La mole

Los muertos no hablan de forma física, ajenos a sus asesinos esperan justicia. El silencio ante los cuerpos permite que ladren los perros sin parar, estamos más desamparados que nunca. Cinco ...
La mole.
La mole. (Arturo Fonseca)

Enamorados de situaciones jodidas, amanece en la Ciudad de México. Prendo el primer cigarro, abro el refrigerador, otra vez no hay nada de comer, un cuartito de botella de ginebra se asoma al fondo, chingue su madre, un vasito mientras se calienta el boiler. ¿Qué muertos me interesan?, todos, si están lejos del radar mediático, mejor. Ayer levantando cuerpos en un lote baldío, hoy encerrado en mi departamento en colonia Guerrero. El horror no es nuevo, todo estuvo ahí antes, el espacio cómodo te cercó, descubriste que secuestraron al vecino en tu colonia nais, convertido en confeti cerca de Cuemanco. Gritaste, sí, de miedo.

Los muertos no hablan de forma física, ajenos, totalmente ajenos a sus asesinos esperan justicia. El silencio ante los muertos permite que ladren los perros sin parar, estamos más desamparados que nunca. Cinco cuerpos, un complejo de departamentos en zona de clase media, colonia limpia, panista a todas luces, comercio, el papel histórico siempre nos regresa a un año específico. La violencia: nido caliente entre humanos con familias disfuncionales o personas abandonadas desde antes de nacer o después. Los cerebros destructivos no dudarán en apuñalar a alguien. Niños y niñas que desde antes de nacer son maltratados, se convertirán en rencorosos animales. El odio es como la heroína. El sistema social excluyente vomita desheredados nocivos. La herramienta de exclusión no es visible nada más en el extremo considerado marginal, se extiende, red invisible, ¿has escuchado hablar de la monstruosa marginalidad del dinero?

La mole, 27 años y dos meses trabajando para el sistema de justicia. Nuestra ciudad con olor a carne podrida me despierta desde el limbo de las víctimas, iniciar el día no es fácil, existen colegas que presumen estar acostumbrados, afirman que ya no les mueve nada más que el día de quincena. ¿Qué puede crecer en la violencia?, criminales, rostros tan sonrientes que no sabrías distinguirlos entre amables empleados. Nacemos para matar o morir, en esa línea no-vertical manejo. Me regalaron dos libros sobre muertitos, crimen, violencia, por curiosidad busqué en las redes sociales a los autores, encontré fotos de comida, viajes, fotos de objetos caros, estados torpes, reflexiones huecas sin el menor atisbo de conocimiento sobre violencia, algunos escritores son interesantes objetos de estudio, una subespecie de criminal pasivo, escriben, hablan de muertos, suben la foto de su cena o paseo sin remordimiento, no entienden la violencia que les rodea, generan violencia. No es la primera vez que me toca cubrir algo en Narvarte, recuerdo aquella cabeza encontrada al lado de un brazo en una cubeta en la colonia Del Valle. Estaba en una jardinera de la calle de Nicolás San Juan 232, las dos piernas las encontramos en Narvarte en junio de 2012. El mismo calor sofocante, la asfixia perpetua de una ciudad destrozada en pequeños infiernos, con perdón del infierno. En 2014 Alejandra Lafuente descuartizó a su marido: Alan Carrera. Profesión: psicóloga, abandonó el cuerpo en varios puntos de la ciudad ese año. ¿En dónde se encontraron el brazo y cabeza encubetados? afuera de su domicilio en Nicolás San Juan 232, dos años de distancia separan los hechos. El padre de Alejandra es psiquiatra, ese es el primer vínculo de la homicida con su víctima, Alan era paciente del padre. ¿Cómo sucedió?, planeó el inicio, pastillas, narcotizado, el cuerpo blandito es más fácil, en los ataques físicos quedan marcas, esas marcas a veces responden las dos primeras pregunta que debemos hacernos ante un  cadáver “¿Quién y cómo?” Lo apuñaló, la mujer contaba con antecedentes, trató de matar a su anterior esposo, de la misma forma: con un cuchillo. Inevitable pensar en Lorca “con un cuchillo, con un cuchillito en un día señalado… con un cuchillito que apenas cabe en la mano pero que penetra fino por las carnes asombradas, que se para en el sitio  donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito”, cretinos los que suponen que los policías científicos no leemos, Lorca fue el maestro que me enseñó todo sobre un cuchillo. Las marcas de ese cuchillo ayudaron a determinar la causa de muerte, reconstruir la escena. Los puntos de impacto, esos no mienten, son parte de la historia de un muerto. La escena de hechos es lo más parecido al limbo que se impone ante el homicidio, una especie de no-tiempo en la que tienes que escuchar a los muertos; otro de mis maestros: Juan Rulfo, con su novela de muertos me ayudó a entender la primera impresión de no-espacio en la escena del crimen. Con un cuchillito apuñaló a ese hombre, después lo abrió en canal, sierra eléctrica, redujo la existencia del que alguna vez amó a picadillo, después condujo por la ciudad, dejó los restos en varios sitios.

