La montaña mexiquense, cantera de músicos

Aunque sin escuelas, han destacado niños de tres comunidades de Texcoco, lo que ha llevado a varios de ellos a integrarse a prestigiosas agrupaciones.
Incluso la Orquesta Sinfónica Nacional ha tenido integrantes de esa región.
Incluso la Orquesta Sinfónica Nacional ha tenido integrantes de esa región. (Cortesía Fotoda Studio)

Texcoco

A diferencia de la mayoría de niños de comunidades rurales en México, los menores de la región de la montaña, en el municipio mexiquense de Texcoco, no crecen escuchando solo música grupera o de bandas sinaloenses. En esa zona, colindante con Tlaxcala, un buen número de ellos están familiarizados con piezas de compositores clásicos como Arturo Márquez, José Pablo Moncayo, Tchaikovsky o Brahms.

Las poblaciones de origen náhuatl de Santa María Tecuanulco, San Jerónimo Amanalco y Santa Catarina del Monte conforman la llamada zona de la montaña. La primera y más poblada de esas comunidades no supera los 7 mil habitantes, mientras que en las otras se estima que hay alrededor de 6 mil y 3 mil, respectivamente. Aunque ninguna cuenta con una escuela de música, hay una gran tradición en la formación de bandas de viento. Los niños aprenden en sus casas a solfear y a leer partituras casi a la misma edad a la que ingresan a la escuela primaria.

David Velázquez es originario de Santa María Tecuanulco y miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), en la que es segundo corno. Su historia es similar a la de otros músicos de la región: él, junto con sus cinco hermanos, heredaron de su padre y tíos el gusto por la música. A su vez, él enseñó a sus dos hijos, Tonatiuh y Yetlanetzi, desde muy pequeños las notas musicales. Pero no se conformó con eso: en 2009 fundó una banda a la que bautizó como La Consagración de la Primavera, formada en su mayoría por niños y jóvenes de Santa María, cuyas edades oscilan entre 7 y 19 años, entre ellos sus dos hijos de 11 y 15 años.

Velázquez comenta a MILENIO que hace algunas décadas no se enseñaba a los niños a leer música, sino que aprendían viendo y escuchando; era hasta que ingresaban a alguna escuela profesional que leían partituras. Sin embargo, ahora los adultos se esfuerzan porque aprendan desde pequeños.

La Consagración de la Primavera es solamente una de las decenas de bandas formadas en la región de la montaña, pero es, sin duda, una de las más exitosas. Esta orquesta junto con la Sinfónica San Jerónimo Amanalco, también integrada por niños y jóvenes, cuyo titular es Misael Clavería, originario de esta comunidad y trombonista de la OSN, se presentaron en mayo pasado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

En octubre, en el Segundo Festival de la Música Vientos de la Montaña, llevado a cabo en Texcoco y en el que participaron 20 agrupaciones de la zona, la OSN ofreció un concierto monumental al lado de estas dos orquestas, bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto.

Elemento de arraigo

No existen cifras oficiales sobre el número de orquestas de la región, ni de la cantidad de músicos, ni de cuántos de estos ingresan a escuelas profesionales de música. Sin embargo, las autoridades del municipio estiman que un 40 por ciento de la población se dedica a las actividades musicales.

Lo cierto es que desde hace varias décadas, estas comunidades nutren a orquestas de todo el país, sobre todo en la sección de vientos. Agrupaciones como la OSN o la Filarmónica de la UNAM han contado con integrantes de Texcoco, y lo mismo puede decirse de bandas militares como la Sinfónica de la Marina Nacional o de las delegacionales de la Ciudad de México.

“En las orquestas más importantes del país hay un músico de Texcoco”, asegura Azucena Cisneros, directora de Cultura del Ayuntamiento y coordinadora del Festival Vientos de la Montaña.

“En cuanto a talento y calidad interpretativa, Texcoco compite con Oaxaca, con la diferencia de que allá se trata de todo un estado y aquí estamos hablando solo de tres comunidades”, afirma orgullosa la funcionaria, quien señala que el municipio es una potencia nacional en música de alientos.

El pianista Héctor Infanzón, quien ofreció un concierto con la Sinfónica de Santa María, coincide en que se trata de niños con “talento y mucha disposición al trabajo. Los niños ensayan todas las tardes durante horas. Su juego y su pasión es la música”, asevera.

Los músicos de la montaña no cuentan con escuelas ni maestros individuales, pero han encontrado en la música un elemento de arraigo; toman sus lecciones gracias a la generosidad de otros músicos que ofrecen sus casas para aprender y practicar. A pesar de las carencias profesionales, lejos de apagarse, su pasión por la música va en aumento.

Núcleos musicales

A finales de 2012, gracias a un programa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes llamado Núcleos musicales (ahora conocido como Agrupaciones musicales comunitarias), Pedro Arpide, miembro de una familia de músicos de Santa María Tecuanulco, clarinetista jubilado de la Sinfónica de la Marina Nacional y director de la banda de música de Azcapotzalco, quedó a cargo de la educación musical de cientos de niños de esa región, así como de algunos de pueblos vecinos.

El proyecto inició con 80 niños de entre 8 y 16 años, pero ha ido en aumento hasta lograr 140 estudiantes que conforman la Banda Sinfónica de Santa María Tecuanulco. Arpide les da clases en su casa y ocupa también un edificio semiabandonado en el que se había planeado una escuela de Bellas Artes.