REPORTAJE | POR JOSÉ JUAN REYES/ MILENIO DOMINICAL

El mítico viaje de Tláloc

El hallazgo en San Miguel Coatlinchán

El documental La piedra ausente, de Sandra Rozental y Jesse Lerner, recupera los sucesos ocurridos durante el traslado de Texcoco a la Ciudad de México del legendario monolito prehispánico, mismo que dio pie a la inauguración del Museo Nacional de Antropología hace cincuenta años.

Oaxaca

En el poblado zapoteco de Teotitlán del Valle, Oaxaca, un niño de unos 10 años se acerca a la antropóloga y cineasta Sandra Rozental para hacerle un comentario acerca de su documental La piedra ausente, que acaba de ser proyectado en la plaza central: “Me gustó mucho, lo bueno es que hemos recuperado algo que se nos había perdido”.

Para la realizadora este momento fue crucial en la vida de su documento fílmico, pues le hizo ver la dimensión de su alcance y la profunda relación que los pobladores actuales de las comunidades indígenas del país mantienen con los símbolos ancestrales. De ahí que en ocasión de los 50 años del Museo Nacional de Antropología, donde reposa el monolito de Tláloc desde entonces, Rozental haya propuesto a las autoridades del recinto sumar su documental a las actividades conmemorativas del cincuentenario de la apertura del hoy célebre museo, inauguración que formalmente incluye dos momentos: abril de 1964, correspondiente al traslado de la roca tallada, y septiembre de ese año, correspondiente a la apertura oficial del recinto.

Sandra Rozental comenta que se contempla la posibilidad de incorporar proyecciones especiales de su documental en las actividades conmemorativas programadas para este 2014, pero también se prevé la creación de artículos derivados tanto de la película como de la propia historia del traslado y de la piedra.

“Pienso que el museo es el ámbito natural para el documental, es su casa —nos comenta la realizadora—, por lo que propusimos que sea proyectado en funciones especiales, en tanto el material extra puede ser incluido de manera individual como parte de una exposición, así las opciones son varias. Es muy buen momento para que la historia narrada en el documental sea difundida, pues hemos encontrado a través de las proyecciones en festivales y ciclos que el público se identifica de inmediato con ella e incluso se acercan a nosotros —a mí y a Jesse Lerner, el codirector del proyecto—, para compartir sus propias experiencias del traslado del monolito en 1964, o bien para comentar que en sus comunidades de origen han ocurrido situaciones similares, es decir que los pobladores han sido despojados de algún símbolo prehispánico… o al menos Esa es la sensación que a ellos les deja el hecho de que los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tomemos este tipo de materiales para estudiarlos. Es una situación que se torna un tanto compleja, pero por eso mismo es importante estudiarla y reflexionarla.

“Una de las primeras acciones asociadas a esta celebración es que la piedra ha comenzado a ser restaurada, lo cual también es muy importante, pues hemos comenzado a realizar un registro en imágenes de este proceso realizado por especialistas del INAH. También propusimos abrir una exposición con el material hemerográfico y fotográfico reunido en la investigación desarrollada para la filmación de la película, pues hay mucha información que quedó fuera del documental o que se usó como referencia y sustento solo en alguna parte de él. Me refiero en particular a las animaciones donde relatamos el significado del monolito, que representa al dios azteca de la lluvia, Tláloc, y que ilustran la mitología creada en torno a él en las culturas prehispánicas del centro del país. Otra parte de la investigación que podría ser incluida en esta exposición se relaciona con la parte que documenta el descubrimiento mismo de la roca, en el siglo XIX, así como los primeros estudios antropológicos sobre ella, que también quedaron fuera del filme y que sería muy interesante mostrar”.

Además, se presentará un libro para niños que contará la anécdota del traslado del monolito basado en las imágenes del documental, incluyendo una serie de animaciones donde se ilustra también el periodo histórico en que fue tallada la piedra del dios Tláloc. Con ello los realizadores del documental pretenden aportar una herramienta educativa de divulgación sobre esta parte de la historia del México antiguo.

 

EL CAMINO DEL DOCUMENTAL

En la película de Sandra Rozental y Jesse Lerner se narra cómo en el año de 1964 el monolito tallado fue trasladado de San Miguel Coatlinchán, Texcoco, al recién construido Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Esta acción provocó una revuelta de los habitantes del pueblo contra el ejército; los civiles aseguran todavía hoy que desde que se llevaron la roca en el pueblo dejó de llover.

La antropóloga y cineasta comentó que la cinta se ha proyectado en diversos festivales y ciclos del país. Por las reacciones que ha tenido el público, considera que se ha convertido en un emblema de cómo los pobladores de prácticamente cualquier rincón del país poseen un fuerte vínculo con su pasado ancestral, a través de símbolos o vestigios encontrados en cada región.

“Una parte interesante de las exhibiciones que ha tenido la cinta en festivales como Ambulante o en la Cineteca Nacional, es que hemos podido establecer un diálogo constante con el público, y a través de él hemos incluso localizado a más personas involucradas en el traslado de la piedra. En ese año de 1964 el traslado fue una maniobra espectacular nunca antes vista en el país, el tráiler tenía 72 ruedas y su paso fue muy lento por toda la ciudad, así que esos personajes y acontecimientos están en la memoria de todos. En la investigación para el documental y en las proyecciones realizadas muchas personas se han acercado a nosotros para proporcionarnos más testimonios, o bien datos de dónde podemos localizar a más involucrados en esa labor; así pudimos contactar, por ejemplo, al chofer que manejó el tráiler con el monolito, aunque desafortunadamente ya no alcanzó a participar en el documental, pero esto nos hace pensar en la necesidad de seguir contando esta y otras historias similares.

“La anécdota que comenté, la ocurrida en el poblado zapoteco de Teotitlán del Valle, Oaxaca, es un ejemplo claro de esta idea, pues en realidad no existe ninguna relación del niño con el monolito, pero para él, este símbolo prehispánico también es suyo y forma parte de su herencia ancestral. Sé que la afirmación puede sonar un tanto desproporcionada, pero la realidad es que en todo el país podemos encontrar prácticamente a flor de tierra rastros de las culturas prehispánicas, incluso comunidades que aún veneran esa cultura ancestral, por lo que el caso de este monolito, famoso por su importancia arqueológica y por formar parte del Museo Nacional de Antropología, es emblemático de lo que pasa en el resto de los pueblos del país. Eso es en lo se ha convertido este documental”.

Rozental aseguró que comentarios como el ocurrido en Oaxaca se han replicado en otras proyecciones que tuvo el documental en distintos ciclos y festivales, “pues durante los años sesenta el gobierno apoyó la reapropiación de la herencia indígena arqueológica diseminada por al país, pero al mismo tiempo el centralismo de estas decisiones. Esta política es la que provocó que muchas comunidades se sintieran despojadas de su patrimonio, ya sea el proveniente de las culturas prehispánicas locales o bien de otros periodos como el de la Colonia o de tiempos más recientes como el de la Revolución. Así que al abordar con mi documental un caso en particular se generó sin que me lo propusiera un vínculo con el espectador. Hasta ahora así ha sido… además, el formato de documental me permitió contar con herramientas que en el contexto de la academia simplemente no existen, por eso ahora soy cineasta, aunque la verdad es un término que aún me queda un tanto grande, pues en la práctica fue Jesse Lerner quien se encargó de la realización del documental. Desde luego me interesa mucho seguir probando con este formato para contar otras historias como la de este traslado. No hablo desde luego de una segunda parte, como se acostumbra en el cine, sino de otro proyecto, con un tema distinto”.