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Viernes , 22.06.2018 / 11:11 Hoy

Mitl Valdéz: “Era muy celoso de su intimidad”

A principios de la década de 1980, Mitl Valdez quiso adaptar algunos cuentos de Juan Rulfo al cine, además de filmarlo en su vida cotidiana

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Víctor González

El escritor accedió a lo primero, mas no a lo segundo. Interesado en indagar en su pensamiento, el entonces recién egresado del CUEC estudió a detalle su literatura. El resultado fue el cortometraje Tras el horizonte (ganador del Ariel al Mejor Cortometraje de Ficción) y el largometraje Los confines. La versión digitalizada de este último será proyectada en septiembre en el Centro Cultural de la UNAM.

¿Cómo fue su relación con Juan Rulfo?

Platiqué tres veces con él. Era estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM y uno de mis ejercicios fílmicos fue Tras el horizonte, un cortometraje basado en su cuento “El hombre”. Además, tenía un proyecto distinto y ambicioso: quería adaptar fragmentos de tres o cuatro cuentos de El Llano en llamas, y pedazos de Pedro Páramo, entreverados con aspectos de la vida cotidiana de Juan Rulfo. Ocasionalmente lo encontré en la librería El Ágora, ubicada sobre avenida Insurgentes casi esquina con Barranca del Muerto. No lo conocía y le planteé mi proyecto. Le entusiasmó sobre todo porque era un trabajo universitario que respetaba el sentido de sus cuentos.

¿Trabajó el guión con usted?

Entablamos cierto contacto y me invitó a platicar sobre el guión en su oficina del Instituto Nacional Indigenista. Fue interesante porque me dio su opinión acerca de las adaptaciones al cine de su obra.

¿Qué pensaba de sus adaptaciones al cine?

Me habló bien de la versión de Roberto Gavaldón de El gallo de oro. Rulfo escribió el guión y durante la realización el director tuvo una actitud respetuosa hacia el texto. Le entusiasmaban La fórmula secreta, de Rubén Gámez, y Los murmullos, de Antonio Reynoso. Ambos fueron trabajos experimentales, pero no por eso menos importantes que cualquier proyecto profesional. De ahí en fuera no le gustaban otras adaptaciones porque sentía que obedecían a intereses del cine comercial como fue el caso de Pedro Páramo, de Carlos Velo. Si bien era una película con virtudes de fotografía y ambientación, tenía en los protagónicos a John Gavin, un actor bien parecido, pero con poca relación fisionómica con los hacendados de México; y a Pilar Pellicer, una actriz guapa y talentosa, pero sin relación con Susana San Juan. En una de nuestras pláticas me contó que el sentido trágico de la novela radicaba en que eran personas mayores que se encontraban después de haber intentado tener una relación amorosa. Talpa, de Alfredo B. Crevenna, decía Rulfo, expresa lo contrario a lo que quería plasmar el cuento.

¿Las adaptaciones fallan porque se centran en el aspecto rural de la literatura de Rulfo?

Los guionistas y directores que adaptaban sus obras no entendían muy bien la universalidad de los personajes y relatos, por eso daban una versión regional.

¿Qué encontró en su cuento “El hombre” para llevarlo al cine?

Uno de los temas obsesivos de Rulfo, y que me interesa mucho, es la condición humana, la circunstancia terrenal a la que está sujeto el ser humano. Vivimos sin querer pensar en la muerte, y cuando por alguna circunstancia nos damos cuenta de que nos está esperando, queremos evadirla. Tanto “El hombre” como “Diles que no me maten”, relato que usé para Los confines, tratan la inevitabilidad de la muerte. Sus protagonistas no son conscientes de la consecuencia de sus actos y finalmente los alcanza el destino.

En Los confines mezcla “Talpa”, “Diles que no me maten” y un fragmento de Pedro Páramo. ¿Cómo fue el ejercicio de darles una narrativa a los tres?

Desde el proyecto original, cuando quería intercalar situaciones de su vida cotidiana con su obra literaria, buscaba representar su pensamiento y cosmovisión. Cuando le propuse filmarlo me respondió que de ninguna manera, que no aceptaba. “Para conocerme están mis cuentos, mi obra. No me interesa que me filmen”, me dijo. Ante su respuesta, me planteé plasmar en pantalla su pensamiento sin que estuviera presente; para eso necesitaba estudiar muy bien sus cuentos. Gracias a esto pude ensamblar su desarrollo intelectual en un discurso.

Después de estudiar a Rulfo, ¿a qué atribuye la vigencia y universalidad de su trabajo?

Hay muchos escritores que pretenden definir lo mexicano, pero uno de los más afortunados es Rulfo. Su aproximación a la provincia mexicana no es fotográfica; al contrario, nos deja ver quiénes son sus habitantes. Nos mostró la realidad de una manera descarnada, sin hacer concesiones, sin héroes ni villanos, víctimas ni victimarios. Lo paradójico es que dentro de esa podredumbre social surge la grandeza de los personajes porque tienen que enfrentar sus contradicciones y circunstancias para trascender. Por eso muchos escritores le tenían envidia.

Habló de los desatinos de usar a John Gavin para interpretar a Pedro Páramo, y a Pilar Pellicer como Susana San Juan. ¿Qué tipo de cuidados tuvo en sus castings?

Realicé Los confines a partir del concepto del cine independiente, así no tendría condicionantes de ningún tipo. Desde que escribí la adaptación surgió la imagen de ciertos actores con prestigio. Natalia, la esposa de Tanilo en “Talpa”, no podía ser otra que María Rojo, y para el hermano de Tanilo el ideal era Manuel Ojeda. Quería a Patricia Reyes Spíndola para el capítulo de los hermanos incestuosos de Pedro Páramo. Mi ventaja fue que al hacer algo distinto al cine comercial los actores se interesaron en el proyecto. Y con Tras el horizonte pasó algo similar. Rodrigo Puebla y Noé Murayama tenían la presencia física suficiente para transmitir al personaje. Como realizador, uno debe buscar una coincidencia entre la apariencia física y la interioridad de los personajes.

Su cortometraje Tras el horizonte es de 1984. ¿Lo vio Rulfo?

No. La última vez que fui a su oficina, su secretaría Iraís me dejó la autorización para filmar Tras el horizonte y Los confines. Poco después lo hospitalizaron a causa de un enfisema pulmonar. Al estreno de Los confines asistieron Juan Carlos Rulfo y Clara, la esposa de don Juan. Fue un momento muy importante, porque al terminar Juan Carlos me dijo que en la película estaba su papá.

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