La crítica: Música: Nada como el viejo Ludwig van

Fernando Álvarez del Castillo advierte que "recuperar el sonido original de la música del pasado es imposible, pero redescubrir y aplicar las distintas técnicas de interpretación, e incluso las ...
Jos van Immerseel, director del grupo.
Jos van Immerseel, director del grupo. (Paola García )

México

Al escuchar en el Festival Internacional Cervantino el tercer programa de la serie Proyecto Beethoven: las nueve sinfonías, con la agrupación Anima Eterna Brugge, viene a la memoria aquella frase de Alex, el tan encantador como detestable personaje de la cinta Naranja mecánica de Stanley Kubrick: "Había sido una noche maravillosa y lo que necesitaba para darle el final perfecto era un poco del viejo Ludwig van".

Al terminar el concierto en el Teatro Juárez la noche del lunes no hubo encore, porque después de las soberbias interpretaciones de la Octava y Séptima sinfonías, ¿qué notas podrían haber sido agregadas al implacable discurso que Anima Eterna Brugge entretejió con sus instrumentos de época bajo la dirección de Jos van Immerseel? Solo hubo espacio para los aplausos y expresiones de júbilo de quienes habíamos gozado la música en la infinita sabiduría del viejo Ludwig van.

Las nueve obras fueron capturadas en 2008 en la caja de seis discos Beethoven: Symphonies/Overtures, de las que en su reseña la BBC de Londres advirtió que en ellas "uno obtiene el verdadero sentido de calor, humor y compasión que marca las mejores grabaciones de Beethoven", mientras que All Music Guide las calificó como un "santuario rejuvenecedor". Sin embargo, escucharlas en vivo, con la orquesta en pleno y un director que emana genialidad es una experiencia imborrable, equivale a descubrir la música por primera vez.

En las notas del programa, Fernando Álvarez del Castillo advierte que "recuperar el sonido original de la música del pasado es imposible, pero redescubrir y aplicar las distintas técnicas de interpretación, e incluso las características de cada estilo, no es tan remoto". A su vez, Van Immerseel, proclama, a riesgo de parecer un pedante, que el acercamiento de su orquesta "es el único que puede hacerse. Puedes compararlo con la restauración del techo de la Capilla Sixtina: la gente se había acostumbrado a esa masa café indistinta, pero cuando la mugre fue removida, vio lo que verdaderamente se representaba. Los colores brillantes causaron conmoción".

En Naranja mecánica la música de Beethoven y otros compositores es utilizada para aplicarle a Alex un tratamiento para alejarlo de la violencia a la que es tan adicto, al grado que vomita apenas escucha el inicio de la Novena sinfonía, para luego reclamar a sus torturadores: "¡Usar así a Beethoven! Él no le hizo daño a nadie. Beethoven solo compuso música". Por fortuna, Van y Anima Eterna Brugge tampoco hacen daño a nadie, solo tocan una música de dioses.