La música narrada

"Después de echar un vistazo a este planeta, cualquier visitante del espacio exterior diría: quiero ver al gerente".
William S. Burroughs
William S. Burroughs (Especial )

México

"Después de echar un vistazo a este planeta, cualquier visitante del espacio exterior diría: quiero ver al gerente". Esta línea que habla del caos que habitualmente nos rodea, fue escrita por William Burroughs, ese gran novelista de imaginación expansiva cuyas obras están repletas de ese caos que con tanta gracia denunciaba. Su obra total, la que incluye literatura, música, cine y pintura, es un universo caótico que funciona como un reloj, con una precisión que bien puede confundirse con el orden.

Su amor por las armas de fuego ("no quiero vivir en una sociedad en la que las únicas personas a las que se les permita tener armas sean policías o militares") se sublimó en una serie de lienzos pintados literalmente a balazos, con una pistola calibre 45, que manipulaba con gran talento en el jardín de su casa en Lawrence, Kansas, cuando ya era un viejo que había dejado las drogas y que solo conservaba el vicio menor, y ridículo para los estándares que constan en su historial, del vodka con Cocacola. Antes, esa pasión por las armas todavía sin sublimar, lo había conducido al asesinato de su esposa Joan Vollmer, una joven de 28 años que lo había acompañado a instalarse en la Ciudad de México, mientras se enfriaba una orden de aprehensión que lo esperaba en Estados Unidos. La vida de Joan y Burroughs en el DF dejó estampas inolvidables en las calles de la colonia Roma: los dos bebiendo, a altas horas de la noche, aguardiente en un cafetín, mientras del otro lado del vidrio, afuera en la banqueta, sus dos hijos dormitaban, después de haber jugado toda la tarde al avión. La historia dice que, después de una de esas tardes, Burroughs le pidió a Joan que se pusiera un vaso en la cabeza y acto seguido, sin mucho tino, disparó al vaso. El lío legal, y moral, que le trajo el asesinato involuntario de su mujer, lo metió en un torbellino anímico que terminó en Marruecos, dentro de un cuartucho en el que escribió cientos de hojas amarillas que, una vez ordenadas por sus amigos, constituirían la novela The naked lunch, una obra que Burroughs escribió durante un año, apoyado en todo tipo de sustancias y sin quitarse, ni una sola vez, los zapatos. Quizá la obra menos conocida de este escritor, después de sus lienzos pintados a balazos, sea su incursión en la música. La primera vez que me topé con un disco de William Burroughs, fue en una legendaria tienda de discos, hace ya mucho tiempo desaparecida, llamada Hip70. En aquel garito que estaba en la avenida Insurgentes Sur, podían comprarse discos importados de Estados Unidos, lo cual era un privilegio en aquellos años en que el Rock estaba mal visto por las autoridades porque, según su punto de vista y su muy particular criterio, se trataba de un tipo de música que incitaba a los jóvenes al desorden. La onda expansiva de aquel punto de vista iba secando, como un viento árido, el Rock que había en la radio y en los pocos salones donde se tocaba en directo, y en cambio se sometía a la juventud de entonces, a grandes dosis de Bee–Gees, Jackson Five y Barry Manilow, y al mismo tiempo provocaba que los que, a pesar de Tavares y Kool & the Gang, nos empeñábamos en oír Rock, tuviéramos que salir a buscar las obras a tiendas oscuras, y casi al margen de la ley, como era el caso de Hip70, donde había que buscar los discos pastoreado por un enorme perro doberman, que hacía las veces de vigilante con el añadido de que te olisqueaba los corvejones y la entrepierna mientras mirabas los discos. Ahí, rigurosamente olisqueado por el perro que lucía un collar negro de pinchos largos y plateados, encontré un raro disco de William Burroughs con Frank Zappa que compré y después perdí, aunque me quedé con la certeza de que William Burroughs, que entonces me parecía un escritor deslumbrante, tenía un pie metido en el mundo