Así recordaba Perelló sus años en el movimiento del 68

Los 60 fue una década plagada de claroscuros y matices; éstas son algunas de sus momentos notables, evocados por uno de sus protagonistas, fallecido hoy a los 73 años.
"El movimiento no era un movimiento político en el sentido estricto", dijo alguna vez el ex líder del movimiento estudiantil.
"El movimiento no era un movimiento político en el sentido estricto", dijo alguna vez el ex líder del movimiento estudiantil. (Foto: Archivo Milenio)

Ciudad de México

Marcelino Perelló se definía como un agitador cultural. “Me considero un revolucionario, alguien que lucha por la libertad y la justicia”, declaró alguna vez a la investigadora Heidrun Holzfeind para el libro México 68.

Aseguraba que la del 60 fue una década que duró 15 años: “empezó el primero de enero de 1959 cuando las tropas de Fidel Castro, el movimiento 26 de Julio, entraron a La Habana; y terminó 15 años más tarde, el 11 de septiembre de 1971, en Santiago de Chile, cuando el presidente Salvador Allende se suicidó”, de modo que al relatar sus memorias sobre el movimiento estudiantil de 1968, acudía a la prudencia:

“Debo decir que es un crimen reducir lo que pasó en el mundo entero durante 15 años a lo que pasó en una noche en una plaza en la Ciudad de México”.

TE RECOMENDAMOS: Perelló, el incitador y ex líder del movimiento del 68

No hemos sido capaces de transmitir el lado hermoso, brillante, grandioso del legado de los sesenta.

Además consideraba que la juventud no es capaz de entender la magnitud del movimiento y sus matices: “Si se le pregunta a un joven mexicano qué significa el 68, probablemente responderá que el 68 fue una masacre, un genocidio. No hemos sido capaces de transmitir el lado hermoso, brillante, grandioso del legado de los sesenta, particularmente del 68”.

Años más tarde, así relataría su experiencia:

“Yo recuerdo, cuando desfilábamos por Reforma, que desde los edificios públicos nos tiraban serpentinas y confeti. Yo me sentía como Lindbergh llegando a Nueva York. Lo que pasa es que nosotros no sabíamos qué hacer con ese poder del movimiento, con esa fuerza. El pliego petitorio no era negociable, sino que era una bandera. Nosotros no teníamos una perspectiva política clara. Y es que el movimiento no era un movimiento político en el sentido estricto. Era un movimiento revolucionario aunque sus demandas formales no lo fueran”.

“El mitin del 28 de agosto tiene más importancia que la manifestación del 27, porque [en] ese mitin los burócratas fueron llevados especialmente: los oficinistas iban en los camiones que los llevaron al Zócalo gritando ‘No vamos, nos llevan’ o  ‘somos borregos, somos borregos’. Y ese mitin, que los propios funcionarios habían organizado para apoyar al gobierno, tuvo que ser disuelto por el ejército. Que eso surgiera en un mitin organizado por el gobierno te da la dimensión de la fuerza del movimiento en aquel momento”.


ASS