ENTREVISTA | POR VÍCTOR NÚÑEZ JAIME/ LABERINTO

Es un tuitero prolífico. En 140 caracteres da lecciones, aclara dudas y mantiene una conversación constante y directa con periodistas de Iberoamérica.

Miguel Ángel Bastenier: Es más difícil hacer un buen tuit que un artículo

Miguel Ángel Bastenier.
Miguel Ángel Bastenier. (Escuela de Periodismo 'El País'.)

Ciudad de México

Miguel Ángel Bastenier (Barcelona, 1940) es un tuiteroprolífico. Especializado en información internacional, autor de libros como La guerra de siempre: pasado, presente y futuro del conflicto árabe–israelí (Península) e Israel–Palestina. La casa de la guerra (Taurus), y profesor de periodismo en la Escuela de El País y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, tiene una cuenta en la red social del pájaro azul con casi 168 mil seguidores. Ahí, además de comentar la actualidad mundial, realiza lo que podría denominarse la “microenseñanza” de la profesión. En 140 caracteres da lecciones, aclara dudas y mantiene una conversación constante y directa con periodistas de Iberoamérica. Sobre esto conversó con Laberinto, en uno de los despachos de la tercera planta del edificio de Miguel Yuste 40, sede de la redacción central de El País en Madrid.

 

¿Por qué decidió abrir una cuenta en Twitter, algo no muy común entre los periodistas de su generación?

Un día le pregunté a mi señora por esto de las redes sociales y me dijo que lo que más me debía interesar era Twitter. Lo probé. Tardé un tiempo en entender qué es lo que tenía entre manos y descubrí que es una herramienta de una utilidad extraordinaria. Y, bueno, también está la vanidad del ser humano. Tener tantos seguidores… Uno tiene la sensación de sentirse acompañado. Pero eso es algo que viene luego. Lo principal es comunicar mis puntos de vista, los que me parecen interesantes sobre nuestra profesión y también vehicular la información que me parece útil sobre la actualidad internacional. Casi todas las mañanas, de ocho a diez, hago un recorrido por los periódicos a través de Twitter. Veo los principales de Europa y, por la tarde, los de América Latina. De esta manera, me ahorro horas de búsqueda. Luego comienzo a tuitear.

 

¿Y por qué no tiene, también, un perfil en Facebook?

No tengo Facebook porque me dijo mi señora que eso no me interesaba. Tampoco tengo mucha idea de lo que es. Será para conocer gente, pero yo hace muchos años que he empezado a desconocer gente. Y no tengo interés de estar en la lista de amigos de alguien.

 

¿No le interesa alguna otra red social?

De momento no. Con el tiempo, ya veremos. Creo en la redes sociales, para lo bueno y para lo malo. Mis artículos quincenales para El País América, sobre periodismo y lengua española, nacen de algunos de mis tuits. Y esos artículos pronto serán reunidos en un libro, con tuits intercalados entre uno y otro. El tuit es una forma periodística que obliga a la pedagogía y a no escribir de cualquier manera. Yo reescribo muchos tuits. Porque hago muchos de 200 caracteres y tengo que sintetizarlos, algo que me parece estupendo.

 

¿Se esperaba tener tantos seguidores en Twitter?

No. Ni me lo imaginaba ni es asunto mío ni sé a qué se debe. Yo hago dos tipos de cosas en Twitter: hablar sobre periodismo y sobre la actualidad internacional, tomando como referencia la prensa europea, no la latinoamericana, porque allá a las secciones de internacional les falta mucho. Pero para mí Twitter es también una gimnasia y una pedagogía. Inicialmente, hacía eso de poner ken vez de que. Pero hay que escribir como se debe y tener la capacidad de síntesis para expresar lo que se quiere en los caracteres permitidos. Es un ejercicio profesional, es hacer más que un titular pero menos que un lead o entradilla de la noticia. Retuiteo cosas de internacional. Leo el texto y pongo mi propio título, con la intención de que la gente sepa si quiere leerlo o no. Porque hemos de hacer un periodismo mucho más útil, que el lector sepa si lo que le ofrecemos le va a afectar a su vida diaria o no. No hay que ser como esos críticos de cine que se creen sabios: hay que aportarle al lector sin hacer florituras.

