El espíritu de un gran fabulador

"Era Cunqueiro un gran fabulador que soñó todas las cosas invisibles. Ciudades asolagadas, trasgos, endriagos y mouros; doñas de cuerpos delgados son habituales en sus obras". 
El novelista, poeta y dramaturgo español Álvaro Cunqueiro.
El novelista, poeta y dramaturgo español Álvaro Cunqueiro.

Ciudad de México

Era Cunqueiro un gran fabulador que soñó todas las cosas invisibles. Ciudades asolagadas, trasgos, endriagos y mouros; doñas de cuerpos delgados son habituales en sus obras. Poeta, escritor, periodista, novelista, traductor y bon vivant, Cunqueiro fue ante todo un gran soñador que escribió libros fabulosos, papeles que fueron vidas o flores del año mil y pico de ave; textos que juzgan a las sirenas que, indiferentes y perezosas, no pierden a los hombres o a los dioses con sus placeres carnales; libros que no solamente son novelas, sino la reunión de asombros y ensueños de un largo aprendizaje, de ese largo peregrinaje que es el oficio del hombre.

Leer a Álvaro Cunqueiro es entrar a un territorio fabuloso donde las sirenas o las leyendas del preste Juan o de san Bredan se dan la mano para crear una obra única en nuestro tiempo y en nuestra lengua literaria. Las hadas le daban los buenos días a Álvaro Cunqueiro en el Camino de Santiago de Compostela o en la selva de Esmelle donde vivió Merlín. Buenas noches, decíanle los fantasmas que despiertan cuando canta la lechuza. Y en Vigo, junto al faro, lo saludaban los peregrinos que iban curiosos a iniciar el camino de la Costa de la Muerte o que, atolondrados de tanto caminar, iban a visitar a sus amigas de regreso de la tumba del señor Santiago. Experto en todo lo que toca al hombre y sus misterios, vio, indiferente, pasar a quienes no se le asemejaban. Y cuando le llegó la hora, estaba jugando dominó y tomando vino gallego y soñando un país donde llovían mariposas azules para despertar al alba en una mañanita de san Juan.

Maestro en las artes soasorias, Álvaro Cunqueiro nació el 22 de enero de 1911, en Mondoñedo, hizo el bachillerato en Lugo y después siguió sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, que nunca llegó a terminar. Ejerció el periodismo en varios diarios de Galicia y, más tarde, formó parte de la redacción de conocidos diarios y revistas de Madrid. De regreso a Galicia, fue director del periódico Faro de Vigo y se dedicó fundamentalmente a la literatura. Los últimos años de su vida transcurrieron en Vigo, donde murió el 27 de febrero de 1981. La obra en gallego de Cunqueiro está reunida en cuatro volúmenes publicados por la editorial Galaxia. Algunos libros de su obra en castellano, o traducida al castellano, por él mismo o por otros autores, pueden conseguirse en la editorial Tusquets.

Desafortunadamente, como tantos otros grandes escritores, Álvaro Cunqueiro no tuvo la audiencia ni la popularidad que se merecía no solo en México, sino también en España; fue, y es, casi un desconocido. Curioso de todos los saberes enciclopédicos o gastronómicos o de fornicios, su obra es una gran summa donde lo mismo aprendemos sobre cuál es el canto de las hadas, que Cunqueiro aprendió leyendo a Shakespeare, o nos enteramos de los apócrifos que fray Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, escribió en sus Epístolas familiares; o cuál es el arte de los venenos que los Capuletos empleaban con mayor dulzura y eficacia o cómo Ulises pasó de sus mocedades soñando el secreto profundo del nobilísimo ocio por caminos marinos poco transitados. Pero leer a Cunqueiro no solo es penetrar en un territorio extravagante donde el milagro existe; no, su obra es una muestra de generosidad en la que podemos aprender el difícil arte de la escritura. Viajero irredento como Ulises o Marco Polo, o como Laurence Sterne o Joseph de Maistre; diletante del arte coquinario, sus crónicas de la cocina cristiana de Occidente son una mirada rica e inteligente que nos trae de sus sueños de antaño: recetas olvidadas para enamorar a las damas que Pero Meogo cantó o hechizó indiscretamente para encontrar siempre la flor abierta que uno amó y deseó.

Para Cunqueiro, ver Galicia o ver el mundo era un ejercicio natural: la erudición y la imaginación y la leyenda y los aparentes conocimientos inútiles eran lo único que verdaderamente contaba. Toda su obra está creada para gozar cada una de las páginas, para enamorar a una muchacha en la ventana, para asombrar al erudito lector de antigüedades que siempre aprende un nuevo dato o descubre el lado inédito de una leyenda demasiado conocida o el lado espiritual que nos abre las puertas al paraíso de las damas de antaño, de ésas que cantó Villon o de ésas que aparecen al alba en las crónicas de Harold Godwinson.

