Pequeñas escenas de lujuria

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El sexagenario usurpó la identidad de un modelo.
El sexagenario usurpó la identidad de un modelo. (Especial)

Ciudad de México

El hombre era un auténtico galán, un modelo guapetón como el que cualquier mujer quisiera tener al lado. Soltero de 37 años, arquitecto interiorista en la Costa Azul francesa, ingeniero y diseñador en Mónaco, Anthony Laroche vio caer a sus pies a centenares de mujeres por lo menos desde 2009. La fotografía que en todas las redes sociales daba cuenta de sus irresistibles dones para la seducción era un poderoso imán, sobre todo para las señoras maduras y solitarias que sin mucho pensarlo aceptaban sus proposiciones eróticas y viajaban por todo el territorio francés para encontrarse con él.

El espectacular galán las sabía dispuestas a todo, con el corazón desbocado en su pecho, el rostro ardiente. Después de un par de llamadas telefónicas, las invitaba a su casa con explícitas promesas sexuales y las llevaba a la cama en candentes sesiones que transcurrían siempre en la oscuridad, con los ojos vendados. Ninguna señora se quejó de nada. Anthony era un amante incuestionable, perfecto, un auténtico garañón de película.

Por lo menos hasta que en febrero pasado Sylvie se presentó en una comisaría, indignada y aterrada al mismo tiempo. Echó a andar entonces un procedimiento judicial por violación contra Michel, un tipo anteojudo, calvo y barrigón, artesano de profesión a sus 68, que la había llevado a la cama con engaños bastante obvios. En pleno encuentro amoroso, a Sylvie se le ocurrió encender la luz y el sueño se desinfló de golpe.

La policía no tardó en establecer que el sexagenario Michel había usurpado la identidad de un modelo, cuya foto rondaba por los buscadores de internet. Apenas iniciada la pesquisa, hace unos días los agentes hallaron en su casa montones de números telefónicos, fotografías íntimas de mujeres de 25 a 50 años. Calculan que por las sábanas del engaño transitaron entre 200 y 400 ansiosas señoras. Puesto tras las rejas, Michel argumentó en su defensa: "Algunas mujeres tienen un toque de locura y les gustan los hombres que pueden sorprenderlas".

Y tiene algo de razón. Ya en la calle mientras avanzan las investigaciones y otras víctimas acuden a presentar denuncia, disfruta tal vez con los recuerdos de sus correrías eróticas, goza la vida y celebra quizá su posición en el centro de un debate que parece eternizarse en las redes sociales. En realidad, dice su abogado, no puede ser acusado de violación porque sus víctimas, todas mayores de edad, acudieron a su cama dispuestas a la aventura erótica. De lo que sí debiera ser acusado es de usurpación de identidad y de engaño, aunque el atractivo modelo verdadero no ha presentado aún ninguna querella.

La lección es la misma de siempre: los usuarios deben aprender a desconfiar de todo en las páginas de internet y más en las redes sociales. Son un territorio poblado por rufianes, falsarios, depredadores sexuales y lo que se acumula cada día. Parece que hay quien no lo sabe, para bien o para mal.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa