Estilo y elegancia

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Multimedia (AP)

Ciudad de México

Hay siempre en las oficinas de algunas publicaciones quien vive obsesionado con la vestimenta de los periodistas. Más atento a los colores y los textiles de la ropa que visten que a la calidad y oportunidad de sus textos, se pone verde de rabia cuando halla alguno sin saco ni corbata, con pantalón de mezclilla y zapatos tenis. Nunca he encontrado la diferencia entre los textos de un periodista sin corbata y los de uno que sí la emplea.

Cuando varios periodistas estadunidenses comenzaron a mezclar a finales de los cincuenta y ya en los sesenta los datos minuciosamente investigados con un estilo narrativo agudo y preciso, dejaron ver que su oficio podía ser no solo informativo sino, sobre todo, literario por su gran aliento. Por supuesto, muchos de sus textos acabaron convirtiéndose en libros muy exitosos que los cargaron en vilo hasta las alturas de la fama.

Pero dejaron en claro al mismo tiempo que los periodistas a su modo no estaban peleados con la moda ni con la elegancia. Mientras andaba tras las huellas de los asesinos de una familia de Kansas para escribir su épica novela de “no ficción” A sangre fría, Truman Capote se dejaba ver luciendo costosas chaquetas de lana, finas corbatas y vistosos sombreros.

Norman Mailer, fallecido en 2007 a los 84, prefería los suéteres finos y la ropa informal de buena marca y casi nunca llevaba corbata. Parecía el viejo policía de un thriller político.

En cambio, la elegancia de Tom Wolfe es proverbial. Le gustan todavía la seda, el algodón fino y la lana. Parece un maniquí de tienda neoyorquina, vestido a menudo en colores claros, camisas azules de cuello alto y espectaculares sombreros, calzado blanco y clavel en el ojal. Así apareció alguna vez en una historieta de Marvel, al lado de Hulk. También por las páginas de sus libros corren los gritos de la moda cara: se dice que al armarse la escandalera con su devastadora La hoguera de las vanidades un sastre británico entró en pánico cuando supo que uno de sus personajes portaba ropas con su firma.

Gay Talese no canta mal las rancheras. Después de 22 años de su publicación original en inglés, está comenzando a circular en estos días la edición en español de su libro Los hijos. A sus 82, un año más joven que Wolfe, se ha paseado por todas las cafeterías y las redacciones de los medios españoles dando entrevistas sobre su vida intensa y muy bien administrada y, claro, también sobre sus memorables trabajos periodístico-literarios. Se ha dejado ver portando sus elegantes prendas: sombrero, trajes de tres piezas de colores oscuros, grises o azules sobre todo, y coloridas corbatas. Parece un viejo industrial siciliano. O un mafioso de la antigua escuela salido de las páginas de Honrarás a tu padre, su libro que dio origen a Los Soprano.

Talese tiene tal vez una explicación sobre su gusto por el buen vestir, sobrio y distinguido. Como recuerda largamente en Los hijos, su padre, un inmigrante italiano, era sastre.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa