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Martes , 17.07.2018 / 03:48 Hoy

Música hecha para azuzar las conciencias

Dorian Lynskey hace la historia de la canción de protesta, que en Estados Unidos despegó desde el movimiento obrero de principios del siglo XX.

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Xavier Quirarte

En 1955 Pete Seeger advertía: “Necesitamos miles de canciones nuevas: de humor, para burlarnos de la maldita necedad de este mundo; canciones de amor y fe en la humanidad y el futuro; canciones para azuzar nuestras conciencias y agitar nuestro enfado e indignación”.

La cita, recuperada por Dorian Lynskey en su libro 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta (Malpaso, 2016), parece hablar de nuestros días. El autor comenta: “Empecé este libro con la idea de escribir una historia sobre una forma de música aún vigente. Lo terminé preguntándome si, en su lugar, no habría escrito una elegía”.

El periodista británico ha investigado sobre autores y canciones emblemáticas de la música anglosajona que revolucionaron al mundo (incluye también al chileno Víctor Jara, que tuvo una relación estrecha con Phil Ochs).

El libro abarca desde “Strange Fruit”, cantada por Billie Holiday, hasta “American Idiot”, de Green Day. En una historia fascinante y bien documentada, Lynskey recupera autores como Woody Guthrie (“This Land Is Your Land”), Bob Dylan (“Masters of War”), Nina Simone (“Mississippi Goddam”), James Brown (“Say It Loud–I am Black and Proud”), Plastic Ono Band (“Give Peace a Chance”), Fela Kutie (“Zombi”) y otros.

En entrevista para MILENIO, Lynskey declara que no hubo una canción que despertara su apetito por abordar el libro, pero que leyó dos obras que le dieron confianza para hacerlo: Like a Rolling Stone, de Greil Marcus, y Strange Fruit, de David Margolick. “Pensé que si ellos podían escribir un libro entero sobre una canción, entonces fácilmente yo podría manejar un capítulo. Me emocionó la idea de desempacar una canción y mostrar a los lectores toda la información que había allí escondida”.

¿Las canciones de protesta son la banda sonora de los movimientos sociales?

Pueden serlo, aunque hoy esa es una idea bastante anticuada. Las canciones de protesta estadunidenses realmente despegaron en el movimiento de los trabajadores a principios del siglo XX, como algo para inspirar a los cansados y hostigados en las piquetas de huelga. Allí fue donde se originaron canciones como “We Shall Overcome” y “We Shall Not Be Moved”. Y, por supuesto, fueron tremendamente importantes en el movimiento por los derechos civiles. Las canciones que escuchas ahora en las marchas tienden a ser las más viejas, como “We Shall Overcome” y “Give Peace a Chance”, canciones reconocibles instantáneamente que son fáciles de cantar en masa. La mayoría de
las canciones de protesta no se prestan en sí mismas para ese propósito, pero los manifestantes del movimiento Black Lives Matter abrazaron la canción “Alright” de Kendrick Lamar como un himno el año pasado, así que todavía puede suceder.

Ted Gioia dijo que “las grandes revoluciones en la vida social se manifiestan primero en la música” y que, en algunos periodos, “crearon cambios sociales”. ¿Estás de acuerdo?

No sé exactamente lo que quiso decir Ted, pero durante mucho tiempo la música popular fue la más iluminada y oportuna forma de arte. Podías escuchar el crecimiento de la conciencia negra en la forma en que las letras cambiaban, por ejemplo, o entender cómo se sentían los jóvenes jamaiquinos al escuchar el reggae político. Todas las turbulencias musicales verdaderamente significativas, como el punk o el hip hop, representan la energía y expectativas de una nueva generación y su influjo se siente en otras formas de arte.

¿Tienes alguna canción favorita de las que aparecen en el libro?

No tengo una favorita absoluta porque cada una da cosas diferentes. ¿Cómo puedes comparar, por ejemplo, “Fight the Power” y “Shipbuilding”? Pero una que encuentro continuamente apasionante y perturbadora es “Mississippi Goddam”, de Nina Simone. No hay una versión de estudio, solo versiones en vivo, y en algunas de ellas puedes escuchar la reacción del público. Puedes sentir cómo cambia el ambiente en el recinto mientras se pone más y más enojada.

Dices que las canciones de protesta ya no son relevantes como antes. ¿La música es menos importante en la vida de los jóvenes?

Creo que sí. Hubo un tiempo en que el pop era una forma de arte joven sin oposición: más emocionante, innovadora y más del momento que cualquier otro arte. Era una forma de definirte a ti mismo, intimar con otras personas y aprender sobre el mundo. Y todavía es esas cosas, pero ahora tenemos más opciones de entretenimiento e internet, así que inevitablemente la música es menos esencial. Siempre digo que la gente todavía hace canciones de protesta, gente tan prominente como Muse o Kendrick Lamar, pero tienen menos impacto porque la cultura es más difusa.

Voces inconformes

Billie Holiday

Woody Guthrie

Bob Dylan

Nina Simone

Gil Scott-Heron

VÍctor Jara

Fela Kuti

Rage Against the Machine

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