Buscando un poco entre los estantes de las librerías es posible encontrar Fábulas y leyendas de la mar, Tesoros y otras magias, Viajes reales e imaginarios, Los otros caminos, El pasajero en Galicia y La bella del dragón; o las novelas Las mocedades de Ulises, Las vidas y fugas de Fanto Fantini,Merlín y familia; o ese bello libro de caza y cocina gallega: Viaje por los montes y chimeneas de Galicia, escrito al alimón con otro gran escritor gallego, José María de Castroviejo, donde la erudición se da la mano con la más impresionante fantasía para contarnos historias del arte culinario; o también ese impresionante libro de arte gastronómico intitulado La cocina cristiana de Occidente o sus bellísimas Flores del año mil y pico de ave, cuyo título es un hermoso retrato de lo que nos ofrece, y uno de los más hermosos que libro alguno de nuestros contemporáneos tenga.

¿Cuál es el material narrativo que Cunqueiro utiliza en sus libros? ¿Cuáles son sus fabulaciones y de dónde vienen sus datos eruditos para integrarlos a sus libros? ¿Cuáles son, en síntesis, los libros que Cunqueiro utiliza para crear un maravilloso universo narrativo? Las preguntas son de fácil respuesta. En cada uno de sus artículos o de sus novelas, Cunqueiro declara la fuente literaria o histórica de donde parte su relato o fabulación para crear así una mayor unidad y complicidad entre el lector, el autor citado y el propio Cunqueiro, que, dándonos sus claves, invita a realizar una lectura múltiple por el ancho mundo de las literaturas y de la imaginación adonde su curiosidad lo ha llevado. Y así, en breves páginas, circulan los nombres de fray Antonio de Guevara o de Snorri Sturluson —uno de los más grandes escritores que haya habido nunca— o los nombres de Bechtel y Carriré, célebres autores del Diccionario de la estupidez humana o los libros de Álvaro Cunqueiro, en donde autores más cercanos, como José Moreno Villa, exiliado español que murió en México, excelente poeta y autor de un sainete titulado Paco o Patricio El seguro, nos cuenta la historia de un garañón infalible, o los sonetos de Rafael Alberti, donde podemos leer este preciso endecasílabo: “¡Oh, piernas como dos celestes ríos!”

En las lecturas de Cunqueiro se dan la mano los autores contemporáneos con las lecturas más raras o extravagantes, como los manuales de Literatura y gastronomía yiddish, Las historias de la cocina afrodisiaca de Saladino, la Demonomagia de Horst, los Lapidarios de preste Juan o el libro de Aly Abn Ragel: Libro conplido en los iv dizios de las estrellas. También están presentes los del gran poeta irlandés Páidrac Colum, el Libro de Berial de Jacobus de Reramo, la poesía de John Donne, Dean de san Pablo, La canción satánica de Cobbell, o el siempre hermoso Amadís de Gaula y las riquísimas lecturas de san Basilio, de fray Luis de León, de san Isidoro de Sevilla o de todos esos autores primitivos cristianos incluidos en la Biblioteca de Autores Cristianos y,  a su vez, las Vidas por oficio de Caro Baroja, las Vidas imaginarias de Marcel Schwob, el Paraíso perdido de Milton, el libro secreto de John Webster, The White Devil,  la Diosa blanca de Robert Graves, La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, los Mitos hebreos de Robert Graves y Raphael Patai y así, casi hasta el infinito.

Leer libros de Cunqueiro es entrar en el espacio de la literatura: los Cancioneros del Vaticano, los Himnos del breviario romano, las historias de Abelardo y Eloísa, de Dante y Beatriz, de Laura y Petrarca, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, Tristán e Isolda o de don Quijote y Dulcinea, donde los textos son citados por el placer de compartir una historia amada desde siempre y no por la pedantería del nuevo culto light.

Leer libros de Cunqueiro es confirmar que la fantasía y la imaginación pueden ir de la mano con la erudición y la sabiduría sin menoscabo de la inteligencia y, por supuesto, de una prosa rica, sugerente y de amplios matices. Cunqueiro los utiliza humildemente para contarnos consejos para silbar bien en exorcismos por fornicación o la Historia de san Jorge y los Concursos de belleza, los objetos mágicos y secretos de Virgilio, los tatuajes eróticos en el vientre en el siglo XII, los invencibles paisajes de Tintoretto o, ya en plena festividad, delirio y brutal erudición, la descripción de los nombres de las sesenta hadas de la Isla de San Patricio, o de cuáles son las canciones que las hadas cantaban cuando salían de paseo por la dulce y brumosa Bretaña, que Cunqueiro aprendió leyendo a Shakespeare.

Saludo y agradezco las lecturas de Cunqueiro y, sobre todo, su generosidad para compartirlas con nosotros en sus páginas. En cada uno de sus relatos cabe una bota de vino, jugando al dominó, que practicaba todas las tardes allá, en su natal Galicia, donde sus textos, como diría Seamus Heaney, se erigen como la voz del espíritu de su región.