Estos muros susurran y quieren ser poesía...

Armando Alanís es el artífice de sacar los versos a la calle; su proyecto ha tenido tal realce que ya pueden leerse destellos poéticos en países de América Latina,  Europa y África.

México

Aunque hay reglas claras para intervenir una barda con versos, la única fundamental para Armando Alanís, desde hace 20 años, es pensar que la poesía puede cambiar el mundo. Así lo ha hecho con su Acción Poética.

En ese entonces, con 27 años, ya llevaba dos pequeños movimientos que procuraban inspirar a leer, sobre todo poesía, y que esas letras inundaran las calles de Monterrey. Se trataba de que las palabras se multiplicaran por toda la ciudad. Primero, Alanís imprimió lírica en volantes y los repartió en los cruceros, pero pronto decidió que tenía que ir más allá del apuro de los automovilistas.

El segundo plan era un tanto más arriesgado: mandó a hacer pósteres con algunas líneas de varios autores, y “salía en la noche, cuando podía salir en la noche en Monterrey, y los pegaba en cajeros automáticos”. Desde luego que eso no era bien visto, pero Alanís es un hombre con una misión y se propuso mantener su movimiento hasta sus últimas consecuencias. En 1996 llegó el momento de emprender la tercera Acción Poética.

“Yo escribo poesía, y me preocupa mucho el asunto de la cultura de la no lectura en México. Yo no sé si sea cierto: por ahí Paco Ignacio Taibo dijo que los números no eran tan escandalosos como que leemos medio libro, dos o tres, que los mexicanos leemos más. Pero mientras se hace la discusión, debía pasar a la acción”.

No recuerda la fecha exacta, pero cree que fue entre marzo y mayo de 1996 cuando comenzó a pintar bardas para sacar la poesía a la calle. “Invité a unos amigos y me ayudaron una semana y luego me dejaron. Al principio era mucho el rollo del miedo y la adrenalina”, recuerda Alanís sobre esa época. Hoy, 20 años después, “pinto de día, bardas abandonadas o que no tengan dueño a la vista. No pintamos puentes o espacios públicos a menos que tengamos permiso. Ahora la gente nos invita”.

La acción lo ha hecho llegar a muchos lugares: en dos décadas el poeta cuenta las más de 150 ciudades mexicanas y 30 países de América Latina, Europa y alguno de África donde los versos se leen en las esquinas. Pero no todo ha sido festejo, pues “con la ley hubo un problema en Tijuana, porque nos vieron grafiteando por la Ciudad Universitaria y nos llevaron al MP. Pero no pasó nada porque nos habían invitado del ayuntamiento. Eso sí, también llegué a la barandilla”.

Las redes poéticas

Poco después del inicio del proyecto, Alanís tuvo noticias de que en otros estados del norte los versos tomaban las bardas. Comenzaron reportes de más pintas en Monclova y Baja California con la firma de Acción Poética; más tarde Oaxaca y la CdMx se sumaron a la lista. En un trabajo de 15 años, los comités se consolidaron en 100 ciudades. “Se han vuelto activistas no solo de la poesía. Yo estoy felizmente asustado con lo que está pasando”.

Hace un par de años se aceleró la expansión de Acción Poética, que llegó a otros países latinoamericanos, sobre todo Argentina y Colombia. Las redes sociales comenzaron a funcionar a favor de la organización y con conversaciones entre los entusiastas de otras naciones surgieron las reglas sobre las pintas. En solo dos meses ya estaban conformados los frentes sudamericanos.

“Los procesos en esos países son muy distintos: de bagaje cultural, de espacios públicos, de humanización de la sociedad. Pero la gente está contenta”.

Angola, Curazao y Cuba se unieron al movimiento, y ya también hay bardas en la triple frontera Paraguay, Brasil y Argentina, pintas en lenguas indígenas y en braille.

Cifras y letras

Por su cuenta, Armando Alanís ha pintado más de 7 mil bardas en Monterrey, pero hay más fuera de la capital de Nuevo León. En Facebook se cuentan alrededor de 450 muros con imágenes de pintas de Acción Poética gracias a los comités y a los seguidores, que no solamente pegan fotografías sino que escriben o utilizan las mismas redes. “El muro virtual no existiría sin el real que pintamos, y ahora se han complementado bien”.

