ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ/ LABERINTO

Aislamiento y marginalidad son los temas que explora Chuy. El hombre lobo, un documental acerca de una familia mexicana que padece hipertricosis.

Quise hacer el retrato de una familia que sufre discriminación: Eva Aridjis

Jesús Chuy Aceves y una docena de sus familiares sufren de hipertricosis congénita.
Jesús Chuy Aceves y una docena de sus familiares sufren de hipertricosis congénita.

Ciudad de México

Jesús Chuy Aceves y una docena de sus familiares sufren de hipertricosis congénita o “el síndrome del hombre lobo”, es decir, nacieron con exceso de vello en la cara. Debido a ello, son víctimas de discriminación en todas las áreas de sus vidas. Durante poco más de un año, la cineasta Eva Aridjis se dio a la tarea de filmar la cotidianidad de la familia y registrar la marginación que padece. Así es como nació Chuy. El hombre lobo, que en breve llegará a las salas nacionales.

 

¿Cómo contar la historia de Chuy más allá del morbo y el sensacionalismo?

Hace diez años vi en televisión un pequeño reportaje sobre Daniel, su primo. Intenté contactarlo pero no pude. Tiempo después busqué a su familia y di con Chuy por Facebook. A los tres días de platicar ya estábamos filmando. Desde el principio quise contar su cotidianidad.


Uno de los temas de fondo de su película es la discriminación.

Padecen una forma de racismo. En términos de salud y capacidad mental, son completamente normales. Hay quien dice que tienen una enfermedad pero la realidad es que su condición es genética, solo tienen más vello facial de lo normal. Quería mostrar la discriminación que sufren para crear conciencia a fin de que la gente de Zacatecas y Loreto les ayude y les dé trabajo, porque viven una situación complicada. Los adultos no encuentran empleo y los niños tienen que abandonar la escuela por el bullying.


¿Tuvieron alguna implicación en el tono de la película?

Cada uno aportó su carácter. Unos se sentían cómodos ante la cámara, otros eran más reticentes. Lilia, la policía, no quería salir. Para las mujeres fue más difícil; lo mismo sucedió con los niños, nunca los habían filmado. En cambio Chuy, Larry y Daniel, que trabajaron en un circo, estaban más familiarizados con la exposición.


¿Qué tipo de frontera ética se impuso?

No quise exprimir situaciones emocionales o conflictos de pareja. Me enfoqué en hacer el  retrato de una familia que sufre discriminación. En la televisión estamos acostumbrados a la manipulación en aras de un conflicto; ese no es mi estilo. Prefiero mantener una distancia y ser objetiva. En la familia hay tensiones por el dinero pero no quise exhibirlas. Su vida es de por sí complicada como para abusar por ese lado.


¿Usó la inducción de situaciones como recurso narrativo?

No. La historia, sobre todo en el documental, se descubre en el cuarto de edición. Tenía 200 horas y trece personajes. Cada uno daba para una película. Lo difícil fue darle a Chuy el peso del protagonista pero sin dejar de contar la historia de todos.


No deja de ser extraño que a una familia le pegara tanto la hipertricosis.

México es tan surrealista que tenemos a la familia más velluda en la historia del mundo.


¿Al verlos en un circo, los mexicanos reaccionan de manera diferente que los ingleses?

El circo es un caso particular porque la gente paga por ir a ver. Casi tiene permiso para el asombro y la reacción. No es lo mismo cuando se les ve en la calle. En Inglaterra, la gente veía a Chuy con cierta distancia y prefería apartar la mirada para no incomodarlo. En Estados Unidos volteaban a ver a Larry pero no le decían nada. En México todos les dicen algo, les piden fotos o se las toman a discreción. Con los niños fue muy interesante porque me tocó observar de cerca el proceso mediante el cual se hacen más inhibidos.


Esta no es la primera ocasión que trabaja con menores; antes lo había hecho con niños de la calle.

El documental te permite establecer una relación especial con los protagonistas, sobre todo cuando son personajes marginales. Uno quiere ayudarlos porque son gente que sufre, pero tampoco puedes implicarte demasiado porque no eres terapeuta.


Pero en cierta forma, que la vean como terapeuta es inevitable…

Sí, en mi caso ser mujer tiene ventajas porque genera más confianza con los protagonistas y se abren, esto es más común con los niños. Todavía Chuy y su familia me hablan cuando tienen un problema. Espero que con la película haya más gente que los quiera ayudar, sobre todo con empleo.


gonzalezjordan@gmail.com