Vicente Rojo: 'Escrito/ Pintado' en el MUAC

Guía visual.
"La tinta negra y roja", obra de Miguel León-Portilla-Vicente Rojo.
"La tinta negra y roja", obra de Miguel León-Portilla-Vicente Rojo.

Ciudad de México

“El diseño lo exteriorizo, la pintura la interiorizo”, dijo alguna vez Vicente Rojo (1932) en referencia a las dos rutas principales de su vida artística. En un momento en que una cantidad notable de artistas, menores de sesenta años, provienen del diseño, la arquitectura, la escritura y el cine incluso, la exposición Escrito/ Pintado inaugurada en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) se presenta no solo como una revisión del diseño editorial y la pintura realizados por Rojo a lo largo de sesenta años, en torno a escritores ejemplaresm sino, más importante, como una forma de desentrañar lazos entre expresiones culturales en apariencia distantes entre sí. Y el diseño debe, para Rojo, estar permeado por el humor.

 

Diseño editorial y pintura

En una época tan necesitada de convertir la actividad cultural en una especie de show —Mariana Abramovic en la I Bienal de Performance de Buenos Aires de 2015 o el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y su presentación estelar de Björk—; en una etapa de tedio declarado llega a nosotros no solo la obra pictórica de un gran artista, mexicano por destino y por pasión, sino los libros, escrituras, objetos y carteles, pinturas y esculturas surgidos de la vertiente expresiva de Rojo en el campo del diseño, y de su necesidad, básica y compleja a la vez, de ganarse la vida en su país de adopción. En su caso, el diseño no solo es una actividad proyectada hacia el exterior, sino, cree esta cronista, una zona nutricia de las artes aplicadas. Hoy los límites entre géneros van diluyéndose y arrojando otra clase de creaciones culturales —prácticas artísticas se les llama—, si no más ricas y complejas, sí distintas. Como cuando, en 1913, el poeta Blaise Cendrars y la artista Sonia Delaunay hicieron juntos el libro La prosa del Transiberiano y de la pequeña Juana de Francia, predecesor del futurismo italiano. Los curadores Cuauhtémoc Medina y Amanda de la Garza han presentado esta exhibición no solo como la búsqueda de un equilibrio entre lo estético y lo utilitario, sino como la representación de una “tensión creativa modernista”. Además, se muestra la magnífica serie Casa de letras, realizada entre 2012 y 2015.

 

¿Homenaje sentimental?

La exposición se inauguró el 23 de mayo y estará abierta hasta el 20 de septiembre. A un mes de distancia, resulta interesante comparar las reseñas y críticas publicadas sobre Escrito/ Pintado, en primer lugar porque es notable la distancia entre la mirada de un crítico nacido en los años ochenta y la de un crítico nacido en los años cincuenta del siglo pasado. Lenguaje, mirada, articulación teórica, todo ha cambiado notablemente. Me pregunto cómo lee Vicente Rojo reseñas como la de Iván Ruiz (1979), destacado ensayista especializado en las migraciones entre literatura y artes visuales y miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, para quien el MUAC logra informar “sobre la genealogía del arte contemporáneo en México (en Escrito/ Pintado) desde un planteamiento que se separa del homenaje sentimental, de la muestra antológica y de la revisión historiográfica lineal”.

 

Editores antifranquistas

La obra de Vicente Rojo, como muchos lectores saben, es imprescindible para la cultura mexicana. No solo formó parte de la Imprenta Madero (http://cvc.cervantes.es/actcult/vrojo/sobre_rojo/imprenta.htm ), sino que guió a varias generaciones de diseñadores formidables; fundó la editorial independiente ERA junto con los antifranquistas Neus Espresate y José Azorín, entre otros, en la que publicaron Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco; y diseñó el diario La Jornada e importantes suplementos como La Cultura en México de Fernando Benítez. Para cerrar, citemos a Vicente Rojo evocando su muy joven visión de la lluvia cuando estuvo en Cholula a principios de los años cincuenta: “Estaba formada por dos cortinas de agua que caían separadas, cada una a un extremo del inmenso valle. Era una imagen poderosa y al mismo tiempo delicada, visión insólita que me persiguió durante muchos años”. Después de ese viaje, intuye el crítico Jaime Moreno Villarreal, nació la emblemática México bajo la lluvia.