La mujer justa

La media naranja ideal no existe y la no aceptación del hecho lleva a vivir en una permanente búsqueda e insatisfacción que no logran paliar necesariamente ni otras parejas ni el dinero ni el poder.
Se basa en una novela de Sándor Márai.
Se basa en una novela de Sándor Márai. (Especial)

México

¿Quién no ha pensado (o sentido) que aquella (o aquel) con quien se ha decidido formar pareja no es la persona “justa”? Un ligero malestar o pequeña zozobra puede atravesar años sin que necesariamente se abandone al otro. El pensamiento, sin embargo, permanece como una aguja insertada en el confort y estabilidad que se supone viene de construir una relación. La media naranja ideal no existe y la no aceptación del hecho lleva a vivir en una permanente búsqueda e insatisfacción que no logran paliar necesariamente ni otras parejas ni el dinero ni el poder. La mujer justa es una novela del húngaro Sándor Márai, cuya versión teatral fue realizada por los argentinos Hugo Urquijo y Graciela Dufau, y que actualmente se presenta en el Festival Internacional de Teatro de Caracas, Venezuela (donde pretendo verla). En México se ha estrenado hace un par de semanas bajo la dirección de Enrique Singer en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque del INBA.

María (Verónica Langer) es una mujer que no pertenece a la clase de Peter (Juan Carlos Colombo), nacido en cuna de oro y próspero empresario, pero tampoco viene de la pobreza. Ha aprendido todo lo que se necesita para ser la mujer ideal de aquél y no solo se comporta intachablemente sino que brilla en sociedad y pareciera ser la joya de la familia. Tiene un defecto que Peter no tolera: lo ama en demasía. En cambio él arrastra un deseo y amor no satisfecho por Judit (Marina de Tavira), una criada que sirve en casa de sus padres, mucho menor de edad y con un rencor social que se irá develando luego de su empoderamiento y caída. El contexto es el de un Budapest que Márai habría de abandonar, como su personaje masculino, después de la Segunda Guerra Mundial. Completan la historia la madre (Tina French) y un escritor (Héctor Holten) amigo de Peter.

La mujer justa es uno de los montajes más limpios, potentes y exquisitos que le haya visto a Enrique Singer. El trabajo de dirección de actores no solo es meticuloso sino que trabaja en varias capas que son espléndidamente develadas con la ayuda de la iluminación inteligente de Víctor Zapatero, que no únicamente se suma como elemento sino como parte de la narrativa de la puesta en escena. Si bien el trabajo de Holten, Colombo y De Tavira requerían en los ensayos generales calar a mayor profundidad, es obvio que lo deben haber alcanzado ya sin dificultad. Verónica Langer está increíble en su personaje, construyendo y desdoblando significados como una enorme actriz.

La obra se presenta en la Sala Xavier Villaurrutia, jueves y viernes 20:00 horas; sábado, 19:00, y domingo, 18:00.