Esplendor de la novela gráfica

A pesar de su inmensa tradición gráfica, México no ha logrado consolidar una oferta editorial importante de novela gráfica.
Tullio Pericoli.
(Tullio Pericoli)

Ciudad de México

En todas las entradas del festival dedicado a la novela gráfica y a los libros ilustrados de la pequeña ciudad francesa de Angoulême, una calcomanía gigantesca con la leyenda “Vigipirate” recibe a los visitantes. Detectores de metales y hombres de seguridad con tabletas que pasan por el cuerpo indiscriminadamente de niños y adultos (hombres y mujeres, por supuesto) provocan larguísimas filas para entrar. El sábado por la tarde, el día de mayor afluencia, las filas se prolongan a lo largo de varias cuadras. El festival, que celebró su cuadragésimo segundo aniversario, es uno de los eventos culturales de mayor afluencia en Francia y, sin contar las convenciones ComicCon realizadas en Estados Unidos, que incluyen la inmensa industria de los superhéroes, es la más importante dedicada al género de la novela gráfica. La inmensa mayoría de los edificios tiene pancartas con la leyenda “Je suis Charlie”. Charlie Hebdo, sus portadas, su memoria, es sin duda la presencia más visible del festival.

Angoulême se encuentra a unas dos horas y media de la ciudad de París en tren. Su población no rebasa los 50 mil habitantes por lo que los asistentes deben buscar refugio en los poblados aledaños del festival. Toda la ciudad —literalmente— se viste para el evento. Se llevan a cabo exposiciones diversas entre las que destacaron las de Calvin y Hobbes, Jack Kirby, Jirô Taniguchi, Alex Barbier y Mathias Picard (realizador de un cómic en 3D, Jim Curious) y se realizan intercambios artísticos para desarrollar talentos nacionales e internacionales (por ejemplo, este año los dibujantes Apolo Cacho y Salvador Jacobo estuvieron varios meses ejecutando su trabajo en una residencia llamada La Maison des Auteurs).

México, por primera vez en la historia del festival, llevó un pequeño stand representado por las editoriales Almadía, Resistencia, Sexto Piso, el colectivo gráfico Jot–Doc y la Dirección General de Publicaciones del Conaculta. Al pasear por los pasillos de la feria, la intimidante oferta dejaba claro el inmenso rezago que nuestro país tiene en el género. La novela gráfica en Francia es un género artístico, literario e incluso de pensamiento establecido. Hay editoriales con ofertas tan específicas como un sello dedicado a la publicación de novelas gráficas con un contenido sexual altamente explícito para transexuales. Desde ahí pasando por editoriales dedicadas a la filosofía (tres tomos de la vida y obra de Walter Benjamin, por ejemplo), biografías ilustradas (como la fantástica biografía de Marcel Duchamp realizada por François Olislaeger), libros en 3D, editoriales góticas–darketas, stands nórdicos, un pabellón asiático, el pabellón de los gigantes del género (Casterman, Dargaud, Futurópolis) y un larguísimo etcétera.

A pesar de su inmensa tradición gráfica, México no ha logrado consolidar una oferta editorial importante de novela gráfica. Una gran cantidad de artistas muy talentosos (como Cacho y Jacobo, quienes sin duda fueron de los más destacados en esta residencia de artistas) tienen que peregrinar (a veces por vocación) en circuitos alternativos lejos de las librerías y las editoriales comerciales. No obstante, es un hecho que tanto librerías (Gandhi, el Péndulo y el FCE ya tienen secciones dedicadas a la novela gráfica) como la prensa cultural y las editoriales han comenzado a entender que no es un género específico para lectores infantiles o juveniles y que tiene un inmenso potencial creativo, artístico y comercial.

Sexto Piso ha desarrollado a lo largo de casi nueve años una colección ecléctica que incluye libros de humor (Jis, Trino, Liners, Alberto Montt), volúmenes ilustrados difíciles de clasificar, que conjugan texto e imágenes sin llegar claramente al lenguaje de la novela gráfica (Diario de Oaxaca de Peter Kuper), libros infantiles o juveniles realizados a cuatro manos (La calavera de cristal de Juan Villoro y Bef), adaptaciones a la novela gráfica de clásicos de la literatura universal como Moby Dick, Odisea o En busca del tiempo perdido, novelas gráficas tradicionales como la biografía de Nietzsche hecha por Maximilien Le Roy a partir de un libro de Michel Onfray, y nuevas ediciones de grandes clásicos de la literatura universal, íntegras y en nuevas traducciones, con ilustraciones de artistas y diseñadores contemporáneos como El corazón de las tinieblas intervenido por el artista mexicano Abraham Cruzvillegas.

Recientemente lanzamos tres títulos que ahora mismo circulan en librerías y refuerzan nuestra línea de novela gráfica tradicional. El sistema,de Peter Kuper, es una novela gráfica muda ambientada en Nueva York que muestra la vibrante, decadente, fascinante y ecléctica fauna de uno de los centros culturales de Occidente. Uncle Bill, de Bef, es una conmovedora biografía del escritor norteamericano William Burroughs en la que se recogen los pasajes más notables de su vida y de su obra, episodios menos conocidos y la relación personal del autor con quien fuera uno de sus grandes ídolos de juventud. Era la guerra de las trincheras, de Tardi, es sin duda uno de los grandes clásicos de la novela gráfica francesa. Tardi, obseso de la Primera Guerra Mundial, recupera la memoria de algunos soldados franceses que cayeron en una de las guerras más cruentas y sanguinarias en la historia del mundo moderno.

El resto del año podemos esperar la aparición de obras como Ruinas de Peter Kuper, que retrata la vida de una pareja norteamericana que decide tomar un año sabático en Oaxaca, una biografía ilustrada del Che Guevara por el monero José Hernández a partir de la biografía del periodista norteamericano Jon Lee Anderson, un libro sobre violencia de género infantil hecha a cuatro manos por Lydia Cacho y Antonio Helguera. En nuestra colección de clásicos aparecerán Las relaciones peligrosas, Tom Sawyer y El jugador.

Sin duda hay aún un largo trecho por recorrer en el género de la novela gráfica en nuestro país. Pero la combinación de un gran talento artístico, cada vez con herramientas narrativas más potentes, y un público cada vez más sensible y atento, contribuirán a que más y más editoriales dediquen esfuerzos a publicar obras en este formato que en otras partes del mundo constituyen uno de los segmentos más populares de la siempre precaria cadena del libro.