En busca del teatro perdido

Merde!
Peter Stephen Paul Brook, director de teatro, películas y ópera.
Peter Stephen Paul Brook, director de teatro, películas y ópera. (The Guardian)

Ciudad de México

En el Día Internacional del Teatro invitamos a leer Utopías aplazadas. Últimas teatralidades del siglo XX, de Rodolfo Obregón, libro que apunta hacia las principales corrientes teatrales que hicieron vanguardia en el siglo XX. Refrescará la memoria de lo que el teatro ha aportado al mundo, de Tadeusz Kantor a Peter Brook, o de Robert Wilson a Pina Bausch. Tendencias que hicieron historia. Es bueno recordarlas ante tanta omisión donde pareciera que la teoría y la historia del teatro nada aportan a las artes. Un libro para acercarnos a las generalidades que persisten sobre el teatro contemporáneo (ojalá consigan la obra porque Conaculta tiene pésima distribución).

Otra lectura podría ser El espacio vacío, de Peter Brook, como para entender las teorías del escenario con las que se han montado los mejores espectáculos a nivel mundial. Brook está vivo—este año cumple 90 años—; un rebelde, más que muchos jóvenes. He podido ver en Nueva York y la Ciudad de México varios de sus montajes y a las claras muestra que lo que escribe, lo practica. Si de verdad creen que basta con que un hombre cruce un espacio vacío y otro lo observe para que se realice el acto teatral, mejor lean El espacio vacío y descubrirán a directores que no tienen idea de la forma intuitiva, por un lado, y la preparación del escenario, por el otro, y entonces Peter Brook seguirá siendo un adelantado en este teatro del mundo.

Tampoco estaría de más echarse a la letra el libro de Eric Bentley La vida del drama, y así aprenden un poco de géneros teatrales, sea la tragedia o la comedia, o de los elementos estructurales de una obra dramática, aunque hoy no parece importar el género sino ganar una beca para hacer un montaje, o escribir una obra y representarla sin mayores conocimientos, teóricos y prácticos. (Quizá por eso dicen por ahí que su servidor escribe como crítico del siglo XX. Igual sí, uno nunca sabe. Mejor seguir leyendo.)

Al buen teatro el tiempo lo tiene sin cuidado, sea dramaturgia, montaje, escenografía o actuaciones. Libros sobre el actor hay centenas, para especialistas. Libros de dramaturgia, igual. Pero libros para que espectadores sensibles entiendan el teatro, no muchos. Estas obras que recomiendo son para lectores que van al teatro, al encuentro con la magia de la representación, y a la comprensión de la dramaturgia.

Si no quiere leer, aventúrese en Youtube a ver, por ejemplo, El príncipe constante, de Jerzy Grotowsky: la vitalidad de la puesta en escena es actual. O Einstein on the Beach, dirección de Robert Wilson: una chulada minimalista de antropología teatral (es de 1976). Ecos de Meyerhold y la supermarioneta del actor. Montajes en los que uso y abuso del tiempo son fundamentales para compenetrarse en el súmmum del arte escénico. Hay innumerables obras memorables en Youtube. Sin un ojo curado, ningún libro le ayudará a asimilar el buen teatro de las mentiras del teatro.

Del mensaje del director polaco Krzysztof Warlikowski —en el Día Internacional del Teatro—, me quedo con lo siguiente:  “Día tras día me encuentro pensando en los escritores que hace casi cien años describen profética, serenamente, el declive de los dioses europeos, el crepúsculo que sumió a nuestra civilización en una oscuridad que aún no se ilumina. Estoy pensando en Franz Kafka, Thomas Mann y Marcel Proust. Hoy me gustaría también contar con John Maxwell Coetzee entre ese grupo de profetas”.

¡Mucha mierda!