de la música, cosa que hoy es muy fácil de comprobar en la Red. En YouTube hay varias de sus canciones, su colaboración con Zappa incluida, y también hay una docena de joyas en Last.fm e incluso hay otras que pueden comprarse en iTunes, es decir, que tener acceso a la obra musical de William Burroughs hoy, tiene tanto chiste como conseguir canciones de Katy Perry. La búsqueda de sus rolas ha perdido épica, pero nada más; oír su grave canto declamatorio sigue siendo una gran experiencia, se trata de un escritor de grandes ligas que participó en más de cincuenta discos, y que cuenta, hasta donde alcanzo a ver, con 11 álbumes solistas, lo cual lo sitúa, de entrada, como el músico que más novelas ha escrito, o como el escritor que tiene más discos. Su obra musical va de la parrafada extraída de alguna sus novelas, a la sentida arenga política o social o, en varias ocasiones, su voz y su inglés oscuro y reptante, más narrado que cantado, han sido puestos en una base musical y manipulados para dotarlos de ritmo y hacer una pieza rapeada, como esa muy conseguida que está en YouTube y que se titula "Is everybody in", un título que sale de una famosa estrofa de Jim Morrison y que está montada sobre dos fragmentos de canciones de The Doors, la sólida "Back Door man", que con la voz de William Burroughs hace una estrafalaria, y extraordinaria, consonancia. Además de su disco que más circula, Spare Ass Annie and Other Tales (1993), y que contiene su muy célebre filípica "Words of Advice for Young People", voy a mencionar algunas obras importantes, sin pretender agotar la historia musical de Burroughs que todavía hoy, a pesar de que lleva dieciséis años muerto, sigue dando algún fruto. Tenemos el Cash Cow, The Best of Giorno Poetry Systems (1965–1993), que es un álbum en el que Phillip Glass, Diamanda Galás y Laurie Anderson (que, por cierto, debe a una novela de Burroughs su famoso título Language is a virus), arropan la, digamos, canción, "The talking Asshole", que articuló Frank Zappa a partir de un pasaje de la novela The naked lunch, leído por el mismo Burroughs; se trata de la misma pieza que compré, en formato de 45 RPM, antes de que fuera incluida en un álbum completo, en la legendaria Hip 70. Hay otro, Like a Girl, I Want You to Keep Coming (1989) en donde canta, o más bien declama, junto a músicos como Debbie Harry, David Byrne, New Order y Henry Rollins Band. También colaboró con Ministry (Just One Fix, 1992), con los estupendos The Jesus & Mary Chain (en una edición alternativa, y rara, del álbum Almost Gold, 1992), con Cabaret Voltaire (1987) y con el desaparecido Kurt Cobain, en un álbum titulado The Priest They Called Him (1993), que está emparentado con el sacerdote, el padre Tom, que aparece en la película Drugstore Cowboy (1989) de Gus van Sant, y que es interpretado por el mismísimo William Burroughs, de sotana oscura y verbo convincente, un verbo que busca enderezar la vida descarriada de un personaje que interpreta Matt Dillon. Aquel sacerdote de cine originó una pieza que quizá sea, junto con "Words of Advice for Young People", su mayor hit: "Hipster Be–Bop Junkie", track del álbum The Elvis of Letters (1985), realizado por Burroughs, en las letras, y Gus van Sant J.r., en la música. Otro álbum célebre, por su delirante alineación, es Les Temps Modernes (1987), en el participa un trío difícilmente superable: W.S. Burroughs, Jean Cocteau y Jacques Derrida. Hay también rarezas radicales como Cold Spring in UK (sin fecha), del que existen, hasta donde se sabe, 23 copias en caset; o aquel otro de título The Revised Boy Scout Manual (sin fecha), que consta de tres partes en las que Burroughs narra, en una suerte de manual, las instrucciones puntuales para derrocar a un gobierno; fue grabado originalmente en tres casets y tanto de éste, como del anterior, circula por Internet alguna parrafada. Y para terminar transcribo aquí esta amenaza que nos dejó el maestro: "me estoy yendo tan lejos que un día no podré regresar".