La música, comunicación instantánea: Angélique Kidjo

Los artistas africanos, dice la cantante, “somos contadores de historias, pero no le decimos a la gente lo que tiene que hacer”.
La artista nacida en Benín.
La artista nacida en Benín. (Especial)

México

De no haber sido cantante, Angélique Kidjo hubiera querido ser abogada “para entender la complejidad de la humanidad y cómo podríamos arreglarnos para vivir juntos a pesar de nuestras diferencias. Mis padres me inspiraron siempre un sentido de justicia, crecí con eso”, dice en entrevista a MILENIO.

Nacida en Quidah, Benín, África Occidental, dice que su familia le cuenta que empezó a cantar antes de poder hablar. El canto era su destino y, a través de él, se ha convertido en defensora de su cultura africana y de quienes menos tienen, tal como lo expresó desde sus primeras canciones: “¿Quién ve la belleza en ti, Mamá África?/ No te cruces de brazos y te quedes quieto/ Tenemos que trabajar día y noche/ para volverte más fuerte, Mamá África”.

De estatura menuda, que se olvida en cuanto desata un huracán en el escenario, su voz prodigiosa ha llevado por el mundo la riqueza de la música africana a través de discos como Parakou, Ayé, Fifa, Oyaya! o Eve. Exiliada en París, a donde tuvo que irse por conflictos políticos, encontró allí el ambiente propicio para crearse un nicho en el mundo de la música.

La cantante, que actualmente radica en Nueva York, explica que de niña “escuchaba la música tradicional de todo mi país, pero siempre he tenido curiosidad sobre la diversidad en la música. Paradójicamente, todas las músicas tienen la misma esencia”.

Kidjo ha sido ganadora de tres premios Grammy, y fue gracias a Orly Beigel que vino por primera vez a México en 2004, para luego presentarse en el Festival Internacional Cervantino en 2007. Con esos antecedentes, el próximo 25 de octubre participará en el Festival Cultural Ceiba 2016 en Villahermosa.

Ella también pensó ser cirujana, pero entre risas explica que “¡no era buena en matemáticas, así que imagínate! ¡Si la vida me llevó a la música era porque no era buena en matemáticas!  Siempre estuve rodeada de música, desde que estaba en el vientre de mi madre”.

En canciones en las que pregona un cambio para terminar con problemas como el racismo, el maltrato y la pobreza, Angélique canta con una vitalidad que eleva el espíritu. Los artistas africanos, dice, “somos contadores de historias, pero no le decimos a la gente lo que tiene que hacer. Hacemos que la gente disfrute la música y dejamos que las letras les hagan pensar y que ella tome las decisiones sobre lo que debe hacer para resolver los problemas. Los artistas no podemos decirle a la gente qué es lo que debe hacer, eso depende de cada quien, pero con las canciones sí podemos tocar su sensibilidad para reflexionar al respecto”.

La música es muy poderosa…

Sí, es la única forma de arte que puede influir en la gente en un segundo, es comunicación instantánea. Por eso cuando un régimen dictatorial sube al poder, lo primero que quieren silenciar es la música, que puede dar mucho amor y hacer pensar en muchas cosas. Por eso es perseguida.

¿Cómo describirías el influjo de la música africana?

Si ves el mapa de la escena musical actual, la música americana viene de África. Todo empezó con el blues; tienes la nota blue, que se convirtió en el jazz, el rhythm and blues, el soul, el pop, el rock y ahora otras cosas. No importa de qué parte del mundo venga la música, África está en ella.

¿Qué te inspira Bob Dylan?

Siempre he sido seguidora de Dylan. Simplemente escucha la letra de “The Times They Are-A Changin’” y ve la forma en la que estamos viviendo hoy. Lo que dice esa canción tiene que ver con lo que pasa hoy. Ese es el poder que tiene un artista: vivir en su tiempo e inspirarse para escribir canciones. Las letras de Dylan hablan muy fuerte.

Mensajes con optimismo sonoro

Angélique Kidjo también afirma que de los músicos tradicionales de su país ha aprendido que “un mensaje llega más fuerte a través del cerebro
y el corazón de las personas cuando su espíritu y su cuerpo se están divirtiendo. No quieres que la gente se sienta culpable, porque lograrás un efecto contrario. El recuerdo de haberse divertido hace más importante el mensaje, porque una vez que han cantado y bailado contigo regresan a casa pensando en lo que les dijiste y toman las decisiones por su cuenta. Tú únicamente les dices que hay un problema por allí y que todos tenemos que ver con su solución”.

“¿Cuántos discursos políticos recuerdas?”, pregunta, y se responde: “Ninguno, pero sí recuerdas la música. Hay momentos en que, al escuchar cierta música, sabes lo que estaba ocurriendo en determinada parte de tu vida. En mi caso puedo hablar claramente de la música de Otis Redding, Aretha Franklin, Jimi Hendrix, James Brown o los Rolling Stones. Éstos no eran famosos en África, pero una canción como ‘Satisfaction’ estaba por todas partes”.