La música es como mi sangre: Héctor Vasconcelos

El pianista, diplomático y promotor cultural dice que a través de esa disciplina “uno puede tener las más intensas experiencias”
Vasconcelos con la Orquesta Clásica de México, dirigida por Carlos Esteva.
Vasconcelos con la Orquesta Clásica de México, dirigida por Carlos Esteva. (Especial)

México

Las campañas políticas suelen estar acompañados de mariachis, grupos de rock, ska o banda. Pero Héctor Vasconcelos cerró la suya como aspirante a delegado de la Miguel Hidalgo con un concierto de música clásica. No ganó, pero sentó un precedente que no debe soslayarse.

Pero no hemos llegado a casa del también promotor cultural y diplomático, alguna vez director del Festival Internacional Cervantino y de Operalia, para hablar de política, sino de música. Recientemente publicó su libro Para entender la música clásica (Nostra Ediciones), al que define como “una introducción para personas que no tienen ningún entrenamiento previo, alguien que tenga al menos una formación de secundaria o preparatoria”.

El autor busca “abrir una ventana hacia ese campo infinito de la música través de sus elementos esenciales: qué cosa es un acorde, un intervalo o una escala, y luego explicar las principales formas de la música. Es una introducción para alguien completamente lego en el tema. También se habla de los principales periodos de la música y los músicos más importantes”.

Vasconcelos admite que hay temas que no están incluidos, aunque sí aparecen los elementos fundamentales. “Por ejemplo, si uno habla de las formas musicales, hay muchas, pero nada más importante que la sonata, la fuga o la suite, formas fundamentales. Si alguien tiene una idea sobre ellas, ya puede seguir leyendo, y sobre todo escuchando, más y más música. También se puede adentrar en el tema y llegar tan lejos como quiera, volverse erudito, pero hay que empezar en un lugar”.

El autor dice que se ha encontrado “gente de la intelectualidad de México, de lo más brillante, a la que le pregunto: ‘¿Sabes en qué consiste una sonata?’. Se quedan con la cara en blanco, como si les estuviera hablando del más recóndito problema de la astrofísica o de la biología molecular, y me dicen: ‘No tengo la menor idea’. La idea de este libro es dar una puerta de entrada a la música clásica”.

 ¿Cuál es la importancia de la música?

A través de ella uno puede tener las más intensas experiencias, tanto desde el punto de vista emocional como intelectual. Yo sí creo que la gran música, y la gran poesía, son lo que más nos acerca a la esencia de lo que es la experiencia humana, más que la filosofía, incluso más que las ciencias exactas. Son lo único que tenemos disponible para tratar de dilucidar un poco que es esto de la existencia humana.

¿De dónde proviene su amor por la música?

Tiene una raíz muy remota: mi madre, Esperanza Cruz, fue una de las más importantes pianistas de México en el siglo XX, así que, literalmente, desde que abrí los ojos había música clásica en mi casa. Seguramente desde mi gestación ya escuchaba música porque mi mamá estaba estudiando o tocando con otros grandes músicos. La música es como mi sangre: nunca tuve una aproximación porque ya estaba en ella.

¿Cómo fue la relación de su padre, José Vasconcelos, con la música?

Escribió mucho sobre música, más que cualquier otro escritor mexicano del siglo XX… No recuerdo otro autor que se haya ocupado tanto: no me refiero a los críticos, sino a los escritores en general, sobre todo en sus textos filosóficos. Simultáneamente a su enorme interés, no tenía ningún conocimiento. Si yo le hubiera preguntado para qué es una sonata, también se hubiera quedado en blanco. Él mismo me contaba que, de niño, en lo que obtuvo sus peores calificaciones fue en música porque no tenía buen oído. Sin embargo, le fascinaba el fenómeno musical, es parte de toda su concepción de la estética y de la educación. Cuando funda la Secretaría de Educación establece conciertos y en las escuelas le da una gran importancia a la instrucción musical.

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“No puedo vivir sin discos”

Desde los ocho años, Héctor Vasconcelos desarrolló un hábito que no ha perdido hasta la fecha: el coleccionismo de discos. “Sin embargo, porque yo era como un niño en una juguetería, recuerdo que una época de mi vida mi padre me dijo: ‘No, no, no puedes comprar tantos discos, no puedes llevarte todos, ni vas a tener tiempo de oírlos. Te voy a comprar uno solo, pero diario’.

“Entonces me compraba uno al día, porque es lo que podía oír. Esto fue cuando tenía 9 o 10 años”.

De este modo comenzó a hacer una colección fantástica, la cual donó a la Biblioteca Vasconcelos cuando se inauguró: “Ahí hay una fonoteca que lleva el nombre de mi madre, constituida por mi colección de discos desde elepés, casetes y discos compactos, hasta algunos de 78 revoluciones por minuto. Desde entonces hasta la fecha he hecho otra colección, porque obviamente no puedo vivir sin discos, y que eventualmente donaré a la Fonoteca Esperanza Cruz”.

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