 

¿Por qué no ha caído en la tentación de hablar de su vida personal y de entrar a la guerra de insultos, como hacen muchos?

Mi vida personal no le interesa a nadie, estoy seguro. Porque no es interesante. Interesa lo que sé, no lo que soy. Y los insultos a mí... Mi mamá y mi papá me enseñaron cómo tenía que comportarme. A los que me insultan en Twitter simplemente los ignoro. Hay gente que se toma libertades que nadie le ha concedido. Solo una vez le contesté a uno. Le dije: “no voy a honrar su impertinencia con una respuesta”.

 

¿Cuándo ha metido la pata y cómo lo ha resuelto?

Me he equivocado un par de veces y he corregido inmediatamente. No eran cosas graves. Una vez fue la muerte de Jack Nicholson. No me la inventé yo. Pero es verdad que el hecho de tomarlo de otra persona no te justifica. Cuando retuiteas lo haces de buena fe, piensas que es verdad. Pero debes ser responsable. Lo malo de Twitter es que matan al mensajero. Uno retuitea que Maduro ha dicho una barbaridad y luego resulta que no, pero uno tiene toda la culpa. O si es verdad, hay quien piensa que uno está a favor de eso que dijo y que por eso lo difunde. Pues no. En Twitter hay que tener cuidado de estar a favor de alguien. Un día me dijo uno: “es que usted está pontificando”. ¡Yo no pontifico nada! Este pobre hombre era periodista. Dios mío, qué horror pensar que se trataba de un periodista. Ay, las idioteces que decía. Y cometí el error de contestarle. Doy mis opiniones. Y alguien puede tener una opinión distinta a la mía. La gran estupidez contemporánea es la gran cantidad de periodistas que creen que existe la objetividad. Pero uno entra al trapo porque hay que hacer pedagogía. En Europa no hay ninguna universidad donde digan que existe la objetividad. Lo que sí existe es la honestidad. Y luego hay otra cosa terrible: los periodistas hemos de estar al servicio de la verdad, o al servicio del bien común. El periodismo debe decirle a la sociedad quién es y ya está.

 

¿Qué es más fácil hacer: un artículo o un tuit?

Después de tantos años, estoy convencido de que puedo hacer las dos cosas. Porque si no estuviera convencido, debería suicidarme. Pero he de reconocer que es más difícil hacer un buen tuit. Porque un buen artículo necesita un buen enfoque y dar un contexto basado en el conocimiento y ya está resuelta la tarea. Pero un tuit es un fogonazo pedagógico, algo que ilustra e interesa al lector. Hay que tener en cuenta, entonces, que hay que servir al lector y no a nosotros mismos. Ese “qué listo soy” ha hecho mucho daño. Y es algo muy latino, porque los anglosajones no lo hacen.

 

¿Cuáles son las principales diferencias entre los tuiteros europeos y latinoamericanos que usted sigue?

La mayoría de mis seguidores son latinoamericanos. Por lo menos un 60 por ciento, sobre todo de Colombia. Y después México, Argentina y Venezuela. Los respeto mucho y les agradezco que me sigan. Pero hay una característica horrorosa en un enorme porcentaje de latinoamericanos a los que sigo o me siguen: hablar de Dios y de Jesucristo. ¡Ay, que los dejen en paz! Sobre todo los protestantes. También los católicos, quizá como contraofensiva, pero dejad en paz a nuestro Señor, que ya tiene bastantes mareos con todo lo que ocurre.

 

Muchos periodistas o estudiantes le hacen preguntas como si usted fuera la RAE.

