razonado, así como una exposición retrospectiva; sin embargo, el programa de homenajes al artista continuará en 2017 con motivo del 60 aniversario de su fallecimiento.
El artista a los cuatro años de edad, en Guanajuato.
El artista a los cuatro años de edad, en Guanajuato. (Cortesía Cenidiap )

México

La efeméride de los 130 años del natalicio de Diego Rivera se conmemoró con las grandes exposiciones: Diego Rivera re-visiones de Norteamérica, en el Museo Mural Diego Rivera, la cual reunió y mostró por primera vez obra que nunca se había exhibido y todo el trabajo que hizo el artista en la Unión Americana,  y con la muestra internacional Picasso y Rivera: conversaciones a través del tiempo, organizada por el museo del Condado de Los Ángeles en colaboración con el Palacio de Bellas Artes, que acaba de ser inaugurada en esa ciudad.

Sin embargo, faltó por realizarse el catálogo razonado, así como la exposición retrospectiva y la publicación conmemorativa que se anunció como parte de este gran homenaje, el 24 de noviembre del año pasado en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores, durante la ceremonia por el aniversario luctuoso de Diego Rivera, cuando su hija Guadalupe Rivera Marín pidió que con motivo del 130 aniversario del natalicio de su padre, que se cumpliría en 2016, se realizara un gran homenaje.

“Me permito hacer pública mi petición de que el año entrante hagamos un reconocimiento especial, aparte de su aportación pictórica, de su ideología, con la que murió y la que defendió hasta el día de su muerte, por lo que él hizo por rescatar nuestras culturas prehispánicas. Perdón que abuse al pedir que hagamos lo posible para que el año entrante se haga el gran reconocimiento a la lucha prehispánica de Diego Rivera”.

La respuesta fue inmediata: María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, se comprometió a organizar un gran programa para difundir la obra del artista guanajuatense. “El compromiso que tenemos de sembrar en las nuevas generaciones el valor de este mexicano universal y, desde luego, próximamente estaremos anunciando que habrá mesas redondas, un sitio especial, habrá una gran exposición retrospectiva, una publicación especial, el catálogo razonado y exposiciones en el extranjero. Es un compromiso permanente que tenemos con la obra de Rivera y ya estamos trabajando en ello”.

La directora subrayó: “Será un gran homenaje a este gran mexicano, que iniciará a mediados de 2016. Ya estamos trabajando; como saben, estos homenajes se preparan con gran anticipación, y próximamente lo daremos a conocer”.

Magdalena Zavala, coordinadora nacional de Artes Visuales del INBA indicó que el programa de homenajes a Rivera continuará en 2017 con motivo del 60 aniversario de su fallecimiento.

EL MEJOR COTIZADO

Aunque con pendientes, este 2016 fue el año de Diego Rivera, debido a que se volvió a posicionar como el artista mexicano mejor cotizado en el mercado del arte, superando a Frida Kahlo.

Su obra Baile de Tehuantepec rompió el récord de venta al alcanzar los 15.7 millones de dólares que pagó el argentino Eduardo Costantini para obtenerla, señaló el crítico de arte Juan Coronel Rivera, quien, además de ser nieto del muralista, es uno de los grandes conocedores de su obra.

Coronel Rivera recordó que en 1965 un cuadro cubista de Diego Rivera alcanzó un precio muy significativo, luego de que Dolores Olmedo pagara 60 o 70 mil dólares por él: “En ese momento fue la obra cubista más cara del mundo; ni Picasso estaba en ese cenit”.

GUANAJUATO LO VIO NACER

Cuenta Guadalupe Rivera Marín que su papá Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, mejor conocido como Diego Rivera, nació en la ciudad de Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886, en la calle de Positos 47. Relata que salieron huyendo de la llamada ciudad minera, ya que por motivos políticos la vida de su abuelo corría peligro, así que Rivera pasó allí solo los primeros años de sus vida.

En la Ciudad de México vivieron en una vecindad, en la calle de San Ildefonso. Cuando Diego tenía siete años lo llevaron a la escuela pero no le gustó: “Él decía que todo lo que tenía que aprender, lo aprendería en su casa. Era el Hispano Mexicano, una escuela de jesuitas, que estaba a unas cuadras de su casa”.

En toda la primaria el único 10 que sacó fue en dibujo. A los 10 años lo metieron a un colegio militar, pero no estuvo ahí ni tres semanas, y “le pidió a mi abuelo que, por favor, lo liberara de esa escuela porque él no podía estar ahí”.

Entonces lo inscribieron en la Escuela Nacional Preparatoria, que le quedaba cerca de su casa, y en ese recinto, al que después regresaría para pintar sus muros, pasaba todas las tardes. Al salir de ahí, ingresó a la Academia de San Carlos, que estaba en la calle Academia, de la que salió para compartir su arte y sus ideas políticas en México y por el mundo.