Sobre el tablero

Danza.
ballet, danza, bailarina,
(Instante de Jaque Mate)

Ciudad de México

En textos anteriores expuse la falsa dicotomía que se supone que existe entre técnica e interpretación, así como el falso antagonismo entre el estilo clásico y el contemporáneo. Aún prevalece la idea de circunscribir la técnica clásica (ballet) a obras de ficción temporalmente distantes, conocidas como repertorio: Giselle, El lago de los cisnes, Esmeralda, etcétera. Sin embargo, hay ejemplos de coreógrafos y compañías que han retomado el complejo estilo clásico para la expresión de temas más intimistas e incluso filosóficos, que se problematizan desde la visión del hombre moderno.

Dichos esfuerzos llevan a cabo una readecuación —o ajuste— del ballet para poder expresar e interpretar pulsiones del ser humano en la modernidad y desde la modernidad, sin prescindir del rigor técnico, así como difuminar la barrera entre éste y las propuestas estilísticas de la danza contemporánea.

Para el caso de México, una de las rutas fue trazada por Gloria Contreras, quien echó mano del ballet clásico para expresar asuntos que escapaban a la ficción de hadas y princesas.

Sobre este mismo tenor, el coreógrafo Ricardo Domingo y la compañía Opus Ballet han realizado una serie de obras con las que buscan la expresión humana aprovechando el recurso estético de la danza clásica y su reconfiguración, así como explotar la posibilidad interpretativa que el estilo contemporáneo puede aportar a los temas que les interesa reflejar. El próximo 14 de marzo estrenarán Jaque mate en el Teatro de la Ciudad, pieza que indaga en la condición dual de la mente humana: el lado oscuro y el luminoso que cada uno posee y que en muchos momentos de la existencia antagonizan y se confrontan desde la psique hasta reflejarse en las acciones.

Ricardo Domingo decide que la simbología del ajedrez bien puede representar esta batalla interna en cada ser humano y dice: “Esta realidad de opuestos empuja al personaje a reconocer sus partes ignoradas, revelando en ellas el potencial sepultado bajo su falta de conciencia. Solo el ajedrez contiene la clave y estrategia para combatir sus propios impulsos latentes”.

Siguiendo la compleja pero fidedigna simbología del ajedrez, como lo hiciera Lewis Carroll en Alicia a través del espejo, el personaje de Domingo sostiene esta batalla desde sí mismo, planteando una psicosis que puede ser enfrentada con las maniobras que el juego de mesa propone. De uno y otro lado del tablero se encuentra la misma persona. Se trata de un paseo por las profundidades de la mente a través de un complejo recurso lúdico y muy intelectual; una especie de ironía pues para jugar ajedrez se requiere de un ejercicio racional, mientras que para abordar la naturaleza de la mente es necesaria una mayor intervención de tipo sensorial. La pieza está creada sobre la música original de John Koening. Se trata de una selección y combinación de dos recursos: uno emotivo —la danza— y otro racional —el ajedrez—.

Veremos entonces que el ballet no se reduce a narrar situaciones de cuentos de hadas sino que la danza —y el arte en general— proporciona a la humanidad caminos para reflejar y cuestionar su entorno, y además obsequia rutas para transitar por la compleja vía de la naturaleza humana. Es un vehículo para confrontarse a sí mismo y entender mucho de lo que somos y hacemos con y en el mundo.