El estimado de Alanís es que en la avenida Constitución de Monterrey una barda puede ser vista por entre 300 y 500 mil personas por día.

Los crímenes en las calles del Barrio Antiguo y los retenes de delincuentes en la periferia de Monterrey trastocaron la vida de sus habitantes. Alanís recuerda esta etapa, de 2008 a 2011, como una en la que los “regiomontanos tuvimos que hacer algo que no nos gusta, que es cambiar costumbres. La gente ya es más miedosa o prevenida. Acá nos quedamos, aquí aguantamos lo que tuvimos que aguantar. Ha disminuido el asunto de la violencia. Monterrey aquí está y acá estamos los regiomontanos”.

Aunque “ya pasó la época fea”, Alanís deja un retrato de esa y otras heridas, además las pintas y los versos a su ciudad, en su poemario Balacera (Tusquets), que se presentó este mes.

Un chilango en la Acción

Hace poco más de ocho años un chilango llamado David Sandoval conoció las pintas mientras caminaba por las calles de Monterrey de la mano de la lugareña por la que se decidió a viajar al norte. Tal vez lo más valioso que obtuvo de ese momento fue conocer “la mística” de quienes plasmaban poesía en las bardas, porque hoy perdura su entrega hacia los versos.

“Acción Poética ya era un proyecto consumando en Monterrey: si vas por la calle, lo ves. Me gustó la idea y platiqué con el fundador del proyecto, Armando Alanís, de que quería llevármelo al Distrito Federal y me dijo: ‘Adelante’”, recuerda Sandoval, hoy coordinador en la Ciudad de México.

En 2010 puso manos a la obra, y hoy tiene un estimado de 300 pintas en la capital con historias particulares, como aquella junto al Metro Tepito: “Que nadie sepa que estoy enamorado”, la cual ha sido respetada hasta la fecha por grafiteros, anunciantes y hasta partidos políticos. “Me da mucho gusto que a la gente le guste, que los que se supone que no leen la respeten.

“Me llegan muchos mensajes de gente que quiere pintar y sumarse, y todos son bienvenidos. Tenemos una distinción entre los que quieren pintar en la Condesa y los que quieren pintar en Tepito; desde mi punto de vista, no hay que echarle más en la Condesa, pues ahí ya se lee mucho, con gente que tiene otras posibilidades que en Tepito. No digo que ahí no haya educación, pero sí es un lugar donde hay delincuencia”, apunta el también autor.

Desde hace varios años los integrantes del proyecto tenían en mente un acuerdo con la administración de la Ciudad de México, pero no habían coincidido en sus ideas. Acción Poética buscaba “incorporarse al espacio urbano, pero en espacios en abandono, en calles llenas de basura, de grafiti. Además, en colonias en las que hubiera un deterioro en el entorno, alta inseguridad, un nivel de marginación elevado”. Hoy lo han logrado con el programa Ciudad y Palabra CdMx.

El plan, a realizarse en un año, es intervenir 27 mil espacios en 15 de las 16 delegaciones, “en colonias con alto índice de delincuencia. Vamos a pintar principalmente viviendas de personas que quieran recuperar la imagen de su espacio”. El gobierno local convocó a 15 escritores, que eligieron 300 versos que serán escritos en las bardas.

En el proyecto intervienen las secretarías de Cultura, de Desarrollo Social, de Obras y Servicios, el Instituto de la Juventud local y las asociaciones Mensajeros Urbanos y Corazón Urbano.

“El jefe de Gobierno comentaba la posibilidad de entrar también al Metro, un punto muy importante para nosotros”, menciona Sandoval sobre la firma del convenio del 11 de abril pasado, día en que Acción Poética dejó de pintar un tanto a hurtadillas en la CdMx, con alguna mentira blanca para poder dejar versos en las paredes, como las que les decían a los policías: “es que me sobró pintura, jefe”, “es mi casa”, algo que podían inventar ya sea Alanís u otro de los activistas. Pero hubo un día en que nada valió, cuando uno de los agentes le dijo a Sandoval: “Mejor tómeme una foto para dedicarle el poema a mi esposa”.

Reglas

En la barda se simula la página en blanco.

Se escribe con letras negras en mayúscula.

No más de 10 palabras hasta en 10 renglones.

No se habla de política o religión.

Estar convencido de que la poesía puede cambiar el mundo.