[Toscanadas] Unamuno y el fin de año

Así, aunque las cosas pinten mal, aunque parezca que las cosas van a empeorar durante el 2015 antes de mejorar, el festejo del fin de año suele ser optimista.
Miguel de Unamuno fue un pensador original. Debido a su muerte, no pudo participar en los rituales monótonos del fin de año.
Miguel de Unamuno fue un pensador original. Debido a su muerte, no pudo participar en los rituales monótonos del fin de año. (Especial)

Ciudad de México

Los fines de año suelen seguir ciertos protocolos invariables. Para empezar están los noticieros que nos recetan la celebración en Sídney, Australia. Siempre con las imágenes de los fuegos artificiales, el edificio de la ópera y el puente de la bahía. Nunca nos daríamos cuenta si nos ponen las imágenes de hace dos o tres o diez años. A medida que la tierra gira sobre su eje, van apareciendo los festejos de otras ciudades de las naciones civilizadas. Berlín, por ejemplo, o París o Londres. Pero nunca los de Ereván o Sofía o Bucarest. Tal como en ninguna parte del mundo han de estar pendientes de los festejos mexicanos. Dado que la prensa, o la gente, o ambos están enamorados de Nueva York, tenemos siempre una amplia cobertura de lo que ocurre en Times Square.

La televisión suele ser indispensable para todo festejo en casa. Se elige un canal que tendrá el tiempo definitivo para darle el banderazo al año nuevo.

He estado en esas reuniones. Conmino a la gente a apagar el televisor. Les digo que sincronicé mi reloj con alguno de los relojes atómicos del mundo, pero me mandan a volar. La tele manda.

Llega la medianoche y la gente se abraza con efímero amor. Por un breve instante se tiene permiso decir cursilerías y abrazar a gente que nunca abrazaríamos. Sólo en esa fecha. Pues si un 17 de agosto se me ocurre abrazar a un cuasi desconocido para decirle que ojalá se le cumplan sus deseos, pensará que soy un trastornado.

Así, aunque las cosas pinten mal, aunque parezca que las cosas van a empeorar durante el 2015 antes de mejorar, aunque el paso de los años nos haga más viejos y nos ponga más cerca del final, el festejo del fin de año suele ser optimista.

Y sin embargo, hay gente que se queda ahí. Hay gente que muere precisamente en el último del año, porque para la muerte es un día como cualquier otro.

Entre los más famosos que han elegido esta fecha para partir y echar a perder a sus parientes y amigos la celebración, está Miguel de Unamuno. Eran años de la Guerra Civil y el futuro se miraba con desconfianza. Comoquiera puedo pensar que en su casa de Salamanca ya había alguna botella de cava y bocadillos aguardando la medianoche. La crónica periodística dijo que "el Sr. Unamuno venía haciendo en el día de hoy su vida normal, y hacia las seis de la tarde, encontrándose en su casa sentado en torno a una camilla conversando con otras personas, falleció repentinamente sin que pudiera ser auxiliado por la ciencia, pues ninguna dolencia hacía presentir tan rápido desenlace".

Unamuno fue un pensador original. Tenía ideas encontradas sobre Dios, pero en general lo consideraba una invención del ser humano. Debido a su muerte, no pudo participar en los rituales monótonos del fin de año, pero en cambio recibió los aún más monótonos de las exequias. Ahí no estuvo presente el dios que él filosofó, sino el de la tradición y la costumbre. Se rezó lo que siempre se reza, se dijo lo que suele decirse. Su misa fue la de cualquier muerto, aunque con más pompa y concurrencia. Condolencias usuales. Abrazos de ocasión. Vestimenta negra, porque así tiene que ser. Las palabras que se pronunciaron en su sepulcro fueron ordinarias. "La obra de don Miguel de Unamuno vive con nosotros..."

Quizás su entierro no se pueda distinguir de cualquier otro. Igual que el fin de año en Sídney.