Algunos amores caníbales matan, ¿comerías a alguien que amas?, confesión personal: nunca podría comerme a mi perro, un hermoso perro ex callejero blanco que podría arrancarme o arrancarte la cabeza si algo no le agrada, los perros poseen una hermosa sabiduría instintiva. Entre mis reglas: no salgo con psiquiatras, psicólogas, cirujanas, mujeres dedicadas a la medicina, mujeres bonitas, no salgo con escritoras. Alejandra era una mujer bella, aparentemente sana, profesionista, de buena posición económica, ¿cómo retrasó su condena?, internándose en un psiquiátrico, haciendo creer a la familia que el marido seguía vivo. Alguien que conoce los huesos flacos de la mente humana sabe bien cómo zafarse. No existe el crimen perfecto, no todavía, la mente agresiva humana en algún momento encontrará la forma de planear el crimen perfecto.

El rostro de Alejandra: un rostro interesante. Gran porcentaje de las mujeres más bellas poseen mentes ultraenfermas, procuro establecer relaciones equilibradas. El conflicto en el criminal inicia en los otros, justificándose siempre: no son capaces de asumir mierda personal. Es hermoso salir con una mesera del Vips 24 horas, me gusta pasar seis horas hablando de cosas reales, hace poco estuve enamorado de una mujer que me asombraba contándome sus míticos viajes desde Ecatepec a Zona Rosa. Ella era alguien importante, esas palabras precisas para impedirme pensar en las hienas hambrientas de mi trabajo, a las 4 de la mañana podía levantarme el ánimo con una taza  de mal café hirviendo, no importaba el café requemado, al salir de mi espiral de trabajo: ella, todo el universo de un pobre pendejo al que le pagan por levantar muertos. Su mirada, esa forma de divertirse en un cagadero, más de 10 horas parada sirviendo a solitarios, borrachos, desempleados o locos trasnochados. ¿Qué es una puñalada?, son heridas profundas, aunque no lo sepas tú llevas esas heridas, no sólo se hacen con cuchillos, eso me lo enseñó Henry Miller. Si los policías científicos no leemos, ¿por qué hacen novelas sobre nosotros y nuestro mundo “analfabestia”?, ¿para qué escriben sobre crimen?, ármate una especialidad en antropología forense, después me choreas sobre muertitos. Mientras ustedes escriben de muertos imaginarios, los levanto, el oficio tiene riesgos que tú no has enfrentado. Con placa, sin placa: nos pueden matar.

La puñalada tiene un objetivo importante: órganos vitales. No es lo mismo cortar a alguien para sentir que sufre, por el placer de verlo gritar (algo que hacen los asesinos seriales), que apuñalar con saña a alguien conocido. Existen muchos tipos de criminales, algunos ni siquiera saben que lo son. Sigo dando vueltas a una de las glorietas de Vértiz, sigo buscando.Algo, alguien, siempre eso. Alguien del trabajo robó mi reproductor de música, desde ese día estoy más solo, levanté huellas, a propósito dejaron limpio, me hace pensar que algún ñero del departamento de dacti lo robó, ojete. En todos lados el caldo gordo de la maldad tiene seguidores-consumidores. Al enterarme de la colombiana asesinada, violada, no puedo más que pensar en ella, “scort, puta, viciosa”, lo que quieras, moralino, mochito tetrápodo. Hablamos de una persona, no merecía morir de esa forma, nadie merece morir de esa manera. Tampoco la señora de limpieza. Nadie. Sé que algunos escupen sobre el oficio, aclaro, entre nosotros al igual que en los perros sarnosos, existen tipos de sarna. Perro no come perro, en mi caso, en el suyo ¡no sé!, ustedes sabrán si tragan perro, ¿cómo?, el aderezo es importante. Pilares, derecho hasta el Eje Central, voy por unos sopes de la nueve. Luis Spota 85, una calle, un escritor grandioso.

Pienso en los suicidas, sus cortes son limpios, al estirar el cuerpo y la cabeza hacia atrás para auto-dañarse, dejan perfectas cortaduras en su piel. Tuve muchos amigos, casi todos están muertos. Pienso en ellos cuando me toca levantar, lo primero que pido es que no sea alguien que conozca. Mientras evado regresar una vez más a Luz Saviñón pienso en ella: una canción de Cash en domingo, cicatriz queloide,  necia marca que se niega a desaparecer.

* Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets)