Sitios arqueológicos del INAH, libres de murciélagos

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia aplican un repelente que expulsa de manera definitiva a estos animales a fin de evitar que dañen el patrimonio.
La celebración iniciará afuera de la Iglesia a oscuras y continuará con una procesión con los cirios encendidos.
(Archivo)

Ciudad de México

Con el objetivo de evitar que los murciélagos deterioren murales, madera y enlucidos de los inmuebles antiguos, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) aplican un repelente que expulsa de manera definitiva a estos quirópteros.

La sustancia está hecha a base de aceite de cedro, a fin de no causar daño a los murciélagos que han invadido algunos inmuebles y zonas arqueológicas, detalló el Instituto.

Algunos de los sitios donde se aplica el repelente son: el Ex Convento Yanhuitlán, en Oaxaca, y el Claustro Bajo de la Parroquia de Chila de las Flores, en Puebla.

Pablo Torres Soria, doctor en Ciencias Biológicas, indicó que además de los daños a los inmuebles, la presencia de dichos animales es un riesgo para la salud del ser humano.

Los murciélagos son portadores del virus de la rabia y su guano en presencia de humedad puede desencadenar una histoplasmosis, que afecta severamente a los pulmones.

Explicó que el murciélago insectívoro, llamado murciélago mexicano de cola libre o Tadarida brasiliensis mexicana, se ha extendido desde el norte de México hasta la península de Yucatán y aunque su hábitat natural son las cuevas y grutas, es muy común encontrarlos en edificios históricos y zonas arqueológicas.

Debido a que en los últimos años algunas comunidades han tapado sus cuevas, los quirópteros han buscado otros refugios, como graneros, granjas, fábricas abandonadas, grandes almacenes, parroquias y árboles frutales.

En inmuebles históricos y zonas arqueológicos se les ha encontrado en las techumbres, sótanos, bodegas, puentes, andadores, túneles, pozos artesianos, árboles de huertos conventuales y campanarios, así como en iglesias y en la parte posterior de los retablos.

Torres Soria desarrolló este método para alejar a los murciélagos, como parte de una investigación que realizó en el ex convento franciscano de Santa Ana Tzintzuntzan, en Michoacán.

Sin embargo, opinó, es importante que el desalojo se realice sin dañar a estos animales, ya que juegan un papel muy importante en la polinización de plantas, hortalizas y orquídeas, así como en el control de la población de insectos.

Para el método que emplea, el especialista tomó como referencia el aceite de cedro porque aleja a los insectos.

Torres realizó ensayos con cuatro grupos de murciélagos. En un primer grupo empleó humo blanco, producto de la quema de aserrín aplicado con ahumador de apicultor, y en el segundo utilizó humo blanco seguido de la aspersión de aceite de cedro sobre la superficie de las vigas en los albergues o dormitorios.

En el tercero usó estos dos elementos y una compresa de algodón seca para tapiar los albergues, y en el último grupo aplicó tanto el humo blanco como aceite de cedro asperjado y algodón impregnado de aceite por aspersión, colocado a manera de compresa para bloquear las guaridas.

Los resultados fueron los siguientes: el primer grupo, al disiparse el humo, los murciélagos regresaron tres horas después; en el segundo, los quirópteros entraban y salían de sus albergues retirando con el roce de sus cuerpos el aceite de la superficie de la madera, y al cabo de un mes anidaron nuevamente.

El tercer grupo hizo lo mismo, además de tirar las compresas de algodón seco, y finalmente los murciélagos del cuarto grupo fueron repelidos durante un año, por el fuerte olor a lápiz que se desprende del aceite de cedro.