Sí. El otro día uno me preguntó por qué decimos la Argentina y no, por ejemplo, la Colombia. La explicación es que eso se impone en España en el siglo XIX. Viene del francés, idioma en el que a todos los países se les antepone la o el: la Argentina, el Perú. Hoy se dice que el inglés está cada vez más presente en la lengua española. Pero el inglés nunca tendrá más palabras presentes en nuestra lengua que el francés. He leído un libro maravilloso de Alfonso Reyes, una antología de artículos suyos que se llama México. Uno de esos artículos dice: “después de estar un buen tiempo en España me di cuenta de una cosa: España no es como nos habían contado”. Eso es maravilloso. Eso es, en realidad, decir: “dejen ya de cagarse en España que ustedes son, en gran medida, españoles”. Tenemos mucho en común los españoles y los latinoamericanos. No hay que cagarnos en nosotros mismos.

 

¿La existencia de las redes sociales y el éxito de los portales digitales han modificado las clases que imparte?

Ya no se puede enseñar el periodismo por separado: papel y digital. Hay que integrarlos. Todavía estoy aprendiendo a hacerlo. Pero sí: hay que estar en lo digital y en el impreso al mismo tiempo. Sé que nunca seré un gran profesor de periodismo digital. Pero lo intento. Me esfuerzo. Sé que hay que titular diferente en el digital, hay que añadir videos, links… Pero la palabra es el hilo conductor en ambos soportes.

 

Para muchos periodistas, Twitter es una fuente de información fundamental.

No es una fuente de información. Es propaganda. Los personajes ponen ahí lo que quieren que se sepa. Ver las cuentas de Twitter de muchos personajes es útil, pero no podemos quedarnos solo en eso. Hay que recurrir al personaje directamente, salir a la calle.

 

¿Por qué no tiene celular? ¿Siempre tuitea desde la computadora?

No tengo teléfono móvil, sobre todo porque no me gusta eso de estar charlando con alguien y que te interrumpa el teléfono y contestar. No le haría eso a nadie en la faz de la Tierra. Sé que se puede apagar, pero no. Aparte, yo no soy de teclear en una pantalla tan pequeña. Ya me pongo nervioso en el ordenador de casa, porque no es tan grande como éste de la Redacción, así que… Yo escribo muy rápido y en uno de esos, pequeño, me salen cuatro letras al mismo tiempo. Si es necesario que dé un número, doy el de mi señora. Ella toma los recados y está encantada porque así me controla.

 

¿Tantas horas del día ante la pantalla de la computadora ha modificado su forma de leer?

Sí. Pienso que el libro que estoy leyendo estos días me hubiera gustado más antes de todo esto. Porque uno va acostumbrándose a los formatos cortos. Y el embelesamiento y lo mucho que se quieren a sí mismos los autores al escribir, frena un poco. Y noto también que antes terminaba de leer un libro más rápido.


Microenseñanzas del periodismo

@MABastenier


• Erudición, la justa, aquellos datos que sirvan para que progrese la historia. El periodismo puede ser un discurso, pero no una conferencia.

• Si se escribe que alguien “denuncia” se reconoce el derecho a denunciar y con ello un principio de razón. Mejor “acusa”, “critica”, “ataca”.

• “Evidencia” como traducción del inglés evidence es uno de esos “falsos amigos”, porque en términos judiciales debe traducirse por “prueba”.

• El lead o entradilla (o el título) no se repite tal cual en el texto, se desarrolla. Una cosa es el impacto y otra su desenvolvimiento.

• Los atentados no se “realizan”, no son una visita de cumplido; se cometen o perpetran.

• Realizar y efectuar son totalmente inadecuados para atentado. Lo mejor es cometer, que no es truculento como perpetrar.

• El arte de titular, al menos en lo secamente informativo, sufre en el digital, porque hay que atenerse a lo fáctico para que sea localizable.

• “Una novela sin un muerto está falta de vida” (G. K.Chesterton). Igual ocurre al periodismo si no tiene ninguna D (Drama, Dinero, Diversión).