[Cuento] Mosquitos

Brenda Lozano (México, 1981), su más reciente libro es Cuaderno ideal.
Mosquitos
Mosquitos (Especial)

Ciudad de México

Tiene veintitrés piquetes de mosquito en las piernas. Se rasca cada roncha, las cuenta, una a una, antes de bañarse. Tiene la roncha más grande en el talón izquierdo, encaja, dos, tres veces, una uña sin mitigar la comezón. Lola y él tenían el plan de visitar a sus amigos en el campo, pero terminaron un día antes de año nuevo. Decidió salir antes de volver al trabajo, decidió ir tal como estaba planeado, ir como lo habían pensado juntos, ir al campo sin ella. Su amigo prepara café, observa que no tiene ronchas en las piernas, su amiga entra a la cocina: tampoco tiene ronchas. Les pregunta si tienen algo para mitigar la comezón, algo para ahuyentar mosquitos. No creo, dice su amiga. Llevan seis años viviendo en el campo, los mosquitos se acostumbraron a ellos o ellos se acostumbraron a los mosquitos, en cualquier caso hace tiempo que no necesitan eso, piensa. Me destruyeron, le dice a su amiga, al tiempo que le muestra las ronchas en los antebrazos.

Luego de desayunar, Juliana y Manuel llevan a su amigo al huerto que recién habían terminado cuando los visitó con Lola hace tres años. Zanahorias, jitomates, romero, albahaca, cilantro, lechugas. Rozagantes, frescas, crujientes, piensa. Felices, piensa. Se agacha, frota hojas de albahaca. Le sorprenden los olores, le sorprende la luz entre las hortalizas: toma fotos. Juliana y Manuel lo llevan al corral que apenas terminaban cuando los visitó con Lola hace tres años. Hay seis cabras, una vieja y cinco jóvenes. Toma fotos a las cabras, se acercan a él. Manuel se acerca más, las cabras jóvenes se acercan más mientras toma fotos. Se aleja unos pasos, la cabra vieja lo sigue. Camina en otra dirección: la cabra vieja lo sigue. Le pregunta a Manuel si es normal que lo siga cuando quiere alejarse. Juliana cruza los brazos al tiempo que le sonríe a su amigo.

Se encierra en el cuarto, intenta trabajar en la computadora. De cuando en cuando se rasca las piernas. Recién descubre que tiene una roncha grande en la rodilla, se da cuenta que compite con la del talón. Se quita el zapato, el calcetín: las compara. Son dos piquetes juntos, especula, uno más grande que el otro, descubre. No puede trabajar. Sale del cuarto. Manuel está en la computadora. Juliana fue a comprar harina, le dice. ¿Harina? Sí, vamos a hacer pasta para la cena. Cierra la puerta, el mosquitero queda emparejado, va al corral. Entrelaza los dedos detrás de la nuca, observa. Las cabras chicas comen, la cabra vieja se acerca a él. De cerca, nota que la cabra vieja tiene las barbas largas, mojadas, percudidas. Entra al corral, huele fuerte, le parece que huele como al queso que Lola solía comprar en el supermercado. Acaricia la cabeza de la cabra vieja. Las cabras chicas comen, parece no importarles que esté allí. Le da unas palmaditas en el lomo a la cabra vieja, la acaricia como si fuera un perro grande. Camina cuatro pasos a la derecha, la cabra lo sigue. Camina unos pasos a la izquierda, la cabra lo sigue. Tiene comezón, flexiona la rodilla derecha para rascarse, se pregunta si Lola alguna vez pensó llevar esa vida con él, se pregunta si luego de terminar con ella podrá llevar algún día la vida que llevan sus amigos cuando siente las barbas mojadas de la cabra en la oreja. Sale del corral, la cabra vieja lo sigue fuera del corral. Llama a su amigo, camina hacia el corral para que la cabra entre de nuevo. Así, le dice a su amigo, así seguí a Lola cuando quería alejarse.

Por la mañana desayuna con sus amigos. Les describe la batalla contra los mosquitos, les muestra un piquete entre el dedo índice y el dedo corazón. Mató a tres con una revista que encontró bajo la cama y, aun así, tiene más piquetes y ahora tiene ese entre los dedos de la mano derecha. Es oficial: no puede trabajar. Manuel se sienta al lado de su amigo, examina el piquete. A ver, ven, acércate otra vez, ¿a qué hueles? Es la loción que Lola me regaló esta Navidad, dice, hace unos días, antes de que termináramos. No, repite su amigo, ¿a qué hueles? Una loción de naranja verde, dice. Sería bueno que dejaras de usarla, le dice Juliana al señalar el mosquitero con una cucharita. Tienes visita, dice su amigo: la cabra vieja se acerca al mosquitero. Él sale, la cabra, previsiblemente, lo sigue. Tú me entiendes, le dice en voz baja a la cabra que lo sigue un paso detrás. Entran al corral, le da unas palmadas toscas en el lomo al tiempo que le pregunta a la cabra si le parece que debería buscarla, tal vez esperarla en la puerta, ¿o será mejor dejarla, incluso dejar de usar esa loción?