El monstruo refleja el miedo y el deseo, dice Ignacio Padilla

En El legado de los monstruos el autor revisa los diversos usos de los temores humanos.
Presenta un texto acerca de algunas de sus obsesiones.
Presenta un texto acerca de algunas de sus obsesiones. (Jorge Carballo)

México

Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968) ya había comenzado una indagación sobre el tema desde el libro La industria del fin del mundo, en el cual reflexionaba acerca de la forma en que se habían aprovechado algunos de nuestros apocalípticos temores en 2012, cuando se decía que se acabaría el mundo, predicción atribuida a los mayas.

Aquellos temores prehispánicos se ampliaron con un tratado acerca del miedo y lo terrible, a través del libro El legado de los monstruos (México, Taurus, 2013), en el cual el autor reflexiona en torno al potencial que tiene el miedo como combustible estético y sociopolítico, pero también pasa revista a algunos de los principales monstruos de la historia.

“El volumen se deriva como una aproximación más general a todo tipo de miedos, con una inquietud semejante; uno de los temas que me ha perseguido siempre es el miedo en general, sus usos políticos, sus usos mediáticos, y en menor medida sus utilizaciones artísticas, particularmente literarias. Este ensayo, como los anteriores, es un poco más sociopsicológico, semiótico y mediático que literario. Quizá por eso los hice ensayo”, explica el autor.

De alguna manera, reconoce el escritor, son obsesiones que trascienden los límites posibles de la ficción y se convierten más en ensayos de semiótica, sociología o psicología, pero al mismo tiempo son temas infantiles que en cualquiera de nosotros se harían presentes, pero en su caso es evidente, bajo la certeza de que solo proyectamos cosas que ya estaban presentes en nuestra infancia.

“Muchos niños escuchan el cuento de Juanito venciendo al ogro para articular sus confrontaciones con la parte mala de papá. Otros resuelven sus incógnitas sobre sexo opuesto o la figura materna en la imagen de la madrastra o de la sirena. En general, lo que hago es resolvérmelo, articulándolo a través de una novela, de un cuento o de un ensayo, pero todo está desde mi niñez”, dice a MILENIO el escritor.

En su caso, destaca Ignacio Padilla, la experiencia lectora se convirtió en la articulación de sus temores, aunque también se dio a través de narrativas cinematográficas, televisivas o teatrales, de las cuales lo más importante para el escritor era ver cómo se reflejaban en los sentimientos, a lo que necesitaba ponerle cara.

En el volumen, el término “monstruo” es muy explícito en su etimología: mostrar y, en ese sentido, el monstruo es hermano del espejo y es antítesis de la máscara, porque al final todo monstruo refleja no solo un miedo, sino un deseo.

“El ser humano está marcado por el miedo desde su punto de partida, porque ante todo es un mecanismo de supervivencia: el miedo es necesario, nos constituye, nos impele, nos permite paralizarnos cuando hay que pasar inadvertidos o alejarnos cuando tenemos que proteger a nuestra cría. Es una cualidad”, afirma el escritor.

En el libro nos podemos encontrar lo mismo con ogros y fantasmas que con robots y extraterrestres, lo que resulta casi como la suma de nuestros propios miedos y de lo que nos define. Ya en el pasado, Ignacio Padilla había manejado escritos sobre temas como lo diabólico, el infierno y el miedo, y ahora trabaja acerca del dolor: “Y todo eso lo ubico presente desde mi niñez”.